Obama: Paz y elecciones

Primero ha sido el adelanto de la retirada de Irak de las últimas fuerzas de combate que aún permanecían en ese país y ahora se anuncian negociaciones de paz para Oriente Próximo a partir del día 2 de septiembre en Washington y con la presencia de primer ministro israelí Netanjahu, del líder palestino Abbas, del presidente egipcio  Mubarak y del rey Abdalá de Jordania. Con estas iniciativas importantes el presidente norteamericano Barak Obama ha querido reaccionar ante las malas noticias de la economía americana, donde crece el paro y baja la bolsa, y sobre todo frente a los sondeos de opinión electoral donde el presidente aparece valorado por debajo del 45 por 100 de popularidad y donde el Partido Demócrata se muestra devaluado y con malas expectativas de voto de cara a las próximas elecciones de la Cámara de Representantes que se celebrarán dentro de un par de meses en EE.UU.

Estos tiempos de crisis económica son malos para cualquier gobernante occidental y de una manera muy especial para el presidente Obama por la dura herencia recibida –la crisis de las finanzas de Wall Street, el hundimiento hipotecario y las guerras de Irak y Afganistán- que ha empezado a administrar y a controlar en medio de un resurgir ultra conservador en su país, donde el Partido Republicano se ha lanzado en tromba no solo a recuperar el poder sino a desestabilizar la presidencia de Obama con mensajes tan obscenos y poco democráticos como los que le acusan de no ser americano, a la vez que subrayan su segundo nombre Hussein con la intención de asimilarlo al islam, como ha ocurrido apropósito de la mezquita que se quiere construir junto a la llamada “zona cero” de Nueva York, donde Al Qaeda destruyó las dos torres gemelas del Trade World Center.

En estas circunstancias la sola reanudación de las negociaciones de paz entre Netanyahu y Abbas en Washington constituye un hecho relevante y un éxito diplomático de Obama y Hillary que esperan, apoyados por el “cuarteto para la paz” donde se integran Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y la ONU, un diálogo directo, sin condiciones previas y que logre resultados antes de los próximos doce meses en todos los capítulos e discusión. Los que van desde el estatus de Jerusalén, a la creación del Estado Palestino, el reconocimiento y la seguridad de Israel, el regreso de los emigrantes palestinos a su país, las colonias y asentamientos judíos, y las fronteras seguras de antes de la guerra de 1967.

Un temario tan ambicioso como complejo que ya abordaron años atrás Arafat y Barak y sobre el que existen numerosos trabajos y vías de negociación por parte de todas las delegaciones implicadas en una negociación muy difícil y sometida a permanentes tensiones como las que emanan de las huestes de Hamás instaladas en Gaza, o del propio Irán al que el gobierno de Tel Aviv mantiene bajo una estrecha vigilancia de su desarrollo y potencial militar y nuclear.

Si Obama logra un avance sustancial en las conversaciones de paz “directas” entre israelíes y palestinos, culmina la retirada de Irak en los plazos previstos e inicia la salida de las tropas de los Estados Unidos de Afganistán en 2011, como ha prometido, el presidente americano habrá alcanzado tres importantes éxitos internacionales y una reducción notable del gasto militar lo que le permitirá mejorar el déficit que lastra la economía americana y dedicar fondos públicos que faciliten la creación de empleo y el crecimiento del país. Y paz, trabajo y crecimiento de la economía son tres ingredientes imprescindibles para que Obama pueda renovar su presidencia y liderazgo americano e internacional.

Aunque semejantes desafíos parecen una tarea demasiado complicada como para culminarla con éxito en todos los frentes. Máxime cuando antes el presidente y sus Partido Demócrata han de pasar la prueba de fuego de las elecciones legislativas que les esperan a la vuelta del verano, todo un test para el prestigio del presidente que podría tener consecuencias para su mandato si los republicanos consiguen alzarse con la mayoría de la Cámara de Representantes. Una posibilidad que insinúan las encuestas pero que está por ver porque Obama ya ha entrado en campaña electoral y la retirada de Irak y la apertura del proceso de paz en Oriente Próximo seguramente le van a ayudar.