La soledad y el relevo de Zapatero

Atención a la revuelta municipal que se empieza a detectar entre ediles y funcionarios que se rebelan -como ha ocurrido en alguna localidad- contra los efectos y el mandato del duro ajuste económico y social del decretazo del gobierno que ayer convalidó el Congreso de los Diputados por un solo voto de diferencia y con ayuda de la cínica abstención de CiU. Y atención con la posible huelga general de la que hablan sin cesar los líderes sindicales, visto el absurdo estancamiento de la negociación para la reforma del mercado laboral que, a falta de acuerdo, puede ser objeto de un segundo decreto del gobierno que ponga punto final a la cristalina paz social.

La que está pendiente de un hilo, como de un pelo, o un voto, pende ahora sobre la cabeza de Zapatero la espada de Damocles que podría partir la legislatura y anunciar la convocatoria de unas elecciones generales anticipadas. Y no solo cuando le convienen a CiU, es decir después de las autonómicas catalanas del otoño (y coincidiendo, en ese caso, con las municipales y las autonómicas de 2011), sino precisamente en este otoño. Porque la crisis de la economía, las finanzas y el paro, y la debilidad parlamentaria y personal del presidente no permiten que tan delicada situación se pueda prolongar durante los próximos seis meses. Máxime cuando se sabe que el gobierno no cuenta con mayoría suficiente -ni siquiera con CiU- para aprobar los Presupuestos Generales de 2011.

Por todo esto ha hecho bien Zapatero en suspender su viaje a Brasil para participar en la no menos fantasmagórica cumbre de la Alianza de Civilizaciones, que no sirve para nada, como se acaba de comprobar en la suspensión de la cumbre euro mediterránea de Barcelona. Zapatero sabe que no está para viajes trasatlánticos porque el estallido de la paz social amenaza con llegar a la calle en cualquier momento, desbordando incluso a los líderes sindicales que están presos de sus ejecutivas y sus bases entre las que figuran muchos de los casi cinco millones de parados de este país.

Una nación profundamente herida donde al caos del gobierno y descrédito del presidente se suman los irresponsables dirigentes catalanes que, en lugar de ocuparse de los problemas de sus ciudadanos, pretenden dar órdenes al Tribunal Constitucional o se pavonean con el mayor de los cinismos en el Congreso de los Diputados donde Durán Lleida dio ayer toda una lección de desvergüenza política llegando a pronunciar descalificaciones políticas y personales contra el presidente del gobierno para luego perdonándole la vida y el decreto con la incoherente abstención de su grupo parlamentario. Y presentándose en la Cámara como el dueño y señor de la situación, cuando en realidad CiU ya es cómplice del decretazo y del presidente quien luego, apesadumbrado por lo que tuvo que escuchar desde la izquierda y la derecha, se lo agradeció.

La legislatura esta acabada y Zapatero también. Y puede que, de manera inconsciente o incluso consciente -hace pocos días dijo que lo importante era “el futuro de España y no su futuro político y personal”-, el presidente se esté despidiendo y cargando sobre sus espaldas (y las del PSOE) con todo el peso de la rectificación, para luego dar paso a las elecciones generales anticipadas y en ese caso también a un nuevo líder del PSOE. Partido donde se ven inquietos y con ambición a Rubalcaba, Blanco y a los íntimos colaboradores de Felipe González, como Javier Solana, por si tuvieran que preparar un “plan B”, ante el riesgo de desplome político y personal de Zapatero. Una estrategia que incluya la sustitución del líder socialista incluso en el caso de que no se adelantaran las elecciones generales porque el descrédito personal y político de Zapatero va creciendo y daña a España, al gobierno y al PSOE.

Un descrédito real que puede sumir a España en una profunda depresión y ante el que el Partido Popular de Rajoy -quien no sabemos cómo le consiente a Francisco Camps decir que se está enfrentando “al aparato del Estado”- también debería tener preparada su alternativa (o su coalicción), porque los acontecimientos se suceden a gran velocidad y muchos de ellos ya están fuera de control. E incluso al margen del país como los relativos a los embates de los mercados y a las dudas sobre nuestro sistema financiero al que el Banco de España acaba de dar otra vuelta de tuerca por el riesgo de sus activos inmobiliarios e hipotecas insolventes que están dañando la deuda del Estado, y la privada de muchas entidades financieras españoles que están sufriendo problemas para su renovación.

Estamos en una encrucijada difícil de solventar. Y aunque es cierto que el gobierno ayer salvó los muebles por un voto, su soledad es manifiesta ya ha conseguido ganar tiempo pero no la estabilidad. Y ya veremos qué pasa con la paz social porque los nervios están a flor de piel y los ciudadanos de a pié, los auténticos perdedores de la crisis, están a punto de estallar, máxime si desde la izquierda política y sindical se culpa a Zapatero y a su gobierno del deterioro general.