Del “Éxodo” a “La flotilla de la paz”

No hubo error ni legítima defensa. El mortífero ataque de la armada israelí a la llamada “flotilla de la paz”, que pretendía llevar al puerto de Gaza ayuda humanitaria, fue un acto de guerra unilateral o piratería premeditada en las aguas internacionales perfectamente calculado por el gobierno de Tel Aviv que buscaba sangre y escarmiento para quienes se atrevan a intentar algo similar. A sabiendas que en semejante convoy solo había personas indefensas y que nadie ha puesto en peligro la seguridad de Israel, que es el argumento oficial que suele utilizar este país para justificar sus desmedidas agresiones y brutal ley del talión en continuos enfrentamientos con los palestinos que habitan en los territorios ilegalmente ocupados por Israel, a pesar de las muchas condenas de las Naciones Unidas.

La suspensión de la visita a Washington del primer ministro israelí, Netanyahu, no es respuesta suficiente por parte de la administración de Barak Obama que tiene ante sí la enésima prueba de fuego frente a los continuos desafíos del gobierno de Tel Aviv, que no hace mucho recibió al vicepresidente Biden con nuevos asentamientos ilegales en Cisjordania. Y que no cesa en sus advertencias militares contra Irán, como si Israel buscara un nuevo enfrentamiento en Oriente Próximo -como aquel injustificado de la guerra de Irak-, porque ese caldo de cultivo belicista en la zona es el que suele convenir a la estrategia expansionista de Israel forzando la mano de su histórico aliado, los Estados Unidos, para reforzar su posición y alianza militar y económica.

Y de paso para desestabilizar el polvorín de esta incandescente zona del mundo en plena crisis económica y financiera internacional. Aunque da la impresión que esta vez el belicoso y radical gobierno de Tel Aviv ha ido demasiado lejos, territorial y militarmente hablando, porque actuó en aguas internacionales del mar Mediterráneo donde las fuerzas navales de la OTAN suelen patrullar, y donde la Unión Europea -que en la actualidad preside España aunque no se note- tiene tantos intereses políticos y estratégicos.

¿Qué va a pasar? En el campo de las relaciones internacionales probablemente nada salvo las consabidas condenas políticas, especialmente las de Occidente y los Estados Unidos, que ya veremos si se convierten en duras sanciones contra Israel en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU. Un lugar donde Washington suele utilizar su veto en defensa de los intereses de su viejo aliado, dejando en evidencia por enésima vez la inutilidad de las Naciones Unidas y las distintas varas de medir que el máximo órgano de la ONU utiliza a la hora de dictar sanciones, por ejemplo contra Irán por su expansión nuclear, o ahora contra Israel.

En el ámbito de la tensión militar en la zona las cosas pueden ser diferentes si los sectores más radicales de Palestina o Líbano -Hamás y Hezbola- responden con fuego y reactivan las luchas a las que hemos asistido en tiempo no lejano, dejando en el aire el riesgo de una nueva guerra global árabe-israelí, además de alimentar el terrorismo islámico de Al Quaeda y de sus aliados en cualquier parte del mundo. Y a no perder de vista los riesgos que todo ello entraña para el Líbano, país donde España tiene desplegado un importante contingente militar, o la guerra de Afganistán donde la presencia militar española también es importante y, por lo que se le acaba de oír al recién dimitido presidente de Alemania, Horst Koehler, las tropas occidentales que se han desplegado en ese país no están allí para defender la paz y la democracia como se dice en España y otras capitales europeas, sino para defender los intereses económicos de las grandes potencias occidentales.

Naturalmente el reguero de sangre que Israel ha dejado a bordo de “la flotilla de la paz” se ha convertido, en el mundo comunicado en que vivimos, en una gigantesca campaña mediática en contra de Israel y de su gobierno, que ya no disfruta de la primacía que en otros tiempos tuvieron en las grandes agencias internacionales de comunicación escritas y audiovisuales, y que ahora ha ofrecido la imagen de un país que ha actuado como Goliat frente a los débiles y no como el legendario David. Lejanos quedan los tiempos de aquella extraordinaria película de Otto Preminger donde miles de judíos emigrantes regresaban a Palestina a bordo del buque “Éxodo” que sorteaba toda clase de dificultades para alcanzar la “tierra prometida”. Ahora “la flotilla de la paz” que navegaba hacia Palestina fue asaltada a sangre y fuego por la armada despiadada del ejército israelí.