Zapatero recula y Marruecos ataca

No hay minuto de tregua ni de descanso para el presidente Zapatero a quien se le acumulan los problemas y que ayer escenificó a enésima rectificación diciendo que ahora no congelará las pensiones, en contra de lo que anunció la pasada semana en el Congreso de los Diputados y de lo que trasmitió a las autoridades europeas y a los mercados internacionales, como una de sus medidas estelares para garantizar el recorte del déficit. Las medidas que la vicepresidenta Salgado explicaba ayer en Bruselas al mismo tiempo que Zapatero rectificaba en Madrid dando la imagen de un político perdido, desarbolado y sin criterio al que le mandan y le corrigen sus decisiones económicas desde la Unión Europea, y las sociales desde las centrales sindicales que habían amenazado con la huelga general si las pensiones eran incluidas en el ajuste social.

Ante semejante espectáculo de incapacidad política y gran confusión se comprende -aunque resulte repugnante e inaceptable de todo punto- que el Rey de Marruecos, Mohamed VI, haya querido aprovechar el río revuelto español para insinuar su particular “marcha verde” sobre Ceuta y Melilla. Las dos plazas españolas sobre las que el primer ministro marroquí, Abás El Fasi, exigió ayer en el parlamento de Rabat la apertura de negociaciones con Madrid para poner fin a lo que calificó como “ocupación” de ambas ciudades por parte de España.

El hecho de que Zapatero esté enloquecido y desbordado, de que el Rey don Juan Carlos esté enfermo, y de que España esté atravesando una grave crisis económica y social no es ajeno a este movimiento de ficha del Rey Mohamed VI contra una España en dificultad. Eso fue lo que hizo su padre para conquistar el Sáhara, aprovecharse de la enfermedad terminal del dictador Franco y del ambiente de desestabilización del régimen franquista que llegaba a su fin para dar un golpe de mano en el Sáhara -el que también comprometió al entonces Príncipe heredero don Juan Carlos-, y que España solo podría rechazar con el uso de la fuerza. La fuerza que, en un caso menor y que algunos quisieron ridiculizar, utilizó José María Aznar para expulsar a una guardia marroquí que había invadido el islote de Perejil.

Mohamed VI se habrá dicho que este es el momento y Zapatero su perfecto compañero de viaje porque le acaba de regalar aguas de soberanía española a Gibraltar, declara con suma facilidad que la nación española es discutida discutible y le quiere regalar a los nacionalistas vascos y catalanes un Estado confederal. Y si además está acorralado por la crisis económica y social y ha perdido apoyo en la escena internacional, pues todavía más a favor del monarca Mohamed VI, cuyos servicios de información ya le habrán comunicado, además, el nivel de incompetencia que adorna a la ministra de Defensa, Carme Chacón, otra medio nacionalista catalana encargada de velar y controlar la integridad y la defensa de todo el territorio nacional español.

La defensa nacional incluso de Ceuta y Melilla que lamentablemente no incluyen ni la OTAN ni los acuerdos bilaterales con los Estados Unidos, gracias a los graves errores diplomáticos de los distintos presidentes del gobierno español desde que Calvo Sotelo nos metió en la OTAN, sin poner como condición previa la recuperación de Gibraltar y la defensa de Ceuta y Melilla como cabría esperar. O sea, hemos vuelto de tapadillo a la Guerra de Iraq, disfrazados de guardia civiles, aumentamos la presencia española en la guerra de Afganistán, y ahora resulta que el rey de Marruecos al que Zapatero le ha bailado el agua para hacer olvidar las tensiones que hubo en el tiempo de Aznar, se le sube a las cejas del presidente español cuando está acorralado y tiene en Madrid a los líderes de medio mundo, para que todos se enteren de su reivindicación contra el presunto y viejo “colonialismo” español.

Este presidente no da más de sí, está deseando que se acabe la presidencia europea que no le deja reordenar su gobierno ni aclararse con la crisis económica nacional, y además sufre todas las presiones posibles desde el exterior. Desde Washington, Bruselas y ahora Rabat. Zapatero está acabado y agotado como lo está su gobierno y no sabe qué hacer, ni como recomponer la crisis ni su propia figura. El pasado fin de semana comenzó a despedirse diciendo que no le importa su futuro político y personal. Pues si no le importa ¿a qué espera para forzar su relevo en el PSOE? Pues a la sentencia del estatuto catalán que dicen que está al llegar, a convalidar el decreto del ajuste fiscal, al fin de la presidencia europea y a ver si encuentra un remanso de paz. Algo que el rey de Marruecos no le va a facilitar.