Un debate amañado entre Zapatero y Rajoy

No sería de extrañar que Zapatero y Rajoy hayan pactado en secreto no entrar en el fondo de la crisis política abierta en Cataluña por la sentencia del Constitucional sobre el estatuto y las desafiantes declaraciones de José Montilla sobre la legalidad y sobre la sentencia por lo que, si ambos escurren el bulto ante tan serias cuestiones, tendremos que hablar de “tongo” en el debate de la nación que se perderá en las ya conocidas diferencias de unos y otros sobre las respuestas frente a la crisis económica y social.

Al presidente Zapatero ya le han dicho en el Congreso de los Diputados que es “un cadáver político” por ello no le importará que lo entierren de nuevo en el debate sobre  el estado de la nación que hoy comienza. Pero el presidente no piensa abandonar su proverbial optimismo antropológico, se aferrará al cargo y considerará que, una vez que cierre la crisis del gobierno que está al caer, habrá pasado lo peor e incluso habrá conseguido vadear el torrente de la crisis económica y financiera con cierta habilidad. Y también la sentencia del estatuto catalán –de la que no querrá hablar- porque todo apunta a que fue él quien ha pilotado con su larga mano –a través de los magistrados progresistas del Tribunal Constitucional (TC)- el segundo y definitivo “cepillado” del estatuto catalán, dejando que Montilla y sus compañeros del PSC se lanzaran con discursos radicales de corte soberanista contra el propio TC y contra el Partido Popular al que culpan de lo ocurrido por haber presentado el recurso de inconstitucionalidad con el que contaba Zapatero para luego rectificar el Estatut desde el TC.

La victoria de España en el mundial de fútbol de Suráfrica también la anotará Zapatero en su haber, por lo menos a título de rebaja de la tensión política y social, y puede que como tapadera de la bronca catalana donde andan enredados sus socios del PSC, de los que ha huido a Afganistán de manera premeditada la ministra de Defensa, Carme Chacón, como siempre acompañada de su “edecán” el  JEMAD y un nutrido séquito de periodistas y cámaras de televisión. Aunque veremos que hace la ministra y dirigente del PSC si sus compañeros diputados catalanes decidieran montar en el debate una moción desafiante al TC en la compañía de otros diputados de CiU y de ERC.

Zapatero está abrasado por su errática política económica y la sentencia del estatuto constituye un severo varapalo en su contra. Porque fueron él y el PSOE –y no CiU y PSC- los verdaderos autores del estatuto catalán que ha recortado el TC en defensa de la soberanía nacional, la nación española y de otros asuntos cruciales como la lengua castellana. Disparates inconstitucionales que Zapatero pretendió colar en el Estatut por la vía de una ley orgánica y estatutaria.

Pero, salvo Rosa Díez, puede que nadie en el debate del Congreso de los Diputados le impute a Zapatero semejantes desvaríos y ataques a la nación española que, en las últimas horas, ha recibido un verdadero refrendo de apoyo por parte de los millones de españoles que al grito de “¡soy español!”, y exhibiendo las banderas de España aclamaron a la campeona mundial selección nacional de futbol. La misma con la que Zapatero daba botes en Moncloa para disimular su escaso españolismo y sus dudas sobre la única nación –como dice la sentencia del TC- española que el presidente del gobierno calificó de discutida y discutible.

Quien debería de hablar de todo esto, con la seriedad que requiere el caso y haciendo frente a los desafíos soberanistas de Montilla, debería ser el líder del PP, Rajoy, si es que de una vez por todas quiere presentarse ante el conjunto de los ciudadanos como líder y alternativa de gobierno. Pero todo apunta a que Rajoy pasará de puntillas sobre el debate catalán, siguiendo los consejos de sus asesores de imagen y temeroso de que cualquier declaración sobre todo ello podría dañar sensiblemente sus expectativas de votos en Cataluña. De ahí que dirá que acata la sentencia que les ha dado –en parte- la razón, y añadirá que hay que mirar al futuro y aplicar lo decidido por el TC y puede que poco mas, amén de alguna alusión a la marea roja y gualda que inundó el país en las últimas horas.

En realidad si Zapatero es un cadáver político Rajoy tampoco goza de buena salud, por más que las encuestas le anuncien una clara victoria electoral. Y además si Zapatero ha de hacer la crisis de su gobierno que está hecho unos zorros, Rajoy tiene en Valencia la casa sucia y sin barrer. Y puede que por todo ello y huyendo ambos del problema de Cataluña los dos, por mutuo interés y casi de común acuerdo, se dediquen a la sopa de números y letras de la crisis económica, un debate que ya han celebrado otras veces y del que no se espera novedad alguna. A no ser que el líder del PP nos sorprenda con la presentación de un plan de gobierno alternativo y completo de su política económica y social en contra de la crisis que nos invade.

Zapatero y Rajoy están deseando los dos quedarse como están y marcharse a la playa a descansar, a la espera del otoño caliente. El presidente a ser posible se irá con la crisis del gobierno hecha, o se la llevará a Doñana para terminarla junto al mar, convencido de que ha sorteado la primera parte de la legislatura con gran habilidad, y que necesita fuerza y un nuevo gobierno para la segunda parte donde le esperan nuevos desafíos: la huelga general, las elecciones catalanas y los Presupuestos de 2011. Y Rajoy también saldrá a toda velocidad hacia las vacaciones a la espera de que la crisis valenciana haga aguas por si sola y convencido de que tiene el viento a favor. Los dos se conforman con el empate en el debate de la nación.