Rajoy no hace nada

El líder de la oposición, Mariano Rajoy, y su Partido Popular permanecen quietos ante la grave crisis que padece España y esbozando una amplia sonrisa mientras contemplan ensimismados los buenos pronósticos que les ofrecen las encuestas pre electorales de más de diez puntos de ventaja sobre el PSOE, a la vez que confirman el hundimiento del prestigio y de la credibilidad del presidente Zapatero. El que, desde su postración y deterioro político, está reaccionando y tomando la iniciativa política con duras reformas de ajuste fiscal, estructurales y sociales que constituyen no solo una rectificación -sin duda tardía pero obligada- de sus políticas y de sus errores sino también un vuelco a su discurso social y posicionamiento ideológico.

Lo que en una reducción simplista de semejante espectáculo permite decir que Zapatero ha girado a la derecha y a las órdenes de los fieros mercados financieros de los que abominaba, mientras que por el contrario tanto Rajoy como algunos de sus dirigentes, empeñados en su estrategia de oponerse a todo sin ofrecer alternativas, parece que ha girado hacia la izquierda como se demostró en la convalidación del decretazo del Gobierno que el PP consideró bastante anti social en lo relativo a la congelación de las pensiones, y que acaba de ampliar a la bajada del sueldo de los funcionarios antes las pintorescas declaraciones de dirigentes del PP como Pons, Cospedal y Saéz de Santamaría, declarándose favorables a la huelga de funcionarios. La que dicho sea de paso, y en estas circunstancias, ha ganado Zapatero y han perdido CC.OO. y UGT, así como los pretendidos huelguistas/oportunistas del PP. Decir, como dijo Pons, que si él fuera funcionario habría participado en la huelga, no deja de ser llamativo y sorprendente al igual que otra declaración suya criticando a Zapatero por haber quitado el impuesto sobre el patrimonio (sic).

Pero al margen del giro a la derecha de Zapatero y a la izquierda de Rajoy, lo más preocupante del comportamiento político del PP –si lo comparamos con los grandes partidos europeos que están en la oposición- es que su actitud ante la crisis económica es solo la de criticar, cuando podían hacer muchos más, por ejemplo empezando por las Comunidades autónomas en las que gobiernan, como las muy poderosas de Valencia y Madrid que deberían ser ejemplos de las grandes reformas de ajuste del déficit y estructurales que el PP haría si llegara al poder, lo que no se ve por ninguna parte. Como no se conocen sus posiciones concretas en cuestiones claves como las reformas del mercado laboral o de las cajas de ahorro, ni sobre otras muchas políticas, porque Rajoy y el PP están solo al desgaste de Zapatero y del Gobierno y se olvidan de que, mal que nos pese, este es el Gobierno de España y que algo debían de ayudar.

Por ejemplo, ¿acaso no fue Rajoy a la Moncloa a ofrecerle a Zapatero un pacto para reducir el déficit público? Pues bien, ¿por qué cuando Zapatero reconoce su error, y anuncia sus medidas de rectificación en el Congreso de los Diputados no se escuchó en la Cámara un discurso del líder de la oposición en este sentido: “usted se ha equivocado y rectificado y trae tarde y mal a la Cámara un plan de ajuste del déficit importante, pero con aspectos que no compartimos, pero le ofrecemos una mesa de trabajo para retocar y ampliar ese plan de manera conjunta entre el PSOE y el PP, para ofrecer confianza a los mercados y ayudar entre todos a la salida de la crisis”. Pues no, Rajoy no hizo nada de esto y con su actitud desveló que su oferta aquella del palacio de la Moncloa era puramente testimonial y a sabiendas de que Zapatero le diría que no. Y cuando tuvo la oportunidad de participar en la rectificación de Zapatero, Rajoy se limitó a presumir que él era quien tenía razón -lo que es verdad- y a atacar en lo político y en lo personal al jefe del Gobierno, convencido de que con ello lo hundiría mas en las encuestas y que subirían sus oportunidades de llegar al poder.

Y si el argumento de Rajoy era, como parece, que Zapatero no tiene arreglo ni credibilidad para gobernar y para realizar los cambios, ¿por qué Rajoy no lanzó la moción de censura, aunque la pierda en votos, para poner al jefe del ejecutivo ante su responsabilidad y a la vez presentar en el Parlamento el verdadero y hoy oculto programa de gobierno del PP, y a ser posible también la lista de sus ministrables? Semejante iniciativa de censura habría impedido que el debate de la nación fuera relegado a los días 14 y 15 de julio, pero el PP no quiere un solo riesgo, no toma la iniciativa y se limita a ir a remolque de los acontecimientos con la crítica afilada pero sin ayudar. ¿Qué ha hecho el PP contra la crisis económica en el plano nacional y en las autonomías y municipios donde gobierna?

Para darnos una idea de cómo se ejerce la oposición desde el PP tenemos el caso Bono. Desde la dirección del PP se mandan recortes de prensa a la fiscalía del Estado para que investiguen al presidente del Congreso, pero ¿por qué no preguntan por Bono en la sesión del control al Gobierno, y por qué no inundan el Parlamento de iniciativas contra el presidente de la Cámara si están tan convencidos de su grave y presunta responsabilidad? Todo queda en insinuaciones que luego propagan en esas ruidosas tertulias de radio y televisión donde la dirección del PP se confunde con toda clase de personajes extremos y pintorescos.

Naturalmente, Zapatero lo tiene muy mal y su recuperación política y la de su partido parece al día de hoy misión imposible. Pero en este país pasan demasiadas cosas y si en los próximos meses no se produce un acontecimiento de la mayor gravedad –como un ataque frontal de los mercados a España, o la no aprobación de los Presupuestos de 2011-, entonces cualquier cosa podría ocurrir. Además al PP, en las actuales circunstancias políticas periféricas donde CiU y PNV piden en sus respectivos territorios consultas para la independencia de Cataluña y del País Vasco, no le basta con ganar las elecciones para gobernar sino que necesita mayoría absoluta o casi absoluta (unos 170 diputados), porque con estos nacionalista no podrá pactar sin la previa renuncia de puntos esenciales de su programa y de su modelo de España.

De ahí que este mal comportamiento político de Rajoy y del PP ante los problemas de España y su absentismo en la responsabilidad nacional merezca ser criticado y lamentado, porque solo le falta a los españoles unir el desastre de Zapatero -del que el presidente intenta salir a duras penas y con gran esfuerzo- el páramo absentista de una “izquierdista” oposición de derechas para que una gran mayoría de los ciudadanos se sumerja en el desánimo y la desesperación. Y no digamos lo que ocurriría en el PP si por casualidad Zapatero y el PSOE se recuperan algo en las encuestas y proporcionalmente baja el PP. En semejante escenario, que hoy no parece que esté cerca, asistiríamos a un golpe de euforia de los socialistas y a una desmoralización del PP y por supuesto a una nueva oleada de críticas contra la pasividad y la debilidad del liderazgo de Rajoy, que emanarían desde la propia derecha como ha ocurridos otras veces. De manera que o el PP reacciona como debiera o correrá el riesgo de desfondarse otra vez. Algo que al día de hoy parece imposible pero no improbable por lo que se ve.