Zapatero pesimista, Rajoy optimista

Salvo malas noticias en cadena en este país donde ocurren tantas cosa nada parece tener consecuencia y todo anuncia a que seguimos deslizándolos por la pendiente hacia nadie sabe dónde. Ayer el presidente Zapatero abandonó su proverbial “optimismo antropológico” a las puestas del Congreso de los Diputados y abanderó el pesimismo hiperrealista con una cara y un tono más propia de un velatorio –el de su credibilidad y liderazgo político- que de quien está obligado a crear confianza en España y los españoles dando la impresión de que nada tiene arreglo y afirmando de que nada permite ahora imaginar la recuperación del empleo en España sino que más bien las cosas y el paro pueden empeorar.

Por el contrario Rajoy, que siempre ha visto todo de color negro de lo que culpa a Zapatero, luce un nuevo optimismo que tiene como argumento su convicción de que la crisis económica, financiera y social que nos invade solo se puede arreglar con su entrada triunfal en el palacio de la Moncloa y por ello ha pedido a Zapatero que se vaya y convoque elecciones generales.

O sea nada nuevo y cambio de papeles, Zapatero pesimista y de Rajoy más bien optimista aunque sigue sin descubrir su programa y sus misteriosas intenciones, a la vez que nos predice un año y medio de catástrofes sobre las que el PP no tiene más remedio que la convocatoria de las elecciones con el argumento de que es mejor perder dos meses en campaña electoral que año y medio con Zapatero. Un punto de vista loable desde su interés y perspectiva pero no aceptable por quienes desde el PSOE consideran que este no es buen momento para las elecciones ni nada le obliga a ello una vez que han pagado al PNV el precio de su supervivencia en lo que queda de la legislatura.

Sobre el pesimismo de Zapatero se puede decir que tiene motivos sobrados porque lleva un pésimo otoño sobre sus espaldas con la huelga general, la derrota de Trinidad Jiménez –que en mala hora la ascendió a Exteriores- en la primarias del PSOE en Madrid, su rendición ante el PNV para aprobar los Presupuestos de 2011, su abdicación de poderes en Rubalcaba, la crisis del Sáhara y todavía le quedan por delante las elecciones catalanas del día 28 de noviembre. Y sobrevolando sobre su cabeza la crisis financiera de la UE que alcanza a Irlanda y amenaza a Portugal y las malas noticias sobre la caída del consumo y el estancamiento del empleo.

Motivos más que suficientes para el pesimismo de Zapatero y también para que abandone la presidencia del gobierno, con o sin adelanto de elecciones, porque en su partido y en los barones periféricos socialistas cunde el pánico por la que se les viene encima en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2011 y es la espera están de los resultados catalanes que si son tan malos para el PSC-PSOE como dicen las encuestas ello debería de tener como consecuencia la dimisión de Montilla como líder del PSC y también el anuncio de Zapatero de que no será candidato en 2012.

Unas elecciones catalanas las del 28 de noviembre donde el PP también se juega su optimismo actual, porque si después de la que está cayendo los del PP no obtienen en esas latitudes un buen resultado electoral, también habrá motivos para responsabilizar a su candidata Sánchez Camacho y a Rajoy de los errores de la catalana y del inmovilismo proverbial del líder del PP.