Los sindicatos calientan la huelga

No le faltan razones a las organizaciones sindicales para su malestar e incluso para convocar la huelga general anunciada para el 29 de septiembre, y no solo por el hecho incontestable de que los sectores mas desfavorecidos de la sociedad son los que soportan el coste mas alto de la crisis financiera que estalló en los Estados Unidos. Sino porque este gobierno les prometió de una manera tan poco realista como irresponsable una respuesta social a la crisis que se ha revelado imposible de llevar a cabo. Porque el presidente Zapatero que primero negó las crisis luego no supo valorar el alcance del problema e incluso descartó el efecto financiero y el riesgo de quiebra del Estado ignorando la dependencia española de la moneda única europea. Toda una cadena de errores y despropósitos hasta mediados del mes de mayo fecha en la que ante la gravedad de la situación Zapatero renunció a la respuesta social a la crisis y se decidió por el ajuste del déficit empezando por el gasto social y las reformas estructurales que afectan a los sueldos públicos, las pensiones y la reforma del mercado laboral.

Esto es así y los grandes especuladores de los mercados financieros autores del problema son los menos afectados por las consecuencias de sus abusos y disparates a los que, tanto en el caso español como en el de los Estados Unidos, hay que añadir la peculiaridad del problema de la construcción y del estallido de la burbuja inmobiliaria que tanto daño ha causado en el paro y en la actividad económica, destruyendo empresas y proveedores y dejando en la quiebra la que era primera máquina del país, y la fuente mas significativa del endeudamiento y ahorro familiar.

En estas estamos y en estas seguimos porque los “brotes verdes” del crecimiento alemán no son extrapolables a la situación española, y todo apunta a que en los próximos meses seguirá el ajuste social y nos enfrentamos a unos Presupuestos de 2011 que deberán ser muy duros y restrictivos.

Pero dicho todo esto los líderes sindicales de Comisiones Obreras y UGT deben de valorar si la huelga general anunciada servirá para algo positivo o si por el contrario creará una situación de tensión y cólera social que empeore la ya muy débil situación española. No en vano lo más importante de la convocatoria de huelga es saber que pasará el día después. Si la huelga fracasa como fracasó la reciente huelga de los funcionarios los líderes sindicales pagarán con sus cabezas respectivas su temeridad y su irresponsabilidad. Pero si la huelga triunfa tendrán que decir que es lo que esperan que ocurra el día después, que no puede ser otra cosa desde su punto de vista que la rectificación de la política de ajuste social emprendida por el gobierno.

Pero ¿y si la huelga triunfa y el gobierno mantiene su política y el parlamento apoya por gran mayoría su decisión? ¿Qué hacer en ese caso? ¿Volverán los sindicatos a plantear otra huelga general mientras cerca de cinco millones de personas permanecen en el paro y las huelgas dañan más si cabe a las empresas creando mas mayor inestabilidad? ¿Acaso no valorarán los mercados el ámbito de tensión e inestabilidad social que puede provocar la huelga dañando la confianza en nuestro país?

El dilema que se les plantea a los sindicatos es de imposible solución. Tanto si triunfan como si fracasan en la convocatoria de huelga no van a arreglar nada. Además corren el riesgo de que un alto porcentaje de españoles consideren la convocatoria del paro general un acto de gran irresponsabilidad por la gravedad de la situación española, y en ese caso la convocatoria del paro puede convertirse en un boomerang mortal contra unos sindicatos que, aunque tienen sus razones, parecen alejados de la realidad y por lo menos hasta el día de hoy han sido mas bien incapaces a la hora de explicar que aporta la huelga a la solución de la crisis, y que harán el día después de la convocatoria. Los dirigentes sindicales lo tienen muy mal y difícilmente, a estas alturas de la convocatoria, tienen marcha atrás. Pero antes de seguir adelante deberían de analizar en profundidad las consecuencias de su desafío sin excluir en sus análisis el riesgo que ellos mismos corren con esta revuelta social porque España está en situación muy mala, en una crisis muy grave y la huelga lejos de solucionarla la puede empeorar.