El PP frente a la bicefalia de Moncloa

Cuando terminen los festejos de la abdicación de Zapatero en Rubalcaba, y el Gobierno y el PSOE regresen a la realidad entonces será el momento para que el Partido Popular con Rajoy a la cabeza respondan a este audaz movimiento de ficha en el tablero de la política en el que se vislumbra el empeño del PSOE, tras el liderazgo del agitador Rubalcaba, de darle un vuelco a las encuestas para alcanzar la cota mínima de los 150 diputados en las elecciones generales de 2012. El límite con el que los socialistas podrían renovar el poder con ayuda de los partidos nacionalistas del PNV, CiU y de las minorías de izquierda. A sabiendas que la relación del PP con los nacionalistas catalanes es muy difícil por el recurso de los “populares” contra el estatuto catalán, y peor con los vascos porque está en juego la nueva negociación con ETA. Todo ello con el agravante de que tanto Zapatero como Rubalcaba están dispuestos a todo, incluso a sacrificar a Montilla y a Patxi López, como en su día lo hicieron con Maragall.

No lo tienen fácil en el Gobierno y en el PSOE pero ese es su plan. El que pretenden adornar con su famosa estrategia de la comunicación por los ministros más políticos y experimentados del Gobierno, y completar con la presión sobre ETA para que anuncie el abandono de las armas y los rezos a la Divina Providencia para ver si de aquí a finales de 2011 se atisba el inicio de la recuperación económica y el empleo. Sabedores de que en los 500 días que les esperan por delante todavía pueden pasar muchas cosas para bien y para mal del Gobierno. Y si no que le pregunten a Aznar por el final de su mandato y los atentados del 11-M de 2004 en Madrid.

La pregunta que se le plantea al PP es la de si mantendrán el rumbo en silencio de su nave, como si de un submarino en las aguas enemigas de tratara. O si ante la aparición de la bicefalia que se ha instalado en la Moncloa, Rajoy y su equipo seguirá en su quietismo habitual a la espera de que los errores del contrario le hagan a ellos el trabajo de la oposición, o si por el contrario esta vez darán la cara y descubrirán, si los tienen, los equipos del que podría ser su futuro Gobierno –al estilo de los ingleses con el “gabinete en la sombra” de la oposición- , así como sus hoy misteriosos programas económicos y sociales (¿cuáles serían sus Presupuestos para 2011?), a fin de que los españoles conozcamos el verdadero alcance de la alternativa de la oposición. Porque su capacidad de crítica y descalificación del adversario, de la que dio ayer una grosera lección el alcalde de Valladolid, empieza a ser una aburrida y cansina melodía y puede que un concierto insuficiente para convocar al electorado en pos de una mayoría absoluta, porque si los “populares” no rozan los 175 escaños difícilmente podrían gobernar, máxime ahora que acaban de romper sus puentes en Canarias.

Ahora que Zapatero está en aparente retirada y que el PP y Rajoy habían lanzado toda los torpedos en su contra, el presidente del Gobierno se nos acaba de desdoblar en dos, nombrando comandante en jefe a Rubalcaba y creando un extraños espejismo que van confundir la labor crítica de la oposición que deberá, a su vez, desdoblarse en dos frentes y atender a la presunta o pretendida ave fénix bicéfala con la que el PSOE pretende renacer de entre sus cenizas y mantenerse en el Poder.

Si el PP no abandona la navegación silenciosa y no sale a la superficie para plantar batalla al Gobierno en el mar abierto se puede equivocar, por más que el alto deterioro de Zapatero ya es muy grande y que el desgaste y sus errores ante la crisis económica hayan hundido al PSOE en las encuestas y dañado sensiblemente sus expectativas electorales como se verá en el test de las elecciones catalanas que están al llegar. Pero si el PP permanece en las profundidades y renuncia a tomar la iniciativa para seguir viviendo de los errores de los demás se puede equivocar. Y muy gravemente, porque un pacto de gobierno a la desesperada –al estilo de la compra de votos que hemos visto con motivo de los Presupuestos de 2011- De Rubalcaba con CiU y PNV puede constituir –además de la ruptura del PP- el principio del fin de lo que va quedando de la cohesión nacional, camino de eso que Zapatero llama “la España plural”.