La inteligencia y los fantasmas de Zapatero

Por más que disimule y presuma desde China de una “diplomacia inteligente” el presidente Zapatero está muy afectado y se acerca temeroso a las citas que este otoño pondrán a prueba su capacidad de resistencia: la huelga general, las primarias del PSOE madrileño, los comicios catalanes de noviembre –Montilla anunció ayer que no habrá elecciones en octubre- y los Presupuestos de 2011. Y todo ello mientras le persiguen y reaparecen con en la vida pública española los tres grandes fracasos o fantasmas que han marcado su mandato presidencial causado graves daños a España y destruyendo su credibilidad  personal: la negación y mala gestión de la crisis económica; la fallida negociación con ETA;  y el demencial estatuto catalán que fue rectificado por la sentencia del Tribunal Constitucional.

El presidente está tocado y tiene mala cara aunque se esfuerza para esbozar la sonrisa del talante haciendo bromas sobre José María Aznar, recordando hablaba catalán en la intimidad. Pero la realidad española es otra cosa bien distinta que acaba de descubrir Zapatero en la crisis financiera del Estado del pasado mes de Mayo, y sus cegadores destellos lo han obligado a permanecer escondido en Moncloa durante la mayor parte del mes de agosto donde se ha mostrado incapaz de hacer la crisis del Gobierno a pesar del alto desprestigio de su equipo ministerial.

Ahora Zapatero aconsejado por su médico o asesores se nos fue a China y a Japón a descansar y desde allí nos ha dicho que él practica  una “diplomacia inteligente” como la que aplica con Marruecos a pesar de las continuas agresiones del país vecino –la última con apaleamiento de activistas españoles que pedían en El Aiún la independencia del Sáhara-, Venezuela o Cuba. O como la que aplicó durante su presidencia “planetaria” de la UE, en la que fracasaros sus altas cumbres –Mediterráneo, Marruecos, Iberoamérica y con EE.UU- y que sirvió para poner en entredicho ante Europa y todo el mundo la credibilidad económica y financiera de España, y la capacidad e inteligencia del propio Zapatero.

Todo esto está ahí, es reciente, reaparece una y otra vez y aunque Zapatero cree que rectificó su política económica no acaba de dar el paso decisivo en este campo por miedo a una bronca social permanente como la que puede aparecer en la huelga general. Tampoco sabe qué hacer con su segundo fantasma, el estatuto catalán, cuya sentencia del Constitucional pretende enmendar por vía legislativa, y está a la espera de ver qué ocurre en las elecciones catalanas de noviembre para saber qué hacer con el PSC y quien gobernará en la Generalitat. Y con el tercer fantasma de su mandato, la fallida negociación con ETA, le ocurre lo mismo. Vive en el desconcierto y la improvisación y juega con fuego a base de contactos secretos con la banda terrorista y Batasuna (ayer los partidos latinoamericanos de los presidentes Lula y Chaves pedían la liberación de Otegui), espera que ETA anuncie una tregua, y nos descarta unir este espinoso asunto a la negociación con el PNV sobre los Presupuestos de 2011, sin perder de vista los efectos de este acercamiento al partido de Urkullu sobre el gobierno vasco de Patxi López.

Son demasiadas cosas pendientes de un hilo en un tiempo convulso de la economía, el paro y las finanzas, con un gobierno agotado y un presidente desprestigiado. El que además corre el riesgo de salir muy mal parado en la secuencia del otoño de la huelga general, las primarias del PSOE en Madrid, las elecciones catalanas y los Presupuestos de 2011 donde se podría producir un nefasto, para Zapatero, “efecto dominó” que lo dejaría abatido en el ring de la política y sin capacidad para reaccionar obligando al PSOE a tomar las riendas y a reaccionar.

Es verdad que la huelga general puede fracasar, que Trinidad Jiménez puede ganar en Madrid, que Montilla podría salvar los muebles en Cataluña y que el PNV y el PSOE pueden pactar los Presupuestos de 2011. Pero el tiempo de la “baraka” y de los milagros ya ha pasado y ahora manda la cruda realidad.