Voladura controlada de Zapatero

Aunque oficialmente es Zapatero quien ha hecho la crisis del Gobierno que encumbra a Rubalcaba como hombre fuerte del Ejecutivo y del PSOE, todo indica que el nuevo vicepresidente primero y doble ministro Portavoz  y de Interior ha jugado, con el apoyo de Felipe González y la vieja guardia del PSOE, un papel decisivo no solo en su rutilante ascenso que lo sitúa como sucesor de Zapatero en el cartel electoral del PSOE para las elecciones de 2012, sino también en la composición y la estructura del Gabinete.

Lo que apunta que la crisis la han hecho a medias Zapatero y Rubalcaba,  que estamos ante el principio del fin de Zapatero, o puede que incluso ante la voladura controlada del líder socialista a manos de la guardia felipista del PSOE. La que, en este nuevo gobierno, ocupa posiciones esenciales como la vicepresidencia primera con Rubalcaba, la vicepresidencia tercera de Chaves, el ministerio de la Presidencia de Jaurégui, el ministerio de Educación de Gabilondo, y el de Asuntos Exteriores de Jiménez, todos  próximos a Felipe González. Y a no perder de vista a la vicepresidenta segunda de Economía, Elena Salgado, que es una persona muy próxima a Rubalcaba.

Otra señal que abunda en la idea de la paulatina despedida de Zapatero se aprecia en la caída de sus colaboradores de confianza: la vicepresidenta de la Vega y el ministro Moratinos. Y en la pérdida de peso e influencia de los ministros Blanco y Chacón que aunque permanecen en sus puestos de Fomento y Defensa, han perdido la batalla de la vicepresidencia primera del Gobierno y de la sucesión de Zapatero a la que aspiraban y en la que Rubalcaba tiene todas las de ganar. Porque su super vicepresidencia lo señala como “delfín” del presidente –al igual que ocurrió en el PP cuando Aznar nombró vicepresidente primero a Rajoy tras las elecciones generales del año 2000-, y porque a partir de este momento la capacidad de maniobra de Rubalcaba será muy grande tanto en el Gobierno como en el PSOE.

Hasta el punto que en cierta manera se puede decir que Zapatero será rehén de Rubalcaba porque no se podrá permitir una discrepancia abierta con tan poderoso señor, en el que el presidente del Gobierno ha depositado toda su confianza –y su futuro personal- para recuperar la imagen del Gobierno y el electorado del PSOE, y para desafiar abiertamente a Rajoy y al PP.

Un partido el PP que ha quedado descolocado y preocupado por el ascenso de Rubalcaba, al que temen y “odian” por su agresividad tras los atentados del 11-M en Madrid, que provocaron la derrota de Rajoy en 2004, y al que han acusado recientemente de utilizar la policía y servicios de información de Interior contra el PP. Y los populares saben muy bien y conocen la gran capacidad, experiencia y habilidad dialéctica del nuevo número dos. No en vano Rubalcaba ha sido el artífice de la reconducción del primer estatuto catalán que aprobó Maragall para luego lograr el pacto de su reforma con Artur Mas, estuvo y sigue estando en el proceso negociador con ETA, fue persona clave en el pacto de los Presupuestos de 2011 con el PNV, y tiene tirón y ascendencia, a favor y en contra, en los medios de comunicación. Y especialmente en el Grupo Prisa, que es su multimedia de cabecera y que ha colaborado de manera muy directa en este golpe de mano del felipismo para colocar a Rubalcaba como hombre duro y fuerte de la situación.

No cabe la menor duda de que se inicia una nueva etapa política porque al vuelco de la política económica que dio Zapatero el pasado mes de mayo, tras renunciar a su discurso progresista y social, ahora llega el vuelco en el Gobierno y la primera e inequívoca señal de que el presidente y líder del PSOE podría estar preparando, con tiempo, su retirada del primer plano de la vida política nacional. Aunque, conocido su optimismo voluntarista, no cabe duda de que a Zapatero siempre le quedará la esperanza de salvarse de la quema y de continuar, o al menos de lograr una salida airosa del poder y menos dura de la que le esperaba. En cuanto a Rubalcaba hay que señalar –y él lo apreciará cuando se le pase la euforia del momento y regrese pronto a conectar con la realidad- que sus adversarios no solo están en el PP sino y sobre todo en la crisis económica y social que inunda el país. Un enemigo temible y casi imposible de derrotar.