Rajoy debe de actuar en Valencia

La ilusión y la excitación del fútbol se acabará el domingo, pase lo que pase en la final que ojalá sea la victoria de España. Y luego regresaremos a la cruda realidad nacional y a los problemas cotidianos de cada día en busca de ese otro equipo de dirigentes de la política nacional que no se ve por ninguna parte, y que a la espera está de una doble renovación: la del gobierno; y la de los dirigentes del PP, y aquí incluidos los afectados por casos de corrupción como los que ya inundan todo el espectro valenciano tras la imputación por cohecho y prevaricación del presidente de la Diputación de Alicante, José Joaquín Ripoll.

Aunque lo niegue y se esconda en la bandera nacional que inunda las ciudades de toda España a propósito de la selección nacional de fútbol y de su espectacular actuación en el Mundial de Sudáfrica, el presidente Zapatero debe hacer la crisis de su gobierno y la hará, antes de finales de julio, en agosto, o en septiembre pero la hará. No tiene más remedio y la necesita para ver si con ella recupera algo de la confianza perdida y de su deteriorado liderazgo.

Pero no es el único que debe tomar decisiones cruciales sobre equipos y personas una vez que Rajoy se enfrenta a una crisis de credibilidad y honradez política en Valencia de importantes magnitudes, porque con las imputaciones de Ripoll en Alicante y la de Fabra en Castellón y Camps en Valencia –al que probablemente se le abrirá juicio- el líder del PP no puede seguir mirando hacia otro lado, dejar que el tiempo pase y acusar a otros de las malas maneras de la policía judicial, por cierto que esto sea. Y todo ello para dejar que se pudra la situación a ver si uno a uno los imputados van cediendo y se van marchando ellos solos ante el acoso mediático y judicial que fue la estrategia que Rajoy siguió en el caso Luis Bárcenas. Una gana tiempo inútil y penoso que por un lado muestra falta de autoridad y de liderazgo del presidente del PP, y por otro ofrece una imagen penosa de un partido que hace la vista gorda con la corrupción.

¿Cómo van a pedir Rajoy o el PP un cambio de gobierno a Zapatero si ellos no cesan y sustituyen a sus gobernantes locales o regionales imputados por corrupción? ¿Cómo y con qué autoridad moral van a ir con este lastre flagrante al debate sobre el estado de la nación por muchas razones que les asistan para criticar al gobierno de Zapatero? Ni siquiera las perspectivas favorables que ofrecen las encuestas pre electorales a los “populares” pueden ser excusa para no hacer nada, o no hacer lo que hay que hacer.

Pero ya sabemos que Rajoy y sus asesores son muy tozudos, creen que controlan los tiempos, tienen el don de la oportunidad y piensan que los problemas de otros tapan los suyos y les permiten eludir la responsabilidad política, al tiempo que exigen otras responsabilidades a los demás. Allá Rajoy y sus asesores pero los ciudadanos no se van a conformar con estas maneras de actuar, y ese es el motivo por el que Rajoy no sale bien parado en las encuestas y no levanta expectativas de liderazgo y credibilidad. A él, mientras el PP se mantenga en los sondeos por delante del PSOE, todo esto no parece importarle pero esas no son maneras democráticas de actuar. Ni ante la corrupción, ni eludiendo la aplicación de la ley del aborto por más que no la compartan, ni ofreciendo una alternativa clara a la política económica del gobierno o un proyecto de gran pacto nacional. La ley del silencio, el escapismo, el inmovilismo permanente y la espera del fracaso de Zapatero y de su gobierno (que daña los intereses generales de España) es una actitud pasiva y oportunista que carece de consistencia y está expuesta a cualquier evento o golpe de efecto inesperado porque en este país pasan demasiadas cosas y nadie, al día de hoy, está en condiciones de predecir lo que ocurrirá en las elecciones de 2012. Faltan veinte meses y eso en política es una “eternidad”.