Felipe González y la sustitución de Zapatero

Felipe González debería empezar a decir en público lo que piensa y comenta en privado sobre los graves errores que ha cometido el presidente Zapatero en la crisis económica -empezando por negarla, y siguiendo por no enfrentarse a ella cuando debió-, y en otras cuestiones de la mayor importancia como el estatuto catalán, la negociación “política” con ETA y la reapertura del debate de la Guerra Civil que el propio González se negó a abrir en los catorce años que estuvo en el gobierno. Pero ya sabemos que González es partidario en estos tiempos de mudanzas de la “militancia pura y dura”, como dijo hace poco en un aniversario de Pablo Iglesias. Sin embargo esta máxima del “todos para uno, y uno para todos” en la adversidad, tan propia de “Los Tres Mosqueteros” puede servir para enrocarse a la desesperada baja la capa del poder a ver si escampa la tormenta y para salvar en la unidad la cohesión del PSOE, pero no sirve para hacer frente a la realidad y menos aún para defender los intereses generales de España, porque Zapatero es culpable, está agotado y carece de la menor credibilidad.

El discurso del presidente en el Comité Federal del PSOE celebrado ayer da una idea del desconcierto y de su debilidad. Pretendió Zapatero presentarse como el punto de equilibrio entre el independentismo -al que llama movimiento identitario catalán- y el españolismo, de la misma manera que pretende decir que defiende la Constitución y a los que reclaman mas poder para el estatuto catalán. Lo grave de todo ello es que el causante de este conflicto político y constitucional ha sido él, y lo sorprendeente es ver como el pirómano de la bronca catalana pretende presentarse como el bombero del incendio, e incluso cree que los de CiU y ERC todavía pueden llegar a creer que Zapatero puede ser su salvación para reconducir el estatuto sobre el que pesa la losa intocable de la sentencia del Tribunal Constitucional.

Zapatero se quiere hacer imprescindible en Cataluña, y también quiere jugar a ser el salvador de la crisis económica cuyo fuego, aún mas destructivo que el del estatut, el mismo atizó con su incompetencia y negación de la realidad. Y además pretende hacerse el valiente y asegura que no dimite por responsabilidad. Y desde ese galimatías en el que vive Zapatero envía mensajes a los sindicatos, CiU, PNV y PSC diciendo que arreglará la ciriss económica y que enmendará la plana a la sentencia del Tribunal Constitucional, para concluir insinuando que más vale malo conocido (es decir él mismo) que bueno o regular por conocer en referencia al Partido Popular, lo que tampoco consuela ni convence a nadie. Porque todos los que eran sus aliados de la legislatura y de su política social se sienten engañados y defraudados. Y además son conscientes de la incapacidad política de Zapatero y del daño que provoca dentro y fuera de España su permanencia en el poder.

Por ello, y a pesar del absentismo e inmovilismo del PP y de Rajoy, son muchos los que en el PSOE y entre sus aliados parlamentarios e incluso entre los sindicatos consideran que podría ser beneficioso para todos ellos (sobre todo electoralmente hablando para los barones regionales del PSOE) y para el interés general de España y de la situación económica un relevo al frente del PSOE y del gobierno, por traumática que parezca el cese y el relevo de Zapatero. Porque sabido es que la crisis que negó va para largo y que los ciudadanos españoles y los mercados internacionales no confían en él, y si además de todo ello muchos de los aliados parlamentarios del PSOE -que ahora son imprescindibles para aprobar los Presupuestos de 2011- se sienten engañados o traicionados, pues con mayor motivo.

Da la impresión de que Zapatero sabe todo esto y pide una tregua para que le dejen, unos y otros, concluir el ajuste del déficit, y la reforma laboral y de las pensiones, ofreciéndose como víctima en la huelga general. Convencido de que todavía puede arreglar sus relaciones con PNV y CiU, tras las elecciones catalanas y una vez que Artur Mas consiga la Generalitat (puede incluso que con la ayuda del PSC sin Montilla) y que Urkullu también reciba regalos como la Diputación de Álava o la concesión de Caja Sur a la BBK, para finalmente aprobar los Presupuestos de 2011. Y una vez hechas la tareas que considera urgentes e imprescindibles de hacer Zapatero meditaría si sigue o se va para no causar un gran daño electoral al PSOE, pero siempre con la esperanza de que con una mejora de la económica, un nuevo gobierno y con un regreso de la paz social tendrá una nueva oportunidad.

Y puede que la tenga pero será una mala solución porque está clara su incapacidad para gobernar, su falta de credibilidad y su desprestigio electoral. De manera que es al PSOE, a falta de elecciones generales anticipadas, a quien le tocaría actuar. Al PSOE y a sus poderosos medios de comunicación que podrían forzar el relevo de Zapatero por más que ello suponga su destierro a los infiernos de la historia política española, y el claro reconocimiento de su fracaso en pos de la definitiva rectificación.