La España campeona, responde a Zapatero y a Montilla

La espectacular victoria de la selección nacional de España en el campeonato mundial de fútbol de Suráfrica no arreglará ninguno de los problemas políticos y económicos que tiene este país, pero ha provocado oleada de entusiasmo nacional deportivo y patriótico, envuelto en la bandera española, que tendrá incidencia en la vida política (PSOE incluido) y el debate nacional que está al llegar en el Congreso de los Diputados.

La bandera española, que fue tan denostada fue el pasado sábado en Barcelona durante la    manifestación independentista en la que derivó la convocatoria del Montilla, Mas y sus aliados contra de la sentencia Constitucional sobre el estatuto catalán, la roja y gualda inundó ayer toda España de manera espontánea de la mano del verdadero dueño y señor de la soberanía nacional de España: el pueblo español. El que tiene constitucionalmente el derecho a decidir sobre todo lo que ocurra en el territorio nacional español, Cataluña aquí incluida.

Y que se cuide el presidente Zapatero de hacer chistes e intentar apropiarse políticamente de un triunfo que solo corresponde al espectacular y cohesionado equipo de fútbol español, porque esa victoria quien lo comparte merecidamente es el sentimiento nacional de España. Ese que se quería devaluar en el estatuto catalán que ha liderado el propio Zapatero –puede que su obra póstuma y fallida-  y que ha convertido el mágico espectáculo de la Selección en el símbolo de la unidad y del orgullo nacional, en este tiempo tan difícil de crisis económica y de desesperación social, con más de cuatro millones y medio de parados que no ven un rayo de esperanza ni una puerta de salida a su difícil situación.

Lo que les faltaba a Zapatero, Montilla, Mas y a los independentistas catalanes en medio de sus broncas internas y desafíos al Estado era la gran victoria de la Selección, de la bandera de España (que ondea en muchos hogares de Cataluña) y el renacer del sentimiento nacional español. Y no en las manos de la derecha del PP sino de los propios ciudadanos de a pie, los que entre otras cosas están cansados y hartos de la clase política en general y del gobierno de Zapatero en particular.

Un presidente, Zapatero que recuerda el anuncio de la furgoneta que decía: “se lo carga todo”. Con el lío del estatuto catalán ha provocado un movimiento independentista en Cataluña, ha roto el PSOE y el PSC, ha dejado sublevado y agredido a Montilla en la Generalitat de Cataluña, ha tenido que esconder en Afganistán a su pupila Chacón, y ha empeorado sus relaciones con todos a los que en ha engañado, Maragall, Mas, Durán Lleida y Pujol. Como rotos tiene en Madrid los puentes con el flanco izquierdo de los sindicatos y la política, Comisiones Obreras, UGT e Izquierda Unida, al tiempo que se le complica su entendimiento con PNV que se acaba de acercar al PP de Rajoy.

Con este panorama que ha calentado la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el estatuto de Cataluña, eliminando los principales desafíos a la soberanía nacional española , Zapatero se ha quedado mas solo de lo que estaba y corre el riesgo de una fractura inminente en el PSC, a la vez que se le presentan como casis imposibles de aprobar los Presupuestos Generales del Estado de 2011 –a no ser que pacte con el PP-, por lo que no tiene más camino que convocar las elecciones generales anticipadas en las que, en ese caso, ya se verá si su nombre aparece o no en la cabecera del cartel del PSOE.

Lo de Cataluña ha sido la gran trampa políticamente mortal en la que se ha metido Zapatero porque él, su gobierno y el PSC-PSOE han sido desbordados por el disparate de Montilla quien, en vez de destacar lo bueno, que es mucho para el autogobierno de Cataluña, que había en el estatuto catalán salido del Constitucional, el presidente catalán, desarbolado, se ha pasado al bando radical del nacionalismo y ha pretendido deslegitimar al Tribunal Constitucional, y de paso desafiar el Estado por lo que consideran una catástrofe impulsada por el PP, cuando todo el mundo sabe que si hubo presión política mayoritaria sobre el TC es la que ha gestionado el palacio de la Moncloa desde la oscuridad.

Pero Montilla a base de hablar mal de todos y de ponerse al frente de una manifestación que lo ha desbordado por el flanco independentista, y casi corrido a palos, ha multiplicado por cien el problema y ahora está en la misma situación y tesitura que estuvo su predecesor Maragall, preso de las iras de ERC y del aventurismo independentista de CiU, singularmente agitado por el diario “La Vanguardia”, antes  “La Vanguardia Española”.

Y ahora la pregunta es: ¿qué va a ocurrir en el seno del PSC-PSOE por dónde anda acobardada y huida, su primera secretaria y ministra de Defensa, Charme Chacón? La que está metida a la vez en el gobierno de España y en el núcleo duro de un PSC que no para de clamar en contra de España, y de proferir toda clase de amenazas de corte independentista y en favor de la autodeterminación, como se vio en las pancartas (somos una nación y nosotros decidiremos) que escoltaban a Montilla en la famosa manifestación del sábado, de la que se apropiaron los independentistas de ERC y otros grupos radicales, dejando a Montilla (y también a CiU) en la peor situación y el presidente de la Generalitat posteriormente acorralado por las calles de Barcelona con gritos de “traidor”.

Todo esto es obra de Zapatero. Como lo fue su fallida negociación con ETA, el absurdo regreso al debate de la guerra civil española, su negación de la crisis económica y su incapacidad para tomar las medidas oportunas cuando las debió tomar. Y con este equipaje, con el gobierno por los suelos y con el partido socialista roto en Cataluña, y el PSOE hundido en las encuestas, va a comparecer esta semana el presidente Zapatero en el debate parlamentario del estado de la nación. Una cita en el peor de los momentos para él que recuerda los últimos momentos de Felipe González en la Moncloa por aquellos casos múltiples de corrupción y los crímenes del GAL. Y que, tras la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el estatuto catalán y la victoria de la selección del fútbol, le va a resonar de manera incesante a Zapatero con el mensaje neto y claro de que España si es una nación, la sola nación como lo gritan los ciudadanos y se lo ha dicho el más alto tribunal, rectificando la que ha sido su demencial pretensión.