La sentencia del TC es contra Zapatero

El argumento de que en España están las cosas tan mal que ello impide la convocatoria de unas elecciones anticipadas es falso y democráticamente impresentable. Al contrario, si estamos tan mal y la responsabilidad del presidente del Gobierno es tan evidente como lo prueban hechos contundentes como son la rectificación precipitada e improvisada de su política económica impuesta desde la Unión Europea, y la sentencia del Tribunal Constitucional que desmonta las pretensiones soberanistas del estatuto de Cataluña, resulta imprescindible un adelanto electoral. Porque los mismos autores del desastre que invade este país no pueden permanecer ¡veinte meses más! al frente del gobierno porque carecen de la credibilidad y la capacidad necesaria para gobernar, y porque hora es que el pueblo español opine en las urnas sobre tan grave situación.

Debería haber sido el propio Zapatero quien, asumiendo sus responsabilidades políticas por los errores cometidos y sus temerarias decisiones, hubiera convocado elecciones tras pactar con el grueso de la oposición unas reformas urgentes e importantes –mayores que las hasta ahora decididas-, e incluso anunciado su retirada del primer plano de la vida política y del liderazgo del Partido Socialista. Pero su apego al poder, la falta de respecto democrático y el razonable temor que tiene de perder las elecciones en beneficio del PP, le impiden hacer lo que debiera ofreciendo la imagen de un político agotado y sin iniciativa, la misma que ofrece el PSOE que, ante la resistencia numantina de su errático líder, debió haber tomado cartas en el asunto para provocar su relevo y la convocatoria electoral.

Ni siquiera la crisis del gobierno que probablemente hará, tras el debate sobre el estado de la nación -por mucho que la niegue-, le servirá a Zapatero para recuperar imagen ni a España la confianza y la capacidad para salir de la crisis, por la sencilla razón de que el problema reside en la persona del presidente del gobierno, actor directo y primer responsable de todo que ha ocurrido en este país en los últimos meses y años. Muchas veces incluso contra el criterio de sus ministros y de su propio partido.

Y especialmente responsable del fracaso soberanista del estatuto catalán en las cuestiones que resultaban esenciales porque Zapatero, avalista y motor de semejante disparate, ha sido –ni siquiera Montilla y Mas- el verdadero responsable de una fraudulenta operación con la que se pretendía provocar una reforma de fondo de la Constitución Española a través del estatuto de Cataluña y burlando la soberanía nacional que reside en el conjunto de los españoles y no en el 36 por 100 de catalanes con derecho a voto que aprobaron el estatuto, después de su paso por las Cortes donde salió indemne gracias a los votos del PSOE. Un disparate que incluía el fin de la nación española y la puesta en marcha de un Estado confederal, insolidario y caótico, como el que ha rechazado el Tribunal Constitucional.

Un rechazo importante –aunque con algunas lagunas lamentables- que se debe al recurso de inconstitucionalidad presentado por el Partido Popular (y otras instancias) al que la sentencia le ha venido a dar la razón en lo esencial, desmintiendo las fraudulentas y falsas declaraciones de Zapatero, el PSOE, Montilla, el PSC, Mas y CiU, sobre la constitucionalidad del estatuto, a sabiendas todos ellos de que eso no era así y que estaban transgrediendo con total impunidad el marco constitucional español.

Como ahora, pretenden hacerlo con su provocativa manifestación en la que insinúan no solo su falta de respeto al Tribunal Constitucional y a la sentencia que deben acatar, sino también su pretendida escapada en pos del “derecho de autodeterminación”, diciendo que son ellos los que van a decidir (¿el qué?), cuando quien tiene esa capacidad es el pueblo español. El mismo que, incluso en Cataluña, está unido frente a la extraordinaria selección nacional de fútbol en el mundial de Suráfrica, y que nunca se hubiera dejado avasallar ante este atropello que figura en la historia reciente del PSOE como una gratuita y temeraria agresión contra España y contra la nación española, que Zapatero declaró “discutida y discutible”.

Un error y desvarío histórico del PSOE, que unido al desastre por la falta de reacción frente a la crisis económica y social, dejan a este partido, Zapatero, su gobierno en difícil situación de la que deberán dar cuenta en el próximo debate sobre el estado de la nación. Una cita que tiene desconcertado al presidente Zapatero hasta el punto que se ha negado a ir al partido final del mundial de futbol de Suráfrica, como era su obligación, en apoyo institucional de la selección nacional, a no ser que la considere discutida y discutible como todo lo demás, aunque ya no es ningún secreto que el discutido y discutible es él, incluso para sus electores y militantes.  Y por eso no se atreve a convocar las elecciones anticipadas que es lo que debería hacer, aunque sea lo último que haga antes de desaparecer de la escena nacional.