El Rey Midas y la Guardia Civil

El ministro de Fomento, José Blanco, sigue  dando el espectáculo y se nos acaba de presentar como el nuevo Rey Midas del Presupuesto nacional blandiendo los 700 millones de euros que parece haberle sacado a la vicepresidenta del gobierno Elena Salgado para invertir en obras públicas de las que el ministro habla como si fueran de su propiedad, pavoneándose ante sus amigotes los grandes constructores y diciendo un día una cosa y al día siguiente lo contrario. Y por supuesto para destinar casi la mitad de los 700 millones a favor de Cataluña y Andalucía donde gobiernan los dirigentes del PSOE Montilla y Griñán. Y desde luego sin anunciar que parte de esos 700 millones van destinados directamente a obra social.

Por ejemplo para que el Estado compre esas viviendas sin vender y a medio construir que están amontonadas en los activos de los bancos o de la constructoras y que, por precios muy razonables, podrían dedicarse a obras sociales por ejemplo a viviendas protegidas para la Guardia Civil para acabar, de una vez por todas, con el anacronismo de las casas cuarteles ofreciéndoles a los guardias civiles y a sus familias unas viviendas dignas y bien dotadas, que bien merece este abnegado y ejemplar Cuerpo del Estado que es el peor pagado de España, sobre todo si los comparamos con las innecesarias y pomposas policías autonómicas que son otro gasto añadido al déficit del Estado y una manera más de aumentar la descoordinación policial en la lucha contra el terrorismo y la delincuencia en general.

Tienen bastante razón los representantes sindicales de la Guardia Civil cuando dicen y se preguntan ¿qué hace la Guardia Civil en la guerra Afganistán? o en Irak que también allí están. En realidad y ya lo hemos dicho nadie sabe por qué está España implicada en esa guerra absurda e inútil con el argumento de que así se evitan los campos secretos de entrenamiento de comandos terroristas. Un argumento que es insostenible y con más razón ahora cuando hemos descubierto que las tropas españolas entrenaban a los talibanes infiltrados en nuestra propia base, desde donde montaron el atentado contra los dos guardias civiles muertos y su traductor.

Los ministros Blanco y Rubalcaba presumen tener la piel de elefante y aguantan lo que les echen con un descaro que causa asombro. Y así el uno va de nuevo rico aireando los millones de más que acaba de conseguir para su ministerio de Fomento, como si le hubieran tocado en la lotería de Navidad, y el otro pone cara de funeral para recibir los féretros de los guardias civiles asesinados en Afganistán, pero sin ocuparse ni Blanco ni Rubalcaba de los que son los verdaderos problemas y funciones de la Guardia Civil.

Menudo veraneo nos han dado los dos, Blanco con las idas y venidas de sus obras y de sus encuentros pactados y suspendidos con los grandes de la construcción, y con su empeño en subir los impuestos. Y Rubalcaba con el caos de Melilla y su humillación ante el Rey Mohamed VI de Marruecos, y los dos metiendo la mano en las elecciones primarias del PSOE de Madrid a ver si Zapatero nombra a alguno de los dos heredero y vicepresidente del gobierno. Eso sí los españoles a apretarse el cinturón, los soldados y la guardia civil a la guerra, luego mucho luto y muchos funerales y días después cenas y festejos de cinco tenedores con los grandes constructores, y esperar fumándose un puro a ver qué pasa con la huelga general. Y el presidente, otro guerrero y de luto, que se va unos días a China y a Japón a no se sabe a qué, de viaje de turismo y a descansar del largo y caluroso mes de agosto donde no se le ha visto ni se le ha oído rechistar.