Gallardón fracasa en Moncloa

Parece mentira que un político tan avezado como Gallardón haya caído en la trampa de la Moncloa acudiendo a una cita inútil y sin previamente saber lo que allí le esperaba: la pública negativa del presidente Zapatero a su petición de poder renegociar la deuda del Ayuntamiento de Madrid. Ni las recientes y moderadas declaraciones de Gallardón a El País –tapando a González y Garzón-, ni su condición de político “trasversal” que pasa sigiloso las líneas “enemigas” del PSOE y tiene buena acogida entre los votantes de la izquierda, ni su especial relación con algunos dirigentes y gobernantes socialistas le han servido al alcalde a la hora de conseguir el favor fiscal de Zapatero por la sencilla razón de que el presidente, como era bien fácil de imaginar, se ha vengado de Rajoy y del PP en Gallardón y en el Ayuntamiento de Madrid. A los que Zapatero quiere presentar como el paradigma del despilfarro y del déficit público nacional.

Hasta el punto que algunos altos cargos del Gobierno de Zapatero habían llegado incluso a especular con la posible “intervención” por el ministerio de Hacienda del consistorio madrileño -como se hizo en Marbella por muy distintas razones- aunque semejante disparate habría dañado la imagen de España mucho más de lo que está.

De ahí que el fracaso de la visita de Gallardón a la Moncloa –precedido de su lánguido discurso en la campaña electoral catalana sobre los amores obligados entre Madrid y Barcelona- tenga ahora sus consecuencias de tipo político, electoral y también económico una vez que el alcalde ha declarado como advertencia o amenaza que retrasará el pago de sus deudas a muchos de los proveedores del consistorio, como si el culpable de todo ello fuera el presidente Zapatero y no él, lo que constituye otro error añadido al debe de Gallardón.

Un político alegre en el gasto –por más que lo compare con el gasto mayor de las autonomías o del gobierno-, en fiestas, palacios y en oropeles que debería responder a esta dramática situación de las cuentas municipales de otra manera más fría y eficaz, y no amenazando a los pequeños y medianos empresarios que han hecho su trabajo y que merecen y deben cobrar.

Y un político Gallardón que ahora recibe el “no” de Zapatero y que será objeto de las críticas y las iras de sus numerosos adversarios internos del PP –empezando por Aguirre que estará disfrutando con su fracaso- y no digamos de los medios de comunicación más radicales y furiosos del PP como los que ya tienen al alcalde en el punto de mira de sus aceradas críticas por sus devaneos con la izquierda y su legítima ambición –por más que la niegue- de presidir algún día el PP y el gobierno de España. Algo que en cierta manera también ponía nervioso al palacio de la Moncloa –al igual que les pasaba con Rodrigo Rato-, que no ha perdido la oportunidad de dejar en entredicho al alcalde madrileño, a ver si de esa manera facilitan a Jaime Lissavesky su campaña electoral socialista en Madrid.

Además Gallardón, en las actuales y difíciles circunstancias de Madrid, no podría ni debería salir “huyendo” del Ayuntamiento para dejarle a su pupila Ana Botella el marrón del déficit municipal marchándose él alegremente en el 2012 a la lista de Mariano Rajoy al Congreso de los Diputados, con vista a su posible ascenso en el gobierno de la nación si es que para esas fechas el PP se alza con la victoria final y cómodamente mayoritaria, lo que aún está por ver.

La falta de coraje y la soledad política y mediática del alcalde Gallardón, dentro y fuera del PP, está en el origen de sus problemas y condiciona su futuro político y personal. Ahora está tocado y con problemas pero estas dificultades constituyen también un desafío y le brindan la oportunidad de de demostrar su arrojo y su capacidad.