Obama frente a McChrystal

Si el presidente Obama no cesa de manera fulminante al comandante de las tropas que Estados Unidos tienen en Afganistán, general Stanley McChrystal, por el reportaje publicado en la revista Rolling Stone donde el general y sus colaboradores se mofan de Obama, el vicepresidente Biden y otros miembros de la administración, la autoridad del presidente de los Estados Unidos, que además es comandante en jefe del poderoso ejército americano, quedará en entredicho y dará pie a críticas y comentarios sobre la debilidad y capacidad del líder norteamericano.

No estamos ante un asunto menor que se puede zanjar con simples disculpas como las que ya ha hecho públicas el mencionado general, que no es la primera vez que rompe la cadena de mando y el debido respeto al presidente de Estados Unidos, porque ya se saltó el procedimiento cuando acudió a los medios de comunicación para presionar a la Casa Blanca exigiendo el envío de 40.000 soldados mas a esta guerra de Afganistán y afirmando que si no llegaban refuerzos la guerra no se podría ganar.

Y por lo que se ve tampoco se puede ganar con los refuerzos que Chrystal recibió (30.000 soldados) porque los talibanes siguen campando a sus anchas y el discurso político que avalaba esta guerra de la lucha contra el terrorismo y la defensa de las libertades, un conflicto militar donde participa España, se han venido abajo una vez que el ex presidente alemán Horst Kohler reconociera que los objetivos de la guerra eran económicos (y por semejante exceso de franqueza tuvo que dimitir).

Lo que pudo comprobarse semanas después cuando se descubrió la existencia en ese país de importantes yacimientos de litio, un precioso mineral (para la telefonía y la informática) que se suma a otros como el oro, el cobalto y el hierro que abundan en la zona, aunque el mayor de los negocios del país siegue siendo el tráfico del opio y, por supuesto, la guerra.

Vamos a ver qué ocurre en Washington en las próximas horas porque Obama ha citado de urgencia el general McChrystal, y porque tanto en el Congreso americano como en los poderosos medios de comunicación de los Estados Unidos el escándalo acapara las portadas de los diarios y de las grandes cadenas de la televisión, donde los medios más conservadores y agresivos, como la cadena Fox, no cesan de descalificar al presidente Obama, entre otras cosas por su pretendida debilidad, a la vez que se posicionan del lado de los halcones del Pentágono donde McChrystal –que ya estuvo en Irak- aparece como un líder indiscutible.

Los portavoces de la Casa Blanca han declarado ayer que el presidente Obama está muy enfadado con el general y otras fuentes próximas a la presidencia han dicho que nadie es imprescindible en el mando americano en Afganistán. Pero falta por saber qué es lo que hará Obama cuando se encuentre cara a cara con McChrystal, camino de la cumbre del G-20 de Toronto donde se reunirá con líderes de todo el mundo. Una cita a la que también acudirá el presidente Zapatero, y por supuesto la plana mayor de los países de la OTAN que tienen –como España- tropas desplegadas en la guerra y donde la crisis provocada por McChrystal y sus colaboradores habrá causado profundo desconcierto y malestar.

El presidente Obama está pues ante una decisión crucial en la que difícilmente puede hacer oídos sordos o dar un paso hacia atrás. Porque no solo está en juego su propia autoridad frente a quienes desean desestabilizar su presidencia sino el prestigio del general McChrystal en la guerra de Afganistán, que está causando muchas víctimas entre aliados –las bajas de soldados británicos alcanzaron  la cifra de los 300 caídos en combate-, y que no tiene a la vista ni mucho menos una victoria final. Pero sobre todo una guerra en la que su más alto comandante, como lo McChrystal, no se puede poner al margen ni mofarse del poder político y democrático que lo ha enviado a guerrear, haciendo alarde de desprecio al mismísimo comandante en jefe de los ejércitos de los Estados Unidos, el presidente Obama, quien sin más dilaciones lo debería relevar.