Zapatero y PSOE rehenes de Rubalcaba

¿Se imagina alguien lo que pasaría en el PSOE si Rubalcaba dijera que  abandona el Gobierno y le devuelve todo el poder a Zapatero, porque no está dispuesto a seguir si no lo invisten presidente y se pone punto final a su presidencia interina? Pues esta posibilidad es la que tiene a Zapatero y al PSOE convertidos en servidores y rehenes de Rubalcaba al que han entregado todo el poder del gobierno y del partido, convencidos de que puede ser su última tabla de salvación y de que el vicepresidente tiene la capacidad de gestionar los graves problemas que están hundiendo este país, lo que está muy lejos de ser verdad como se aprecia en el “estado de alarma” que Rubalcaba acaba de prolongar, mientras Zapatero se mece en su depresión política y personal.

Que Zapatero haya entregado el poder a Rubalcaba se entiende, pero que el Partido Socialista renuncie a su protagonismo ante su propia crisis, además de la nacional, resulta sorprendente porque ellos son los primeros autores y responsables –y como tales lo pagarán en las urnas- de cuanto acontece en la vida política, económica y social de este país. Y así lo deberían entender sus dirigentes (incluso la oposición del PP, que habla mucho de Zapatero y Rubalcaba y poco del PSOE) por más que unos y otros estén “fascinados” con el patético final de Zapatero y se jueguen a la sola carta de Rubalcaba.

Este “Jocker” rijoso -y particular verdugo de Zapatero- que acaba de viajar a Afganistán sin más motivo que el de hacerse unas fotos con los soldados españoles allí desplegados, para dejar claro que el presidente en funciones desde hace ya varios meses –incluso antes de asumir la vicepresidencia- es él, devaluando de paso a la ministra Chacón con la que Rubalcaba parece tener algunas cuentas pendientes por saldar.

Lo que no parecen entender los dirigentes y militantes del PSOE es que Rubalcaba se ha autoproclamado presidente del Gobierno sin pasar por unas elecciones y líder del PSOE si someterse a un Congreso del partido, como si Zapatero fuera una monarca desahuciado –el “zombi” le llaman algunos analistas del diario gubernamental El País-, que ha decidido abdicar de sus poderes en su vicepresidente, mientras él intenta alejarse del foco de la actualidad que lo señala como autor de un drama llamado España donde, además de un “estado de alarma” temerario y preventivo, se viven momentos de alta tensión social –los sindicatos han anunciado otra huelga general para el mes de enero-, y de riesgo de quiebra financiera del Estado y de rescate de urgencia por los fondos de salvamento de la Unión Europea.

Posibilidad cada vez más cercana a la vista del ataque de los mercados y de los altos tipos de interés que paga nuestro país y que se comen el ahorro del déficit público anunciado por el Gobierno (desbordado por las Autonomías)  además de otros síntomas alarmantes como el aumento del paro (hacia los cinco millones de desempleados), de la crisis del sistema de pensiones, la progresión de la morosidad en los bancos, etcétera.

Confirmando que el Gobierno va a remolque de unos acontecimientos que no controla y lo desbordan mientras Zapatero se desvanece y el pintoresco Rubalcaba se convierte en hombre orquesta que maniobra con su particular descaro, convencido como ésta esta situación –el deterioro institucional y el hundimiento económico de España- es su gran oportunidad y no solo la de Rajoy . Un Rubalcaba que incluso, y aunque disimula, espera que ETA le anuncie en próximos días el final de su “lucha armada” o de sus crímenes, como si eso fuera un triunfo que permitirá adornar la despedida Zapatero.

Lo más llamativo de este circo de la política es que Rubalcaba se presenta como una novedad cuando ha sido el cómplice en primera línea de todas y cada una de las andanzas y errores de Zapatero al que espera sustituir si en estas fiestas de Navidad se logra un pacto –en el PSOE y con CiU, PNV y CC– para la dimisión de Zapatero, la posible investidura de Rubalcaba o un  adelanto electoral donde Rubalcaba figure como el candidato presidencial.

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