Rajoy perdió el debate y la ocasión

Una extraña sensación de orfandad se desprendió ayer del debate sobre el estado de la nación española, la única y verdadera según la sentencia del Tribunal Constitucional, la que ganó el mundial de futbol de Suráfrica, y la que sufre y padece el mal gobierno de Zapatero y la irresponsable ausencia del líder de la oposición, Rajoy, que fue ayer al debate de la nación más fácil que jamás ha tenido al alcance de su mano para no decir absolutamente nada. Y para acabar perdiendo la confrontación y no porque la ganara el presidente Zapatero, que bastante deteriorado está por sus errores, sino porque lo perdió Rajoy con su escapismo político y la ausencia de iniciativas del PP contra la crisis por mas que, harto de razón, el líder de la oposición pidiera como era su obligación elecciones anticipadas con el argumento de que Zapatero no es de fiar y a sabiendas de que el presidente del gobierno le diría que no.

Un Zapatero que presumió de tomar, con aciertos y errores, decisiones contra la crisis económica por difíciles que fueran y  “cueste lo que cueste y lo que me cueste”, dijo y sentenció el presidente dejando caer en el hemiciclo esa extraña alusión personal con la que no sabemos si ya da por perdidas las elecciones de 2012, o si está pensando en su retirada del cartel electoral del PSOE. Unas misteriosas palabras de recuerdan otras parecidas suyas cuando afirmó que “lo importante es España y no mi futuro político y personal”. Veremos que se esconde detrás.

Nada nuevo, ni nada bueno, ni nada original dijo Rajoy sobre la grave crisis económica, porque lo de pedir unas elecciones anticipadas era, además de pedir la Luna, algo que habíamos oído a sus colaboradores Arenas, Pons y Cospedal. Y porque, además, en el verdadero debate de la nación, el de la cohesión de la nación española, Rajoy se negó a entrar despreciando la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el estatuto catalán y los recientes desafíos al Estado de José Montilla y de Artur Más (de eso que se ocupe la prensa españolista, pensará Rajoy). Lo que constituyó un acto de irresponsabilidad por el primer dirigente del partido que fue el que presentó el recurso del Estatut ante el Constitucional. Ofreciendo Rajoy en el debate un espectáculo de fuga y oportunismo electoral, imaginamos que para no dañar expectativas del PP catalán en las elecciones autonómicas del otoño como se lo reprochó Zapatero con razón.

El presidente del Gobierno si entró en el debate de la nación y del estatuto catalán y se fajó en el mano a mano con un agrio Durán Lleida de CiU y templó la embestida del diputado Ridao de ERC, el que se adjudicó la manifestación del sábado en Barcelona que calculó en un millón y medio de ciudadanos (67.000 dijeron los técnicos), por lo que cabe supone que Ridao se confundió con la acogida madrileña a la Selección de futbol española que ganó el mundial. Zapatero, defendiendo su estatuto y haciendo una peligrosa distinción entre la nación jurídica y política -como lo denuncio Rosa Díez- sí dio la cara y recordó al portavoz de CiU el reconocimiento que en las Cortes hizo su líder Artur Mas de que la nación catalana como tal no cabía en la Constitución Española sin la previa reforma de la Carta Magna, lo que dejó a Durán Lleida desconcertado y con un hilo voz, pero voz suficiente para una nueva amenaza propia de los nacionalistas catalanes para decir que CiU se situa al borde o fuera de la Constitución. También le mando Zapatero un mensaje al pobre de José Montilla porque Zapatero a sus desafíos de ilegalidad y de manifestaciones independentistas le aclaró que acata, aplicará y hará que se aplique la sentencia del Constitucional.

Y mientras tanto y sobre tan importante cuestión de la que había hecho “casus belli” el PP en defensa de la nación española, la lengua española, el poder judicial y la primacía del Estado frente a la Generalitat, Rajoy permaneció callado, mudo y abanicándose en el escaño, como quien ve los toros desde la barrera a pesar de que tuvo la oportunidad de decirles a Zapatero, Montilla, Más y Puigcercós, muchas cosas empezando por decir que el estatuto no era constitucional ni estaba limpio como una patena, que eso si lo dijo, sino también que el Tribunal tuvo de rectificar el soberanismo que Zapatero y el PSOE colaron de matute en el estatuto. El debate de la cohesión de España y la nación se le fue a Rajoy como el agua entre las manos, y no creemos que sus militantes y sus votantes estarán contentos con semejante huida del líder “popular”.

Sobre el otro gran tema del debate la crisis económica y social que nos invade Rajoy tampoco estuvo a la altura de las circunstancias y lo que es peor no propuso nada y no ofreció la menor alternativa, ni pacto nacional ni iniciativas concretas, ni siquiera de aquí al final de la legislatura porque quedan ¡veinte meses! por delante y, le guste o no a Rajoy y a los españoles en general, Zapatero no adelantará las elecciones, salvo que no pueda aprobar los presupuestos de 2011 lo que está por ver. Recordar los errores de Zapatero y lo que en su día con razón le dijo y le avisó el PP ya lo había dicho Rajoy hasta la saciedad. Y la pregunta que surgía en el hemiciclo es la de ¿qué propone y qué va a hacer el PP de aquí al final de la legislatura para ayudar en algo contra la crisis? ¿Piensa Rajoy pasar los casi dos años que quedan de legislatura diciendo que Zapatero no es de fiar, por mucha razón que tenga?

Lo que, por otra parte no quita responsabilidades a Zapatero, ni en los problemas de la cohesión nacional que ha creado el estatuto el presidente -porque el estatuto es más del PSOE que de CiU o del PSC- , ni en la tardía mala e insuficiente gestión de la crisis económica. Pero también es verdad que el presidente ha rectificado su discurso y que ha empezado a tomar las medidas que debía de haber tomado hace dos años.

Con lo que se puede decir que los ciudadanos estamos entre la espada de madera y roma de este agotado Gobierno y la pared de la callada oposición. Y que los dos no  han ofrecido a los españoles –y a los famosos mercados internacionales- una salida o un horizonte de confianza y estabilidad política sino más de lo mismo. El uno Rajoy pidiendo elecciones anticipadas y el otro, Zapatero,  exigiéndole al PP la moción de censura, lo que tampoco era una novedad porque lo habían dicho con anterioridad.

O sea que las cosas se quedan como están, que están bastante mal. Y ahora Zapatero se irá de vacaciones con la crisis del gobierno hecha o por hacer (veremos). Y Rajoy se va satisfecho consigo mismo porque las encuestas le siguen dando como ganador de unas elecciones que, de momento, no serán anticipadas mientras nos quedan veinte meses, que son muchos y para echarse a temblar, de gobierno de Zapatero y ausencia de la oposición.