Rodrigo Rato toma el mando

Por fin una operación importante en el proceso de fusiones bancarias abierto en España para hacer frente a las inclemencias de la crisis económica y financiera que nos invade. Estamos hablando de la fusión “templada” pero irreversible e imparable de Caja Madrid y Bancaja, dos entidades poderosas del sistema financiero español que se convierten a partir de ahora en el tercer banco del país y la primera caja de ahorros, a cuyo frente se quedará el inductor y el artífice de la operación que no es otro que Rodrigo Rato. Mientras que su compañero de La Caixa, Isidro Fainé, que ha bajado un peldaño en el escalafón, seguirá con nostalgia y envidia el alcance de la operación que para él resultaba imposible de llevar a cabo porque es rehén del gobierno de José Montilla y de un nacionalismo catalán cada vez mas provinciano que no ve más allá de sus narices, y que ahora se va a encontrar con un duro competidor en todo el territorio nacional, por más que parezca que la nueva Caja solo afecta a Valencia y Madrid.

Y por más que la sede social y fiscal de la entidad fusionada se instale en Valencia como premio de consuelo a los gestores levantinos de Francisco Camps -que parecía muy ufano con ello-, aunque está claro y así se verá que quien está al mando es Rato y que el gato madrileño se ha comido el pescado valenciano, que se resistió hasta el último momento pero que, finalmente, tuvo que ceder porque ni el Gobierno de Zapatero ni el Banco de España están para bromas.

La fusión de Caja Madrid y Bancaja ha sido la operación política y financiera más importante desde que estalló la crisis, y también la iniciativa más relevante que ha adoptado el Partido Popular en tan grave tesitura. Y naturalmente ha tenido que ser Rodrigo Rato quien pilotara la operación que tendrá consecuencias en el ámbito financiero y que marca la definitiva ruptura del marco autonómico como campo de acción de las cajas, con vistas a su futura conversión en bancos privados, si es que la Ley de Cajas -que pronto empezará a debatirse- abre las puertas a la privatización y pone punto final a este sector “cajero”, mal gestionado y mediatizado por la política, del sistema financiero español.

Naturalmente de esta “boda” habrá que una hacer lectura política reposada, aunque ya están algunos, como los medios afines al PSOE, poniendo etiquetas políticas al enlace: se casan dos grandes cajas del PP para montar el gran banco de los populares gestionado por Rato”. Y no faltarán alusiones al hecho de que tanto el gobierno de Camps como el de Aguirre se han visto implicados en el escándalo de Gürtel. Pero también podría decirse que La Caixa es el banco del nacionalismo que los independentistas y catalanistas quieren convertir en su soñado “Banco Nacional Catalán”. Como otros analistas subrayan la buena sintonía entre Zapatero y Botín, o la mala relación y el presunto aislamiento de BBVA y Francisco González en sus relaciones con el Gobierno.

Lo que está claro es que Miguel Blesa no tenía fuerza en la Comunidad de Madrid, ni en la de Valencia, para forzar algo así. Ni siquiera para sobrevivir en el poder de la caja madrileña como luego se apreció. Además, la legitimidad de Rato en Caja Madrid no tiene su principal punto de apoyo en Esperanza Aguirre por mucho que sonría disimulando su malestar y pérdida de poder (sus consejeros se diluirán tarde o temprano en un ámbito mayor), porque a Rato quien le dio mando en la plaza fue Rajoy frente a la pretensión fallida de Aguirre de colocar en la Caja a su adjunto, Ignacio González. Y además Rajoy tiene ahora muchas papeletas para llegar vencedor a la presidencia del Gobierno y entre esto, y los problemas Gürtel de Aguirre y Camps, Rodrigo Rato tiene expedito el camino para gobernar a sus anchas la nueva entidad

Otra cosa y otro cantar será ver como se encaja la fusión y cómo responderá el mercado ante la irrupción del nuevo tercer banco nacional. Sobre todo cuando se sabe que nadie está para tirar cohetes y que la procesión va por dentro de todas las entidades del sistema financiero de este país. El mismo al que ayer el gobernador del BCE, Trichet, dio una buena noticia diciendo que a nadie le faltará liquidez, lo que disparó la bolsa de Madrid como si estuviera festejando la boda de Bancaja con Caja Madrid donde Rodrigo Rato parece haber encontrado el poderoso observatorio y centro de operaciones con el que soñaba desde que regreso a Madrid.