Marcelino Camacho y la crisis sindical

Ha muerto Marcelino Camacho, quien fuera líder y fundador de Comisiones Obreras y un decidido luchador y defensor de las libertades y la democracia durante la dictadura del general Franco, un tiempo en el que sufrió la cárcel y el exilio. Camacho, que además era una persona entrañable, fue innovador de un nuevo sindicalismo y ahora se va con el reconocimiento de todas las fuerzas sociales y políticas -fue diputado en las primeras legislatura de la transición-, pero también en un tiempo muy difícil para el mundo laboral y el sindicalismo por causa de la crisis económica y financiera que está destrozando en todo el mundo, y en España con especial dureza, el mercado laboral con cifras del paro que en nuestro país casi sobrepasa el 20 por 100 y nos sitúa en el penoso liderazgo del paro de la Unión Europea y de las naciones de la OCDE.

La desaparición de Marcelino Camacho coincide con graves y severas expectativas en el mundo sindical que tendrá que adaptarse a los problemas del nuevo desarrollo tecnológico, a la nueva economía global, y en el caso español “europeizada” o dependiente de la política financiera, fiscal y económica de la Unión Europea, y a las duras consecuencias de la crisis financiera del mundo occidental en el que habitamos donde el poder y la ley de los mercados incontrolables por los poderes públicos, políticos y democráticos han obligado a importantes sacrificios en el ámbito social, como lo estamos viendo en España y en las naciones de nuestro entorno.

Una crisis que obliga a los sindicatos a una reconversión de su función y estrategia para estar a la altura de la realidad si no quieren alejarse de sus propias bases trabajadores y militantes, en este tiempo del ajuste general y prioritariamente social del déficit público en el que el Gobierno de Zapatero tiene su parte de responsabilidad por haber negado la crisis y por no haber actuado con la celeridad y firmeza que requería el caso español -por su peculiaridad de gran perdedor en la burbuja inmobiliaria internacional-, lo que de haberse hecho a tiempo nos habría evitado muchos de los recortes sociales ahora impuestos a toda velocidad.

Pero siendo todo esto así los sindicatos CC.OO. y UGT no parecen haber estado a la altura de las circunstancias ni de la propia realidad española e internacional. Y aunque sus protestas y movilizaciones, como la huelga general del 29-S, tienen sobrada argumentación, estas iniciativas han excluido de antemano sus consecuencias y el día después. Después de la huelga ¿qué se puede hacer si el Parlamento aprueba la reforma laboral, como la Asamblea francesa aprobó la elevación de la fecha de jubilación en Francia, lo que también se hará en España? De hecho el escaso seguimiento de la huelga general del 29-S ha sido consecuencia de esta situación y de la percepción de muchos ciudadanos de que las huelgas y las protestas no les arreglan nada, y menos aún el problema más urgente del paro, sino que empeoran la situación general por mas que les asista su razón política y sindical.

En los tiempos de la dictadura y de la transición, personas como Marcelino Camacho y Nicolás Redondo ejercieron un claro liderazgo sindical con realismo y moderación, pero ahora mucho nos tememos que los actuales líderes sindicales de CC.OO. y UGT, Totxo y Méndez, no están ni han estado a la altura de las circunstancias. No han sabido prever los cambios tan importantes, tecnológicos y globales, que han marcado nuestro tiempo para adaptarse a ellos y modernizar la estructura y la política sindical.

De ahí que la muerte de Camacho tiene un extraño simbolismo y una coincidencia con la decadencia de la economía y el empleo en España y también con deterioro y caducidad del vigente modelo de la vida y la estructura sindical. Marcelino Camacho fue un innovador -aprovechó con habilidad y realismo las rendijas que ofrecía el sindicalismo vertical del franquismo para crear e implantar CC.OO. en España-, y en muchas ocasiones un político realista como lo demostró aceptando el pacto de la transición. Ahora estamos en una encrucijada bien distinta con plenas libertades y una democracia -o partitocracia- que funciona, pero los problemas son otros y necesitan también de reformas e imaginación y los hechos prueban que los actuales líderes sindicales de UGT y CC.OO. se han quedado anclados solamente en el capítulo de la “reivindicación” pero se han olvidado de la modernización y adaptación a la nueva realidad socio económica española e internacional.