Obama en elecciones

Este martes el presidente de los Estados Unidos y su Partido Demócrata se someten a una decisiva jornada de las elecciones legislativas (en la Cámara de Representantes y parte del Senado) donde según las últimas encuestas el presidente Barak Obama puede perder la mayoría de la que disfruta en ambas Cámaras, condicionando los años que le quedan de mandato y sus políticas económicas, sociales y de seguridad. Lo que a su vez pondrían en peligro la renovación de su presidencia gracias al auge republicano y sobre todo del movimiento ultra conservador del llamado Tea Party.

El rápido desgaste de Obama y de los Demócratas tiene su origen en la crisis de la economía y en el fracaso de las guerras de Irak y Afganistán, problemas todos ellos heredados de la administración republicana de Georges Bush. Pero ahora imputados al presidente en ejercicio y a su mayoría en el Congreso americano, ante la mala marcha de la economía, el paro y el estancamiento sin vías de solución de los conflictos militares y de la lucha contra el terrorismo internacional.

La aparición de los paquetes bombas oriundos del Yemen en aviones con destino a Estados Unidos han vuelto a confirmar que Al Qaeda sigue en pie y, aunque esta vez, han sido detectados a tiempo que la amenaza del terrorismo permanece. Y ello provoca reacciones muy duras contra la que se pretende como una política débil en el campo de la seguridad militar, impidiendo, entre otras cosas, el cierre de la cárcel de Guantánamo que Obama prometió tiempo atrás.

Pero es sobre todo el fantasma imbatible de la crisis económica (a pesar que los últimos datos señalan que la economía americana ha empezado a crecer al 2 por 100), el talón de Aquiles de Obama, su administración y del Partido Demócrata. Como lo es en España y otras democracias europeas, porque los ciudadanos imputan directamente a los gobernantes como los responsables o causantes de su difícil situación.

Si a todo ello se añade el ataque frontal de los medios conservadores (con la Fox TV de Murdoch a la cabeza) y la movilización ultra conservadora del famoso Tea Party, veremos que al presidente Obama le espera una difícil jornada electoral que además, y por lo que a la influencia del Tea Party se refiere, incluye un incipiente movimiento para la desestabilización de las instituciones de los Estados Unidos. Incluido el Partido Republicano donde empiezan a sonar las alarmas por el Tea Party y posible desembarco entre sus filas y en el Congreso de Washington de unos extraños e incontrolados personajes que pueden hacerse con el control de escaños decisivos tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. Aunque sabido es que la democracia norteamericana es muy sólida y cuenta con resortes democráticos para defender el prestigio de sus instituciones, empezando por la Presidencia.

Lo que no impide que en la Casa Blanca impere la preocupación por lo que puede ocurrir este martes electoral, y no solo por el liderazgo de Obama sino porque el país en general necesita de una estabilidad política y de una fuerte Presidencia para abordar los grandes desafíos a los que se enfrenta. Y eso lo saben tanto los demócratas como los republicanos, aunque sería bueno que también lo entendiera así el cuerpo electoral.