Rajoy rechazó la presión de “los ricos”

Si las cosas están tan mal y las amenazas que sobrevuelan el cielo español son tan ciertas como para poner en peligro la quiebra del Estado o del sistema financiero parece  claro que cualquier solución pasa por la destitución de Zapatero, con o sin las elecciones anticipadas, y por un gobierno de concentración nacional entre el PP y el PSOE. Lo que no se puede consentir en ese caso extremo, ni siquiera en el difícil momento actual, es mantener en el poder a tan desastroso gobernante que además daña la credibilidad y la solvencia de España en la escena internacional. De ahí que Mariano Rajoy hiciera bien en votar en contra del decretazo de Zapatero en su convalidación parlamentaria, y que rechazara de plano las indecentes presiones de “los ricos” amigos de la Moncloa que asediaron el despacho del jefe de la oposición, tras recibir las oportunas instrucciones para propagar un cuento de terror, al que luego de manera irresponsable dio credibilidad el comisario europeo Joaquín Almunia.

Ha dicho Josep Borrell en sus análisis clarividentes de la crisis –muchos de ellos en estas páginas digitales- que los gobiernos han jugado al póker con los mercados y han perdido, porque la opacidad y ausencia de controles del sistema financiero y de sus “derivados” ases escondidos en la bocamanga les daban una ventaja insuperable. En una partida donde la debilidad del jugador europeo era todavía mayor por la ausencia de una cohesión fiscal coordinada y de una política de estabilidad muy permisiva. Ni siquiera cuando parece imponerse en la UE un duro ajuste social del déficit público, pagando un alto precio de crecimiento y paz social, está claro que semejante sacrificio fiscal vaya a apaciguar la insaciable sed de los especuladores de la deuda pública. La que en el caso español se extiende a la banca privada por el desmedido endeudamiento de nuestro sistema financiero, del que el presidente Zapatero decía que era el mejor del mundo y que hoy se encuentra en el ojo del huracán.

La suma del optimismo ciego de Zapatero con su negacionismo y parálisis ante la crisis ha conducido al gobierno de España no solo a la mesa de póker donde los tahúres de los mercados son los amos del tapete, sino a un juego de mayor riesgo como la ruleta rusa con un revólver que llevaba más de una bala en el tambor. Dejando en evidencia tanto la temeridad como la incapacidad política del presidente español y su equipo ministerial, hecho a su imagen y semejanza como quedó retratado en el BOE. Y poniendo nuestro país en la primera línea de fuego y entre los objetivos a batir por los mercados, porque todas las medidas que se toman parecen insuficientes y provocan el nerviosismo de la UE y del FMI que piden más y más, en reformas del sistema financiero y del mercado laboral, lo que coloca a los sindicatos entre la espada y la pared a la espera de un pacto de mínimos con la CEOE, o de un nuevo decretazo del gobierno que los empuje a la huelga general.

En semejantes circunstancias, hemos asistido la pasada semana en el Parlamento a un indecente espectáculo político donde el presidente Zapatero pretendía culpabilizar a la oposición de su incapacidad exigiendo la convalidación, sin una negociación previa, del decretazo improvisado e injusto que ha cargado el peso del recorte sobre los sectores más débiles (funcionarios y pensionistas) con el argumento falaz, por parte de Zapatero -que dilapidó dos años y medio-, de que el tiempo no daba respiro y estaba en peligro “la quiebra del Estado” o de la banca española. O sea: yo ó el caos.

Un ejercicio de terror inducido por el palacio de la Moncloa que movilizó sus banqueros y empresarios de camarilla –los famosos visitadores del presidente que entre otras cosas  financian su gigantesco y arruinado multimedia de propaganda- para presionar todos al unísono al líder de la oposición, Mariano Rajoy, a fin que se abstuviera en la votación de la convalidación del decretazo y le diera a Zapatero un balón de oxígeno. Tal y como lo pidió con desvergüenza al presidente del PP el diario El Mundo en un bochornoso editorial que evidencia la connivencia del rotativo con Zapatero, mientras para disimular exige que corte la cabeza a la vicepresidenta Salgado a ver si con una crisis de gobierno Zapatero remonta el vuelo cual “ave fénix”, como imploraba el domingo en su artículo el director de este diario “presidencial” (El País es “sólo” socialista y gubernamental).

En el despacho de Rajoy se amontonaron las llamadas de “”los ricos” monclovitas para exigirle un salvavidas para Zapatero como el que “in extremis” le regaló Durán Lleida en nombre de CiU. Pero no como un acto de responsabilidad política sino para evitar que unas elecciones anticipadas coincidieran con sus comicios autonómicos catalanes de noviembre, donde Artur Mas espera lograr la presidencia de la Generalitat. A Rajoy “los ricos” de la Moncloa le anunciaron las siete plagas de Egipto: a España le acababan de quitar la calificación triple A; la banca privada tenía serios problemas para renovar sus créditos; el interbancario había dejado de funcionar; muchas cajas de ahorro estaban en quiebra, etcétera. Pero el paciente Rajoy, el santo Job español, no se dejó impresionar, y les dijo, como repitió en el Parlamento, que no había más salida que la dimisión o cese del enloquecido faraón de la Moncloa. El que ahora enredado está con el anuncio de la séptima plaga: la huelga general. Y el que perecerá ahogado con sus tropas si intenta pasar las milagrosas aguas del Nilo en la próxima campaña electoral.