Zapatero rectifica, ahora le toca a Rajoy

La pasada semana Zapatero y Rajoy perdieron una excelente oportunidad de aparecer juntos ante los españoles con un decidido plan de ajuste de nuestra economía. El que al final nos han impuesto desde fuera los mercados y los líderes europeos obligando al gobierno a rectificar. La intransigencia de Zapatero, convencido que tenía un as en su bocamanga (el ridículo crecimiento del 0,1), y el oportunismo de Rajoy, quien solo pretendía el desgaste electoral de Zapatero en lugar de buscar un término medio de entendimiento, causaron daño a España y dieron una pésima imagen de ambos líderes y de los principales partidos políticos del país.

Finalmente, Zapatero ha decidido rectificar presionado por los mercados y los líderes de la Unión Europea. Y lo hace tarde y mal, cuando ya nos ha costado demasiado cara su incapacidad política y su negativa de recortar el déficit público –y en consecuencia sus políticas sociales- con la intensidad que requiere la situación española. Y ya veremos si no se ha quedado corto con los nuevos ajustes anunciados para 2010 y 2011, porque los insaciables especuladores y los temerosos inversores han olido la sangre que mana de la piel de toro española y todavía pueden pedir mucho más. No en vano, la crisis del euro y de las economías más débiles de la Unión Europea sigue siendo un mal congénito de la moneda única europea y de la estructura del sistema financiero internacional. La que no fue rectificada ni sometida a la cirugía de urgencia que mereció como consecuencia del estallido descontrolado y especulador de Wall Street. Y ya veremos si finalmente la única manera de cortar la sangría pasa por expulsar del euro a Grecia y a todo país de la eurozona que caiga en desgracia.

El pequeño truco, amañando por el gobierno de Zapatero y el Banco de España, para enseñar un crecimiento español del 0,1 por 100 en víspera de la cumbre europea de la zona euro, no solo no engañó a nadie en Europa ni en los mercados sino que empeoró la situación. Y dejó a nuestro presidente en una patética situación explicando en Bruselas a los incrédulos que él tenía la fórmula mágica del “Bálsamo de Fierabrás” con el que se podía conseguir el idílico equilibrio entre el paulatino sacrificio del recorte del déficit y el milimétrico crecimiento de nuestra economía, a base de regar los incipientes “brotes verdes” con un minúsculo goteo de buenas palabras y un concierto de música celestial.

Apretar el cinturón al Estado –a los presupuestos nacionales, autonómicos y locales- es una decisión razonable aunque tenga un alto coste social, que nunca será mayor que el de los más de cuatro millones y medio de parados. A todo eso hay que añadir la reforma y saneamiento de bancos y cajas de ahorro sin la dilación, fórmulas que permitan la fluidez del crédito, y una reforma laboral en profundidad. Y solo si esto se lleva a cabo con celeridad podremos salir del agujero y a dar credibilidad y holgura al nuevo fondo europeo de rescate “federal” de las economías en dificultad, que están poniendo a punto el Banco Central Europeo y la Comisión de Bruselas, para evitar absurdos sacrificios nacionales de rescate ajeno. Como los diseñados para Grecia donde participa España con casi 10.000 millones de euros que deberemos buscar en los mismos mercados que atacan la deuda, la prima de riesgo y la estabilidad españolas. ¿Cómo van a socorrer a Grecia los países contaminados como España, Irlanda, Italia y Portugal?

Estamos ante la enésima rectificación del presidente del Gobierno que niega la realidad, improvisa y se mete en camisa de once varas como la mayor temeridad. Desde que llegó al poder ha tenido que rectificar casi todo lo que emprendió: la política de papeles para todos en la emigración; la negativa a los trasvases de agua (que cambió en el caso de Barcelona); el estatuto catalán que ya cambió una vez y tendría rectificar en segunda instancia cuando aparezca la sentencia del Constitucional; la negociación con ETA que le llevó a anunciar la paz el día antes del estallido de la bomba d Barajas; la memoria histórica que tantas viejas heridas abrió en el país; su apoyo a Garzón frente al Tribunal Supremo; su retirada de Irak con el envío de tropas españolas a Irak –camuflados de guardias civiles y otros grandes refuerzos a la guerra de Afganistán; la negación de la crisis económica en 2008; y ahora la negativa a un recorte drástico del déficit público en 2010. Y dentro de pocas semanas tendrá que hacer, en contra de lo que declaró, una reforma de su gobierno, reduciendo vicepresidencias y ministerios, y poniendo punto final a la insoportable levedad de sus ministros, a juego con su propia capacidad.

Rajoy también tiene que rectificar su inmovilismo y su soberbia. Debe mostrar a los españoles que sabe hacer algo más y más positivo que decir a todo que “no” –cayó, inocentemente, en las tres citas/trampa que le colocó Zapatero la pasada semana en la Moncloa, la Generalitat y el ministerio de Educación-, olvidando que no controla los grandes medios de comunicación. Y debe poner orden dentro de su partido, liberar la secretaría general para esa sola función, acabar con las luchas de Aguirre y Gallardón, apoyar a Álvarez Cascos en Asturias y sustituir a Camps si el Tribunal Supremo ordena la apertura de juicio con él. Y, vista la rectificación de Zapatero sobre el déficit, Rajoy debe ofrecer a Zapatero su colaboración. El absentismo de Rajoy y su afición a decir que “no” –al gobierno y sus compañeros de partido-ofrece  una imagen de debilidad y falta de responsabilidad que devalúa a su partido como alternativa de gobierno. Porque solo un líder fuerte y decidido puede, desde la oposición, ofrecer ayuda al gobierno por el interés general de España, mal que les pese a sus militantes y votantes.

Pero cree Rajoy que Zapatero está preso de una trampa mortal: si no recorta el déficit la economía y el prestigio de España se hundirán; y si lo hace con la intensidad necesaria perderá el apoyo electoral de la izquierda. Y en ambos casos ganaría el PP. Pero ¿es ese el cálculo de un hombre de Estado? ¿Acaso no sería mejor que los españoles vieran la iniciativa del PP y su colaboración para salir de la crisis? En el encuentro de la Moncloa perdieron una oportunidad de oro los dos. Ahora Zapatero empieza a rectificar, y Rajoy presumirá de que él tenía razón, pero se quedará sin discurso, y si a Zapatero las cosas le salen medianamente bien a la hora del reparto de méritos nadie se acordará del PP.