La confianza de Ramón Jaúregui

Tiene razón el ministro de la Presidencia Ramón Jaúregui cuando dice y asegura que lo urgente y lo importante es recuperar la confianza de los ciudadanos en la salida de la crisis económica, y cuando añade que solo desde esa confianza se puede hablar de la recuperación electoral del PSOE, en contra de lo que dicen otros de sus compañero de gobierno como el propio presidente Zapatero y el vicepresidente Rubalcaba que han fijado su prioridad en la comunicación por encima de la política.

Así lo explicó el nuevo ministro de la Presidencia en sus declaraciones a Iñaki Gabilondo en CNN Plus que resultaron ilustrativas y razonables porque puede que Jaúregui sea el ministro más político y sensato del nuevo gobierno. Y además luce unos modales que se distancian de la temeridad –por ejemplo al hablar de ETA- de Zapatero que siempre ve “brotes verdes” por todas partes, hasta en los gestos de Otegui y de los etarras sobre la última tregua para volver a las andadas de la negociación política con ETA. La que ya saltó por los aires en 2006 en la bomba de Barajas, mientras Jaúregui subraya que ETA no va a rendirse como cree Zapatero sino que seguirá con lo que Batasuna no tiene más salida que condenar la violencia si se quiere legalizar.

Sobre la crisis económica Jaúregui lo explica bien y justifica el vuelco de la política económica que dio Zapatero en el mes de mayo, pero no quiere reconocer que los ajustes del déficit en el campo social se hicieron de una manera improvisada y para dar satisfacción a la UE y los mercados. Y entre la urgencia del vuelco y la necesidad de transmitir a los mercados una señal de ajuste duro y austeridad, el gobierno fue a lo más fácil y doloroso: a los funcionarios, los pensionistas y a la subida de los impuestos. Y no se arriesgo a estudiar el ajuste de las autonomías, empresas públicas y de otras partidas más políticas y económicas y menos sociales como bien pudo haberse hecho. De ahí la fractura del diálogo social que lamenta el ministro de la Presidencia y que tendrá muy difícil arreglo como se verá en la reforma de las pensiones y en las manifestaciones anunciadas por los sindicatos para el mes de diciembre.

Sobre la oposición Jaúregui no dice nada nuevo. Acusa al PP de no ayudar, de inmovilismo y electoralismo pero se olvida de todo lo que ha pasado en los últimos años en la negociación política de Zapatero con ETA en Loyola, del estatuto catalán –del que empieza a renegar Montilla-, del aislamiento de los populares en Cataluña y en Madrid propiciado por el PSOE, del daño de Zapatero a la cohesión de España, de la negación de la crisis por parte de Zapatero y de los años perdidos en su respuesta a la crisis que había denunciado a tiempo el PP, etc. El problema de la falta de diálogo con el PP se llama Zapatero, y Rubalcaba con sus modales y trayectoria todavía lo empeora muchos más. En suma Zapatero no tiene credibilidad y con él no se puede pactar.

O sea que el problema de España es Zapatero y no Rajoy. Y de hecho así lo ha entendido el PSOE y el propio Zapatero cuando han decidido entregar el poder a Rubalcaba –y a Jaúregui- por causa de los gravísimos errores de Zapatero a su paso por el poder. Porque lo más importante de la crisis del Gobierno no está en la comunicación o en que este es un gobierno mucho más político. Lo importante es que Zapatero pierde el poder y tiene que dejar de lado la que hasta ahora ha sido su manera autista y autocrática de gobernar al ritmo de  caprichos, improvisaciones y más que temerarias decisiones, alejándose de España y de la realidad.

Aunque, naturalmente, esto no lo reconocerá Jaúregui en público como no dirá que la crisis del Gobierno no la hizo Zapatero sino que el felipismo, los barones periféricos del PSOE y los medios de comunicación socialistas (Prisa en primer lugar) han sido los autores directos o “de facto” del cambio de gobierno y han impuesto sus hombres y mujeres en el gabinete con una doble y calculada intención, como lo reconoce y explica bien el ministro de la Presidencia: para que se recupere la confianza en España, porque sin ella no se recuperará el PSOE.