Rajoy tiene que frenar a Urkullu

Ya sabemos que al presidente del PP y líder de la oposición, Mariano Rajoy, no le gusta que nadie le diga lo que tiene o puede hacer en la vida política española, y por ello en muchas ocasiones alude a su “independencia” para no aceptar sugerencias, o para no hacer lo que debe, o para hacer lo contrario de lo que debiera. Pero existe un terreno de alta responsabilidad política nacional donde Rajoy debería reflexionar y actuar en consecuencia como es el caso de la cohesión nacional de España, tan debilitada desde que Zapatero llegó al poder con su frívolo discurso confederal de “la España plural” y la nación española “discutida y discutible”.

Por ello y sabedores de que Zapatero será incapaz de frenar las nuevas amenazas de los nacionalistas vascos y catalanes que se ciernen sobre él y sobre las Presupuestos del Estado de 2011 que son determinantes para afrontar la crisis económica, Rajoy debería tomar cartas en el asunto y ser él quien levante la bandera de la cohesión nacional española para frenar las últimas exigencias soberanistas del PNV, que van a rebufo de los disparates del estatuto catalán corregidas sólo en parte por el Tribunal Constitucional.

Así, la última amenaza del líder del PNV, Iñigo Urkullu, similar a otras de Artur Mas y Durán Lleida, exigiendo a Zapatero nuevas cotas de soberanía para el País Vasco como el precio a pagar a cambio de apoyar los Presupuestos Generales del Estado de 2011 le obliga a Rajoy a reflexionar y también actuar en consecuencia y en defensa del interés nacional español, por ejemplo anunciando la posible abstención del PP en la votación de los Presupuestos de 2011 lo que desactivaría las amenazas y los chantajes de los nacionalistas vascos y catalanes, por más que ello salve temporalmente al gobierno de Zapatero.

No hace falta cambiar la pésima ley electoral vigente para poner inmediatamente coto a la práctica habitual de cobro en soberanía y chantaje de los nacionalistas vascos y catalanes al gobierno español de turno, sea del PSOE como del PP. Una política y un pacto entre el PSOE y el PP en cuestiones fundamentales para el funcionamiento del Estado, la unidad, la cohesión y la identidad nacional dejaría completamente fuera de juego y sin posibilidad de presión o chantaje a PNV y CiU, ERC y BNG, visto que su comportamiento habitual como minorías opositoras deja mucho que desear. El poder intimidatorio de los nacionalistas en el Parlamento nacional se acabaría para siempre si el PP se abstiene en la votación de cuestiones fundamentales de alto interés nacional o de Estado, mientras gobierna en minoría el PSOE, y si los socialistas hacen lo mismo en esos casos mientras gobierna el PP.

Así nos habríamos evitado, entre otras cosas, los pactos infamantes del Mayestic en el tiempo de Aznar –donde el PP hizo dejación de sus famosos principios y valores- y del Tinell donde Zapatero, vía Maragall, inició una deriva confederal demencial y aceptó la marginación del PP. Y así podemos evitar en estos difíciles momentos  de crisis que los depredadores del nacionalismo –ha dicho Mario Vargas Llosa que “el nacionalismo es la peor construcción del hombre”- se provechen de tan grave situación para sacar sus tajadas de eso que ellos llaman autogobierno y que se trata de soberanía para avanzar hacia la independencia.

Y como parece obvio que Zapatero es incapaz de poner freno a esta cabalgada de centrifugación nacional en la que está inmerso el PSOE, con la especial colaboración de sus colegas del PSC, al PP y en concreto al líder de la oposición Rajoy le toca actuar en consecuencia y con responsabilidad. Y también evitar subirse a la chepa del chantaje nacionalista al Gobierno y a España, a ver si los populares sacan su propia tajada con unas elecciones anticipadas. Las que dicho sea de paso Zapatero no va a convocar porque su instinto suicida no llega a tanto y porque le queda el recurso de prorrogar los presupuestos de 2010, poniendo en marcha una práctica que incluya la necesaria reducción del gasto público para cumplir con los compromisos de déficit de la Unión Europea.

Que al PP no le van a gustar los Presupuestos de Zapatero para 2011 eso es seguro pero esos presupuestos serán mejores que los de 2010 y constituyen una necesidad para afrontar la crisis económica en la que estamos inmersos. Y sería una desgracia que para sacarlos hacia delante el gobierno socialista hiciera nuevas concesiones de soberanía al PNV y pusiera en peligro el gobierno vasco de Patxi López que cuenta con el apoyo del PP que lidera Antonio Basagoiti. Por todo ello, y también para poner en valor un modelo de actuación política que dejaría a los nacionalistas fuera de juego cada vez que un asunto de interés nacional dependa de sus votos, Rajoy debería de reflexionar y actuar en consecuencia meditando seriamente las abstención del PP en la votación de los Presupuestos de 2011 de finales de año.

Esa sería una decisión responsable: que les quitaría a Rajoy y al PP la mala fama de no haber hecho nada contra la crisis económica; el líder del PP podría freno al disparate de Urkullu que ha vestido la piel del oso antes de cazarlo y que cree tener en su mano la convocatoria de elecciones generales anticipadas; una mayoría de españoles vería con buenos ojos el gesto del PP; y Rajoy ayudará a la estabilidad del pacto de gobierno que López y Basagoiti han establecido en el País Vasco. Además ni Zapatero adelantará elecciones, ni eso le conviene al PP. A los populares más bien les interesa avanzar en los comicios autonómicos y municipales de 2011 antes de llegar a las generales.