La hora de los valientes

El presidente Zapatero no dice la verdad ni cuando acierta. No son las circunstancias, como dijo en Elche a solas con Pajín y en ausencia de su gobierno y de los dirigentes socialistas, lo que ha provocado el ajuste duró y social que acaba de decretar. La causa de esto y de la mala situación de España radica en que en los tres últimos años Zapatero negó la gravedad de la crisis y no tomó las medidas oportunas. Además tampoco ha sido el presidente español el “valiente” autor del ajuste del déficit del que en cierta manera presume poniendo a España por testigo de su pretendida audacia. La orden le llegó a Zapatero llegó de la Unión Europea que lideran Merkel y Sarkozy que son los que obligaron el ajuste duro e inmediato, porque los errores del español no solo ponían en peligro nuestro país sino que estaban amenazando al euro y al conjunto del sistema monetario europeo.

Ante semejante situación y a la desesperada Zapatero dio el bandazo y metió las tijeras del gasto por el lado más débil y fácil del tejido social español, los funcionarios y los pensionistas. No tenía tiempo de estudiar o negociar otras alternativas como la que tienen que ver con el despilfarro estatal y autonómico: los miles de asesores, empresas públicas y las televisiones autonómicas, de embajadas pintorescas de las autonomías, de ruinosas cajas de ahorro que el Estado debería vender, de las inútiles y caras energías renovables y de las subvenciones de corte pretendidamente social, o los viajes fastuosos de sus ministros y vicepresidentes, como los de De la Vega. Y anunciando una profunda rebaja del gasto militar y retirando las tropas españolas de Líbano, Agfanistán, e Irak (a donde han vuelto vestidas de guardias civiles).

El presidente está desconcertado porque tiene por un lado el gobierno “intervenido” política y presupuestariamente por la UE, y por otra parte destruido su discurso electoralista y social y, como lo zorra que no alcanzaba las uvas más altas, nos dice que ahora no piensa en su futuro político ni en electoralismo porque ahora “solo piensa en el futuro de España”, y porque él es un valiente que ha cogido por los cuernos el bravo toro español.

Por eso se atreve Zapatero a presentarse ante los suyos diciéndoles que es “la hora de los valientes”, que fue el mensaje con el que presentaron en Elche a tan destacado orador. Pues sí, hay que ser políticamente valientes, o suicidas, en el PSOE como para no exigir con la mayor urgencia un cambio de líder y de jefe de gobierno antes de que lleve este país al desastre y de que destruya el partido socialista y lo deje inservible para muchos años.

Pero ese discurso de los valientes –pero el de los falsos valientes- es el que vamos a oír en los próximos meses, porque sobre semejantes arenas movedizas pretende Zapatero reconstruir su liderazgo y levantar el vuelo con la ayuda de los inagotables mercaderes nacionalistas tanto de Cataluña como del País Vasco, siempre dispuestos a sacar tajada de los males de España. Con los dirigentes de CiU y del PNV quiere Zapatero un pacto parlamentario para que se abstengan y le permitan aprobar el decreto del ajuste social, a pesar que Durán Lleida había pedido elecciones anticipadas, que serían una realidad si PNV y CiU votan ahora contra el gobierno, en coincidencia con la izquierda anti decreto y con el PP.

Pero el plan de salvación de Zapatero pasa por un pacto con CiU en Cataluña, a cambio de la Generalitat tras las elecciones de noviembre; y por otro con el PNV en Euskadi en torno a la nueva negociación con ETA y a su regreso al gobierno vasco. Intentando, a la vez, por todos los medios mantener la paz social y que no haya huelga general, y esperando que de aquí a 2012 los brotes verdes de la economía y del crecimiento hayan aumentado un poco más. Pide lo imposible y sabe que ha perdido toda la credibilidad, por eso ahora recurre a la épica de “los valientes” frente al desastre de la legión de los parados. No tiene arreglo y está en esa fase de la ofuscación personal en la que no ve el final de su ya demasiado larga y demencial escapada como presidente de España. Todavía considera que tiene dos años por delante y que es tiempo suficiente para lograr la recuperación económica y social, y no entiende que esto va para largo porque este país entró por el sendero de la crisis de largo plazo (el modelo japonés) y no caben más sorpresas sino para ir a peor.