Silencio y fuga de Zapatero

¿Dónde están Zapatero, Rubalcaba, Salgado, Chaves y Blanco? La cúpula del Gobierno de la nación y del PSOE ha desaparecido como por arte de magia de los medios de comunicación, sin que nadie, salvo el triste Iglesias que en buena hora se vino de Aragón, salga ante la opinión pública y dé la cara desde Madrid ante la sonada derrota del PSC-PSOE en elecciones de Cataluña. En Barcelona la desbandada del PSC es similar y mientras hacen cábalas sobre su futuro, Montilla anuncia que ni siquiera tomará posesión del escaño, y que se retira de todo dando paso a un nuevo líder del PSC.

Imaginamos que Montilla necesita reflexionar empezando por aquella manifestación soberanista del pasado mes de julio –en vísperas de la final del mundial de fútbol- cuando, tras ponerse al frente de todo un desafío a la legalidad constitucional, acabó refugiándose en una consejería para que no le lincharan sus compañeros de manifestación. Todo un ejemplo flagrante del disparate y la contradicción entre españolismo e independentismo en la que ha vivido el PSC, y este converso Montilla que llegó a Cataluña como emigrante cordobés y que tras alcanzar la presidencia de la Generalitat perdió el norte, se olvidó del sur y acabó embistiendo a España, sus raíces y sus gente para finalmente romper en el estatuto insolidario, anti español e inconstitucional, todo lo que estaba al alcance de su mano. Aquí incluida la solidaridad entre las regiones y pueblos de España algo indecente en un político que dice ser de la izquierda. Y los votantes que son menos tontos que sus gobernantes se lo han hecho pagar.

Naturalmente este disparate taciturno y enrevesado que ha sido Montilla no hubiera sido posible si en el liderazgo nacional del PSOE y del Gobierno de España no estuviera sentado José Luís Rodríguez Zapatero, quien no solo ha consentido todo ello –compartiendo todo con los independentistas y en contra de España-, sino que además lo convirtió en bandera de su gobierno y de su presidencia con el lema tramposo de la “España plural” por no decir confederal o simplemente rota.

Pero ocurre que al genio de la Moncloa, al que se le ha escapado la sonrisa, Cataluña le ha estallado en las manos, como la bomba de ETA en Barajas, o como la crisis económica que no cesa en su empeño de meter a España en el fondo de rescate de la UE –la Bolsa y la prima de riesgo de la deuda ayer dieron un nuevo empujón hacia el precipicio-, y ahora está escondido y se da a la fuga viajera, intentando desesperadamente ganar el tiempo perdido e imaginamos que meditar sobre tres decisiones posibles: anunciar elecciones anticipadas, como le pide el PP; decir que no será candidato del PSOE a las elecciones generales de 2012 para tranquilizar a sus barones regionales que no lo quieren ni ver y temen la derrota en autonomías y municipios de los comicios locales de mayo de 2011; o poner un punto final a todo: a su presidencia del Gobierno, a la secretaría general del PSOE y a la legislatura con el adelanto de las elecciones, que es lo que debería de hacer.

A ver si retirándose de todo alguien con capacidad para gobernar y para dar ánimos a los ciudadanos de este país ayuda a recuperar la confianza. Y de paso a ver si alguien nuevo en el PSOE –Rubalcaba ha sido flor de un día y es culpable y cómplice de Zapatero-, recompone el PSOE y su relación perdida con España para intentar que los próximos fracasos electorales que les esperan no arruinen toda su presencia autonómica y municipal.

Menuda herencia deja Montilla en Cataluña y el PSC derrotado y dividido, pero eso no va a ser nada comparado con lo que dejará tras de sí Zapatero, sobre todo si se empeña en continuar hasta el final de la legislatura con ese discurso demencial de que el capitán no puede abandonar el barco durante la tormenta, cuando el barco ya está estrellado en los arrecifes, y el capitán enloquecido hace girar inútilmente el timón de la nave varada como si aún estuviera navegando y todo discurriera con normalidad. Estamos no ya ante un político incapaz y fracasado sino ante un caso de demencia existencial. La fiesta del pasado sábado en la Moncloa con los primeros empresarios del país para no hacer ni acordar nada es otro síntoma de que el presidente, que huye de todo y de sí mismo, está física y psicológicamente muy mal.