Camisa de fuerza para Zapatero

Si de lo que se trata es de espantar el ataque de los mercados internacionales contra la deuda española y a la vez lograr la recuperación electoral del PSOE, la crisis del gobierno socialista que se anuncia para antes de las vacaciones de agosto debe incluir  la sustitución del propio presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, que es el autor y principal responsable de los graves errores que han conducido España y a su partido a tan dramática situación. Pero está claro que quien por ahora tiene el mando es Zapatero y, aunque está física y anímicamente muy tocado, no parece dispuesto a abandonar el poder con el argumento falaz de que el capitán no puede dejar el barco la tormenta porque eso sería de cobardes. Cuando en realidad este capitán es el culpable de que la nave española –con la marinería del PSOE- esté a punto de zozobrar.

Sin embargo a estas alturas de la crisis ningún escenario se debe descartar, porque si se confirma que los mercados no se fían del ajuste de Zapatero, precisamente porque el presidente ha perdido toda credibilidad, entonces habría que pensar en un relevo de urgencia en la presidencia del gobierno. Una posibilidad que está sugiriendo el diario gubernamental El País todas las semanas -el domingo publicó un reportaje en su magazine sobre la personalidad y vida familiar de Rubalcaba- promocionando en sus páginas e incluso en los sondeos de opinión electoral al actual ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, como si fuera el candidato del diario (y puede que de Felipe Gonzalez) para una eventual y sorpresiva sucesión de Zapatero en la jefatura del gobierno.

Sin embargo ese momento de crisis profunda del liderazgo de Zapatero no parece haber llegado. Pero mientras tanto y a la espera de acontecimientos la alternativa que los llamados “poderes fácticos” del PSOE plantean ante la resistencia de Zapatero a dejar el poder, asumiendo su responsabilidad, consiste en controlar al presidente desde fuera poniéndole una simbólica camisa de fuerza. Es decir controlar a Zapatero, desde el entorno político, económico y mediático del felipismo –la vieja guardia del PSOE, Grupo Prisa y sus banqueros afines-, donde se estaría diseñando la crisis del gobierno o el reparto del poder Ejecutivo entre el propio Zapatero y su guardia pretoriana (Blanco y compañía), los principales barones socialistas con mando en plazas (Montilla, Griñán, Vara y Barreda), y la llamada zona felipista.

Todo ello para que se integren en el nuevo Ejecutivo y a ser posible antes del mes de agosto, pesos pesados del socialismo, gestores independientes, y personas con prestigio internacional que a la vez mejoren la imagen de España y den consistencia a la que se ha llamado, dentro y fuera de España, la “insoportable levedad de Zapatero”.

En semejante tesitura la solución parece decantarse por un reparto equilibrado del lastre o del peso del buque para que aguante la inclemencia que amenaza con provocar el naufragio. Y en esa operación no solo parece estar implicado el presidente Zapatero y su estrecho colaborador el ministro José Blanco, sino también la vieja guardia del PSOE que lidera Felipe González quien está muy activo y decidido a colocar sus barones de peso en el gobierno, donde ya cuenta con tres “infiltrados” como son Rubalcaba, Cháves y Gabilondo.

La aparición estelar de González en el reciente homenaje al centenario parlamentario de Pablo Iglesias no fue casual ni será la última, y busca no solo para ayudar a Zapatero o para frenar la escalada electoral del PP que revelan los sondeos pre electorales, sino también para evitar que un “crack” financiero a la española, como el que ha estado rondando nuestras fronteras, se le impute históricamente al PSOE y destroce por muchos años la presencia socialista en la vida pública española, empezando por los ayuntamientos y las Comunidades Autónomas durante las elecciones de 2011, como temen destacados barones regionales del PSOE como Montilla en Cataluña, Griñan en Andalucía, Vara en Extremadura y Barreda en Castilla La Mancha.

Es decir González quiere blindar el PSOE frente a los desastres y temeridad de Zapatero, y a ser posible ponerle una camisa de fuerza en el nuevo gobierno para que no cometa mas locuras ni políticas, ni económicas. Y de aquí a las elecciones generales de 2012 ya veremos si Zapatero seguirá como cabeza de cartel, o será sustituido por un felipista de pro (Solana o Rubalcaba), si se demuestra que el presidente no ha aprendido la dura lección y no tiene arreglo, a pesar del lavado de cara de la crisis de gobierno. Porque sabido es que su imagen y su prestigio dentro y fuera de España –tras haber negado la crisis y haber tenido que rectificar de manera radical- ya tiene muy difícil arreglo.

De manera que la crisis de gobierno que se está preparando y que teóricamente controla el presidente Zapatero tiene varios objetivos: mejorar la imagen de España, mejorar la gestión pública de la situación económica y social, e intentar relanzar el PSOE y a Zapatero. Y si esto último no se consigue el núcleo duro del equipo de gobierno que ahora se está configurando deberá, también y con el apoyo de los barones regionales del PSOE, preparar el terreno para la sustitución de Zapatero antes de las elecciones generales de 2012. Por ello se puede decir que este nuevo gobierno en ciernes dará al actual presidente su última oportunidad para recuperar imagen e iniciativa, pero si no lo consigue se tendrá que marchar.