Samaranch, Cataluña y España

El Gobierno de la Generalitat, el pueblo de Barcelona especialmente, y toda España rinden ahora homenaje al que fuera Presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, fallecido en el día de ayer a los 89 años de edad y dejando tras de sí una ingente obra en el ámbito deportivo que ahora todos reconocen dentro y fuera de nuestras fronteras. La Olimpiada de Barcelona de 1992 constituye, para los españoles, su mayor legado porque él fue el inductor y padrino de ese histórico acontecimiento que proyectó a España en el mundo, que impulsó nuestro deporte olímpico y que sirvió para la modernización de Barcelona.

Por eso y por toda su obra, los restos mortales de este español y catalán universal, se exponen en el palacio de gobierno de la Generalitat donde se le están rindiendo todos los honores que sin duda merece. Pero Samaranch era también un hábil diplomático y un hombre de paz, y uno de sus logros más importantes fue acabar con el boicot político a las Olimpiadas, como los que dañaron las citas de Moscú y de Los Ángeles. Y a buen seguro que si hubiera tenido salud habría mediado en este tiempo disparatado y de confrontación entre los dirigentes políticos catalanes y las instituciones del Estado, por causa del Estatuto de Cataluña, entre otras muchas cosas.

Sobre todo porque José Antonio Samaranch es un buen ejemplo de la reconciliación nacional que se fraguó al final de la dictadura franquista y que cristalizó en la Constitución de 1978. No en vano, en su dilatada biografía el ex presidente olímpico incluye su participación política en el pasado régimen franquista donde militó como destacado miembro de Falange Española, y en el que desempeñó cargos como concejal de Barcelona, procurador en Cortes y embajador en Moscú. Y ahora está de cuerpo presente y con todos los honores en los salones del palacio de la Generalitat  y eso le honra a él, al pueblo catalán y a las autoridades catalanas y es un motivo de orgullo para España y Cataluña.

Por eso cuando vemos que se reabre el debate de “las dos Españas” que tanto daño nos hizo en la Historia reciente de nuestro país y que tantas vidas y corazones heló, como dijo el poeta, y cuando vemos que esta iniciativa rupturista recibe los impulsos recientes del Gobierno de España con la oportunista y calculada intención de desviar la atención de los ciudadanos españoles hacia cuestiones del pasado y de enfrentamiento ideológico, tenemos que pedir un poco de cordura a los políticos que dirigen y gobiernan en Cataluña y en Madrid. Porque este tiempo de graves problemas económicos y sociales, debe ser más propicio para la unidad que para sustituir los desafíos presentes por enfrentamientos pasados. Sin saber o entender los buscadores del odio y de la confrontación ideológica que los dramáticos recuerdos de la Guerra Civil no están en la memoria reciente de las nuevas generaciones de españoles y no aportan soluciones sino problemas.

El martes la Generalitat –como días atrás en la Universidad Complutense de Madrid– apadrinó un nuevo acto de descalificación del Tribunal Supremo y en apoyo del juez Garzón, por el hecho de que el minúsculo partido Falange Española –que tiene los mismos derechos que el resto de los partidos políticos, gracias a la Democracia que Falange denostó y persiguió cuando disfrutaba del poder- presentó una querella contra el citado y famoso juez, precisamente por su intento de reabrir un causa general contra el franquismo, a pesar de la vigencia de la ley de amnistía y de que su juzgado no era competente para asumir esa iniciativa u otras pesquisas. Y ayer mismo el ministro de Fomento, José Blanco, acusó en el Parlamento al PP de ser heredero o cómplice de Falange Española por defender la independencia del Tribunal Supremo. Pero no creemos que los agitadores ex fiscales Villarejo y Mena, o que el ministro Blanco vayan ahora a dar la nota corrosiva, subrayando el pasado franquista de Samaranch, que en su historia está ampliamente superado por su posterior y ejemplar comportamiento democrático y su ingente labor en el ámbito del deporte español e internacional. Samaranch ha sido un buen ejemplo de la reconciliación nacional y debe de seguir siéndolo para los gobernantes españoles y catalanes en beneficio de todos y del interés general.