Qué traman Rato y Fainé

El gobierno de Zapatero se está poniendo las pilas y ha decidido que es mejor ponerse una vez colorado que ciento amarillo. De ahí su decretazo de duro ajuste social del déficit, y también la intervención de Caja Sur ante las místicas dilaciones de los canónigos cordobeses que ahora se verán las caras con el Banco de España. Una intervención esta última que constituye un aviso a navegantes de cajas de ahorro españolas con problemas que son más de las que parecen y que empiezan a tomarse en serio las advertencias de las autoridades políticas y monetarias. Así se acaba de apreciar en la cuádruple fusión anunciada por Cajastur, CAM, Caja Extremadura y Caja Cantabria, que si todo va bien esperan convertirse en la tercera caja de ahorros nacional detrás de La Caixa y Caja Madrid.

Detrás de las dos grandes cajas españolas que presiden Isidro Fainé y Rodrigo Rato, los que en estos momentos de fiebre de fusiones algo estarán tramando porque por algo ambos dos han sido los autores del desembarcó del catalán en la presidencia de la CECA (la Confederación de las Cajas) y llevan tiempo –ambos coincidieron en el consejo de Criteria- hablando en privado y maquinando sobre la situación política general, y las particulares de Cataluña y Madrid que es donde ambos presidentes tienen sus respectivas sedes y zonas de dependencia política.

Isidre Fainé, hoy bajo la influencia directa del gobierno tripartito de la Generalitat, y de CiU que está a la espera de recuperar el poder en las elecciones autonómicas del otoño. Pero también con una especial relación con el PSOE nacional y el presidente Zapatero que le ayudó y bendijo su desembarco en la CECA. Y a no perder de vista sus relaciones muy especiales con otras grandes empresas catalanas y del resto de España. Así como con destacados grupos de comunicación, especialmente con los catalanes entre los que La Caixa parece muy activa como ocurre ahora con el Grupo Zeta alineado con el PSC de José Montilla.

Y Rodrigo Rato, bajo la influencia esencial del Partido Popular y de una manera particular de la Comunidad de Madrid, así como del Ayuntamiento de la capital, aunque su llegada a la cúpula de Caja Madrid fue impuesta por Mariano Rajoy por encima de las pretensiones de Esperanza Aguirre que intentó en vano colocar al frente de la entidad a su número dos Ignacio González. También Caja Madrid tiene relaciones especiales con grandes empresas, y lo mismo le ocurre con los medios de comunicación afines al PP –algunos de ellos pintorescos de la derecha más cerril- pero sin perder de vista su presencia en el club crediticio del Grupo Prisa donde también está como otros grandes bancos, naturalmente todo heredado por Rodrigo Rato que acaba de llegar a la caja madrileña.

Es posible que a Fainé y Rato les guste la idea de la macro fusión de La Caixa y Caja Madrid para liberarse de sus actuales cadenas y dependencias políticas e ideológicas y también para convertirse en un gran banco nacional. Para lo que cuentan con el compromiso de Zapatero y Rajoy de una nueva ley de Cajas que permitirá la entrada de socios, o accionistas, con cuotas participativas con derecho a voto y presencia en bolsa. Aunque les falta por saber el nivel del porcentaje que se destinará a esta privatización, lo que el gobierno no va a desvelar ahora para no añadir más leña al fuego de la negociación en curso de la reforma laboral con los sindicatos, que bastante excitados están con el decretazo presupuestario por la vía del gasto social.

La deriva soberanista del nacionalismo (CiU) y del catalanismo (PSC) catalán de los últimos meses, a propósito del estatuto catalán y ante la cercanía de las elecciones autonómicas, ha aumentado -o debería aumentar- la preocupación de los primeros responsables de La Caixa sobre el efecto que estos desafíos puede tener en su clientela, como ya lo sufrieron en muchas de sus oficinas de toda España a propósito de la guerra del cava que desató Carod Rovira. El espectáculo que dio José Montilla en el Senado, con su exhibición lingüística y sus habituales amenazas sobre el futuro de la relación de Cataluña con el Estado, o sus descalificaciones de última hora contra el Tribunal Constitucional -sobre el que han estado callados tres años una vez que creían tener controlada la sentencia-, son discursos que retumban por la geografía española y que difícilmente se pueden apaciguar con campañas sobre “la obra social de La Caixa”, la que por cierto es importante y eficaz.

La macro fusión entre La Caixa y Caja Madrid -con dos gallos, Fainé y Rato, en el mismo corral- no es fácil pero cosas similares o mayores se ha visto en la banca española desde inicio de la transición por lo que nadie la debería descartar. Aunque para ello habría que cambiar la ley de cajas, primero, y luego ver que pasa en las elecciones autonómicas catalanas, las municipales y autonómicas del próximo año y las generales de 2012. A no ser que alguno de los dos, Fainé o Rato (o los dos) tenga un as de oro en la manga y aprovechen el rio revuelto para sorprender a todos con una gran operación. Nada conviene descartar porque los acontecimientos políticos y económicos se desarrollan a gran velocidad. Como no hay que descartar otras bodas de tronío con Bancaja o BBK, y alguna menor de urgencia como la de Caja Guadalajara que, o encuentra novio, o se juega la intervención general a gran velocidad.