Zapatero no es de izquierdas

En realidad nunca fue de izquierdas sino un oportunista. Pero ahora a Zapatero, el que llama a sus periodistas de cabecera cuando alguno se le desmanda para decirle “fulanito, no digas eso que tú y yo somos de izquierdas” se le ha derretido la máscara de cera de rojo republicano –de republicano y no digamos de demócrata tiene menos todavía- de la que presumía cuando llegó al poder y daba al nuevo rico de Pepe Bono, a la sazón ministro de Defensa, la orden solemne y televisada, de la inmediata retirada de las tropas españolas en Afganistán. Ahora Zapatero ha vuelto a enviar soldados españoles a Irak –“disfrazados” de guardias civiles-, aumenta sin cesar el contingente militar español en la guerra de Afganistán, y tiene en zona de peligro a cientos de soldados de nuestro país desplegados en el Líbano. Del pacifismo inicial de Zapatero ya no queda nada.

Y el Estado del bienestar lo va a dejar reducido a la mínima expresión. De momento ha bajado los sueldos a los funcionarios, ha congelado las pensiones, quitado el cheque bebé, y frenado el apoyo a los enfermos dependientes, y se prepara para rebajar el coste del despido. Lo que nunca se hubiera atrevido a hacer un gobierno del PP, ni José María Aznar en el tiempo de su mayoría absoluta, lo hace Zapatero a toda velocidad, sin pestañear y con el argumento de que se lo ordenan los mercados. Ese demonio infernal y especulador del que se reía el presidente y al que culpaba de la crisis económica internacional y española, y al que ahora adora postrado de hinojos como si del mismísimo becerro de oro se tratara.

Nada de lo que dice Zapatero es verdad. Ni se ha hecho más fuerte en la dificultad como presumía en la Moncloa ante la montañera Edurne Pasabán –porque está anímicamente destrozado, ante su dramático final político-, ni tienen nada que ver los maléficos mercados con el brutal ajuste social que está imponiendo a toda prisa porque de lo contrario podría llevar España a una situación de quiebra y de descrédito internacional. El vuelco político de Zapatero, su paso del rojo izquierdista al azul conservador, se debe a su más que proverbial incompetencia y a su inútil empeño de ocultar los errores y la realidad. Los mercados no tienen nada que ver con las medidas del recorte social que está llevando a cabo el gobierno a toda velocidad y de mala manera.

Todo esto es consecuencia de su incapacidad. Porque si el presidente hubiera reconocido la crisis a primeros de 2008, como se lo decía todo el mundo, y si hubiera empezado entonces a tomar las medidas pertinentes y no ahora con dos años y medio de retraso, Zapatero habría evitado el dramático ajuste social que ahora lleva a cabo de manera tan desarbolada como improvisada y con el riesgo añadido de que no sirva para nada. Porque si antes eran el déficit y el paro los aparentes culpables de la mala imagen de España y del temor de los inversores, ahora son la recesión prolongada y la crisis del sistema financiero español –que el presidente decía ser el mejor del mundo- lo que provoca la desconfianza.

Y sería tremendo que, después del ajuste duro y social de la crisis, España fuera objeto de un nuevo ataque especulativo de los mercados, cosa que no conviene descartar, lo que dejaría a Zapatero en la peor situación posible. Porque toda la izquierda le dirá: has traicionado a los trabajadores y a los sindicatos y ahora, que te han puesto de rodillas, los famosos mercados te vuelven a atacar. Entonces ¿para qué el sacrificio social? Y otra cuestión: ¿no habría maneras bien distintas para recortar el déficit sin tocar a los pensionistas y los funcionarios? Claro que sí, pero el día ocho de mayo le leyeron la cartilla en Bruselas, llegó despavorido a Madrid, y cogió las tijeras y empezó a cortar por lo que tenía masa mano, lo más fácil y evidente, y lo que en teoría más gusta a los especuladores de los mercados: el gasto social. Nada de abordar el despilfarro inmenso de la nación, tanto el estatal como el autonómico, o de retirar las tropas de Afganistán y Líbano –que es lo que debió decirle a Obama cuando le llamó para presionarle- o cosas parecidas. El ajuste puro y duro que ahora se extiende a la reforma laboral, también a las bravas y en el mismo día en el que inicia su andadura la Selección nacional de futbol en el mundial de Suráfrica para que no se escuche la queja sindical, si no hay acuerdo previo con la patronal.

Y el mismo día, eso sí y para disimular, anunciará vestido de rojo el nuevo impuesto para los ricos, otro espectáculo caótico que ante las dudas y contradicciones del gobierno comenzó a circular por su cuenta porque su barones autonómicos, desesperados por el hundimiento de sus expectativas electorales que les acarrea Zapatero, han decidido vestirse ellos de rojo por adelantados como lo ha hecho el inefable Montilla subiendo el IRPF en territorio catalán. Y mientras tanto la fuga de capitales españoles hacia otras plazas, bancos y empresas de nuestro entorno europeo no cesa de aumentar. ¿Quien dijo que Zapatero era de izquierdas? Ya está en la historia de la transición española como el gobernante que mas recorte social ha producido. Lo malo es que no es ni de izquierdas, ni de derechas, ni de centro, ni federal, ni confederal. Es, políticamente hablando, rematadamente tonto, pero dotado de una poderosa perversidad. Si cree que hay que machacar a funcionarios, pensionistas y sindicatos para permanecer en el poder, que es lo único que le divierte y le importa, lo hará. Ya lo está haciendo sin pestañear.