Soraya ataca en la sucesión de Rajoy

En el Palacio de La Moncloa hay de un tiempo a esta parte mucha agitación. El nombramiento de José Luís Ayllón como el jefe de Gabinete del presidente Rajoy constituye un reforzamiento de Soraya Sáenz de Santamaría en La Moncloa por cuanto el tal Ayllón era pieza singular del equipo de Soraya, y su hombre en las Cortes. De esa manera la vicepresidenta no solo controla la agenda del Presidente sino que además conoce todos sus pasos y sus intenciones y cuela por ahí sugerencias.

Quizás por eso Alberto Núñez Feijóo declaró ante Jordi Évole en el programa ‘Salvados’ -al que nunca debió acudir porque salió trasquilado- que Soraya tenía ‘mucha información’, y no solo se refería a la del CNI. Que a lo mejor fue la fuente que la informó de que en la casa del ex ministro de Exteriores José Manuel García Margallo se habían reunido el llamado ‘G-8’ de los ministros y los exministros de Rajoy, con la extraña presencia añadida de la esposa del presidente Elvira (Viri), porque además de la natural conspiración que se incluye en estos encuentros había un homenaje al ex ministro Jorge Fernández Díaz, que parece recuperado de una seria enfermedad.

Según el propio Margallo quien filtró a los medios la reunión del ‘G-8’ en su casa fue una mano blanca y femenina, lo que viene a señalar a María Pico por encargo de Soraya, como otras veces ha sido habitual. Tambien a ambas Feijóo les ha atribuido noticias sobre su pasada relación y fotografías con el narco traficante gallego Marcial Dorado del que Feijóo dijo que no conocía, cuando paseaba con él en yate, sus actividades delictivas hasta que Évole le enseñó las portadas de los diarios gallegos -La Voz de Galicia, entre otros- de esa época y Feijóo enmudeció, no sin antes confesar que quien le avisó de las fotos con el narco fue el Delegado del Gobierno en Galicia.

Y tiempo le ha faltado a Pablo Iglesias (y pronto lo hará el PSOE) para acusar a Feijóo de amigo de los traficantes de drogas, lo que le imposibilita como candidato a presidente del Gobierno de España y como el sucesor de Rajoy. Lo que habrá sido recibido con alegría por doña Soraya.

La mano blanca y de mujer que mece la cuna de los candidatos a suceder a Rajoy en el PP es implacable. Y si no que se lo pregunten a Dolores de Cospedal, y a su marido Ignacio López del Hierro sobre quien, de vez en cuando, aparecen por ahí de manera inopinada noticias que lo meten en coplas varias de corrupción. La última en boca de ‘El Bigotes’ en la Audiencia Nacional, pero ya hubo otras.

También a Cristina Cifuentes -cuya demanda contra Paco Granados ha sido admitida a trámite- le han pasado cosas curiosas y adversas que provienen desde el interior del PP. Como en su día le ocurrieron a Esperanza Aguirre o al mismísimo Alberto Ruiz Gallardón cuando estaba en el Gobierno de Rajoy y también era candidato a la sucesión de Rajoy y en consecuencia buen adversario de Soraya, porque ella es la que verdaderamente aspira a ser la lideresa del PP aunque en el partido, y en las baronías regionales, no tiene muchos apoyos. Lo no que será obstáculo para que un día reciba el ‘dedazo’ de Rajoy -como él recibio el de Aznar- si es que don Mariano decide retirarse, lo que está por ver.

Claro, si Feijoo, Cospedal y Cifuentes están tocados y Soraya se encarga de que así sea y se publique -‘que así se escriba y así se cumpla’, decían los faraones-, como parece y se cuenta en los mentideros de Madrid, entonces ¿qué sentido tiene hablar de la sucesión de Rajoy si no hay más candidato que su fiel y cómplice Soraya, la que no se resiste a intentar ser la primera mujer presidenta del Gobierno de España?

Pero Soraya se ha estrellado -con su CNI- en Cataluña donde todo lo ha hecho mal, llegó tarde y no controló antes de la declaración de independencia y también después porque, como presidenta en funciones de la Generalitat que es, no ha sido capaz de aplicar como debiera en Cataluña el artículo 155 de la Constitución.

Lo malo de todo ello es que en el camino de especulación sobre la posible sucesión Rajoy ha aparecido la persona de Albert Rivera quien para bastantes dirigentes y votantes del PP es la figura política que merece liderar en España el centro derecha. Y por ello los excelentes resultados que las distintas encuestas sobre intención de voto le otorgan a Ciudadanos, al mismo tiempo que anuncian la caída del PP del liderazgo nacional por detrás de C’s e incluso y en algunos casos por detrás también del PSOE, lo que les situaría en tercer lugar. Que es lo que les ha pasado recientemente en Andalucía con el sondeo de la Junta, y no digamos lo que les ha pasado en las elecciones catalanas del 21-D donde el PP con sólo cuatro diputados se ha quedado sin grupo parlamentario.

Lo asombroso en esta situación es que alguien todavía quiera ser con los negros presagios que se le acercan al PP, ministro en el Gobierno de Rajoy o el candidato a la sucesión para ir a unas elecciones generales y perderlas, en medio del ruido que genera y van a generar los escándalos de la corrupción del PP, los juicios y las condenas que no van a tardar en llegar. De manera que más bien habría que preguntar si alguien quiere ser el sucesor de Rajoy para perder las próximas elecciones generales, e incluso para hundir años atrás al Partido Popular, como Landelino Lavilla hundió en 1982 a la UCD.