Cebrián y Roures a palos

Estamos en un acelerado fin de régimen del presidente Zapatero quien ahora reconoce la responsabilidad de su gobierno en la mala imagen de España, como la Selección nacional de fútbol, derrotada por Suiza en su estreno en el Mundial de Suráfrica, llora desconsolada por sus errores y estrategia equivocada frente a los helvéticos. Nada sale bien y la reforma laboral, el segundo decretazo del gobierno, no gusta a los sindicatos que la ven más dura de lo que esperaban, ni a la CEOE, ni a los partidos políticos que esperarán, como La Roja, a la segunda vuelta en la tramitación del decreto como proyecto de Ley para introducir alguna mejora que para la derecha será de abaratamiento del despido y para la izquierda de rebaja de todo lo que acaba de proponer el gobierno a la deriva. Mientras en Bruselas la UE pide más recortes del déficit español y el Banco de España quiere hacer públicos los datos de la banca española (¿de todos ellos y de todas las cajas de ahorro?), para tranquilizar a los mercados e impositores y desmentir la mala fama que está circulando por ahí, porque nadie se fía de nadie, nadie presta dinero, y solo quedan el BCE y el famoso fondo de estabilidad financiera del Euro para socorrer a nuestro país.

Y en estas estábamos cuando los dos principales grupos editores y publicistas de Zapatero y del gobierno del PSOE, Juan Luís Cebrián (Prisa: El País, Cadena Ser, Canal Plus/Sogecable) y Jaume Roures (Mediapro, La Sexta y El Público), acaban de desenterrar el hacha de guerra y están en plena batalla sobre derechos audiovisuales de la Liga de fútbol española, peleándose por unos 200 millones de euros –unos 100 que no quiere pagar Sogecable a Mediapro, y otros 100 que dice Sogecable que les deben, por sentencia, los de Roures) en un tiempo en el que unos y otros están en plena crisis financiera y de liquidez, con un alto riesgo de quiebra –Mediapro ha convocado concurso de acreedores-, y con unas deudas financieras que en el caso de Prisa rondan los 5.000 millones de euros, lo que es un dineral para los tiempos que corren y cuando nadie presta dinero.

La batalla mediática entre los dos editores de Zapatero tiene una indiscutible trastienda en lo político porque Cebrián representa la vieja guardia de Felipe González y Roures –y el Rasputín de Miguel Barroso, esposo de la ministra Chacón y asesor de Zapatero- presume ser el paladín de la nueva guardia pretoriana mediática del presidente, entre la que curiosamente figura a título de asesor y confidente el director del diario El Mundo, Pedro J. Ramírez, que también tiene a su grupo editor italiano, Unedisa, en dificultades financieras. Como lo están casi todos los grupos de comunicación españoles pero unos más que otros y los aquí citados buscando el paraguas protector de Zapatero y de sus influencias en la gran banca –La Caixa ya se ha hecho con el control del Grupo Z, otro que tal baila-, que acabará “apadrinando” o comprándolos a todos ellos si es que no los quieren dejar caer.

El grupo de La Sexta y Mediapro (Roures, Contreras y Barroso) nació a la sombra de Zapatero con el argumento de que el presidente del gobierno, una vez fallecido el implacable Polanco, no debía someterse al imperativo político y editorial que los de Prisa han impuesto siempre sobre el PSOE desde que Felipe González llegó al poder en 1982. Aunque anteriormente de común acuerdo con el ex presidente del gobierno (que está muy activo ante el riesgo de un desmoronamiento político y electoral de Zapatero) al que protegieron en sus responsabilidad del GAL y la corrupción como ahoran protegen a Zapatero de su incompetencia. Pero de un tiempo a esta parte a regañadientes con el palacio de la Moncloa y el PSOE, a los que los de Prisa acusan de haberles montado con una desleal competencia mediática con Roures desde la mismísima presidencia del gobierno, y con toda clase de favores y la búsqueda de empresarios y socios financieros para el grupo de La Sexta y Mediapro, a los que Cebrián calificó un tiempo atrás como los “visitadores de la Moncloa”.

La cuerda de la que tiran por sus respectivas puntas Roures y Cebrián está tensa, es muy débil en lo que a la estabilidad financiera y económica de ambos grupos se refiere y puede estallar. Y su ruptura se podría acelerar con la llegada del PP de Rajoy al poder, lo que supondría que las entidades financieras y los empresarios de camarilla que hoy mantienen vivos ambos grupos zapateristas de comunicación podrían dar marcha atrás si no quieren, en ese caso, enfrentarse con los nuevos inquilinos de la Moncloa. Por eso El País aguanta carros y carretas y aunque sus más notorios editorialistas no dudan en proclamar en privado el desastre y la incompetencia de Zapatero, siguen apoyando al presidente su disfrute ruinoso y en declive del poder por la cuenta que a ellos les trae.

Pero sabiendo Zapatero, como sabe, que si se abre el melón de su sucesión en el PSOE, lo que no se puede descartar al día de hoy, será Prisa con Felipe González quien controle la situación, y en ese caso Roures habrá perdido la partida. La que en este momento, a pesar de la crisis de Mediapro y mientras busca dinero para La Sexta, parece controlar por causa del altísimo endeudamiento del grupo de Cebrián que sigue en la espera de que se confirme la dudosa entrada en su capital del fondo Liberty, mientras los problemas de Prisa no paran de crecer como ocurre con su participación en el diario Le Monde, preso también en crisis financiera y dicen que “terminal”.

El desastre de Zapatero que inunda España, a las instituciones, bancos y empresas, también ha llegado a los sindicatos, al PSOE y a sus medios afines de comunicación. Nadie está a salvo y los otrora poderosos y ahora náufragos del poder se disputan a dentelladas los botes salvavidas porque nadie duda del posible hundimiento del Titanic de la Moncloa que navega con rumbo firme hacia el iceberg.