La habitación del pánico

Sabemos que en las instalaciones del Palacio de la Moncloa se ubican estancias donde habita y actúa el máximo poder ejecutivo del Estado. Está el despacho del presidente del Gobierno, la Sala del Consejo de Ministros y el ‘bunker’ (de Palomino) que mandó construir para los casos de crisis o de guerra el ex presidente Felipe González. Y también, y según nos cuenta nuestro enano infiltrado en la Moncloa, existe la ‘Habitación del Pánico’.

Se trata de una estancia muy secreta a la que se accede por una puerta bien disimulada con una librería del despacho presidencial y que Rajoy puede abrir con un mecanismo que consiste en apretar el lomo del libro ‘Las mil y unas noches’.

En esta ‘habitación del pánico’, insonorizada e impermeabilizada, hay una cama, una cinta corredera para hacer footing, un televisor con reproductor de vídeo, una colección de DVD del Tour de Francia y del Real Madrid, un teléfono rojo, habanos, botellas de Albariño, latas de bonito, magdalenas, agua, café y una cómoda butaca de cuero.

Asimismo y sobre una repisa dormitan algunos libros: la Constitución, el Código Penal, ‘El Príncipe’ de Maquiavelo y un ensayo titulado ‘El arte de no hacer nada’ escrito por Lao-Tse , un filósofo chino del siglo IV antes de J.C., discípulo de Confucio y padre del ‘Taoismo’.

Pues bien, tenemos la impresión que el Presidente pasa más horas en la ‘habitación del pánico’ que en el despacho y que, cada vez que llega a la Moncloa alguna noticia conflictiva sobre la que debe tomar decisiones importantes y urgentes, don Mariano desaparece como por arte de magia -ante el asombro de su secretaria que desconoce el pasadizo secreto- y se retira a meditar en la famosa ‘habitación del pánico’.

Esto ha ocurrido en muchas ocasiones y de manera muy reiterada durante el desafío catalán. El que se inició en 2012 durante la Diada del ‘España nos roba’ que dio pie al desafío catalán ante el mutismo de Rajoy quien con su proverbial astucia y arte de no hacer ni decir nada -‘los vasos son los vasos y los platos son los platos’ musitó una vez- calificó aquel preámbulo del desafío como una ‘algarabía’. Una palabra árabe que la RAE traduce como ‘bullicio’.

Pues bien, menuda algarabía tenemos en Cataluña con un golpe de Estado incluido ante el que el presidente, antes y durante el golpe, se negó a tomar decisión alguna a pesar de las públicas amenazas de Puigdemont y de su banda de golpistas. Rajoy, pensamos, se escondió en la famosa ‘habitación del pánico’ en vez de, por ejemplo, poner en marcha el artículo 155 de la Constitución para suspender ‘de un plumazo’ la Autonomía catalana como parecía preceptivo.

Tuvo la oportunidad de oro de tomar el mando en Cataluña durante el mes de agosto decretando la ‘Alerta 5’ durante los atentados terroristas de la Rambla de Barcelona y Cambrils. Aprovechando así la proximidad del ya anunciado golpe de Estado catalán y en respuesta a la incapacidad de los Mossos para prevenir e investigar el ataque yihadista a pesar de los avisos de la CIA y la policía de Bélgica.

Pero sobre todo cuando el Presidente fue acusado con infamia y en público por Puigdemont de ‘poner en peligro la seguridad de los catalanes’. Y ¿qué hizo Rajoy? Pues se refugió en la ‘habitación del pánico’, también llamada la ‘guarida del avestruz´ (por aquello de meter la cabeza bajo el ala), para meditar sobre la situación y para sus adentros dijo: ‘todavía no ha llegado mi hora’.

Por supuesto el Presidente descartó, de entrada, la aplicación urgente del artículo 155 de la Constitución o de la Ley de Seguridad Nacional para controlar a los Mossos y tampoco exigió al Tribunal Constitucional que suspendiera o inhabilitara a los golpistas de manera inmediata. Cosa que el TC podía hacer de ‘oficio’ según sus competencias, pero el TC tampoco osó dar los pasos que debió de dar desde el anuncio e inicio del golpe.

Y mientras tanto los golpistas a sus anchas arrasando todo en el Parlament y confiados como en la Consulta del 9-N de 2014, tiempo en el que Rajoy estrenó la ‘Panic Room’. Un lugar donde, al hilo de las lecturas de Lao-Tse y para justificar su quietismo proverbial, el Presidente inventó el mantra de la ‘respuesta proporcional’ con el que envenenó a los líderes democráticos de la oposición, Sánchez y Rivera (otros que también se la cogen con papel de fumar).

Y así y tras anunciar Rajoy mil veces que el referéndum del 1-O no se celebrará se llegó a la humillación del golpe de Estado consumado en estos días a patadas (Soraya ‘dixit’) en el Parlament. Y también al punto de no retorno en el que Rajoy, por fin, deberá actuar aunque no se sabe por que vía o mecanismo (Artículo 155, Ley de Seguridad Nacional, el Estado de Excepción o de Sitio), porque se está agotando la ceremonia de los recursos jurídicos y estamos en la víspera de que los golpistas trasladen a las calles su desafío y de que Puigdemont, ante el acoso oficial contra la celebración del referéndum, proclame por su cuenta desde el balcón de la Generalitat la independencia de la República de Cataluña, aunque sea por unas horas.

Pero ¿y si Rajoy vuelve a desaparecer? Pues entonces la patata caliente de la legalidad constitucional y la unidad de España pasará a ser competencia del Jefe del Estado, el Rey Felipe VI, quien por mandato constitucional tiene ‘el mando’ de las Fuerzas Armadas y la obligación de ‘la defensa de la soberanía y la unidad nacional’.

Pero no se alarmen, porque hemos sabido que una astuta hormiga -como aquella otra que se infiltró en la hermética urna de la Dama de Elche- se coló en la ‘habitación del pánico’ de Rajoy y paseándose sobre su nariz lo despertó de su siesta cuando soñaba que estaba coronando el Tourmalet en compañía de Froome y Contador.

Y eso enfureció a Rajoy que reapareció en su despacho, llamó al fiscal general Maza para que hiciera honor a su apellido y pusiera en Cataluña a la orden de los jueces a los Mossos, la Policía Nacional y la Guardia Civil para impedir cualquier movimiento favorable al referéndum al tiempo que se presentaban querellas -por desobediencia, prevaricación y malversación- contra el Gobierno de Puigdemont y la Mesa de Forcadell.

¿Y si la CUP y aliados del golpe arman la parda en las calles con violencia y desorden público? Entonces estaríamos ante el delito de Rebelión y en ese caso Rajoy tendrá que instalar su despacho en el búnker de Moncloa y a partir de ese momento Dios dirá.