Rajoy, primero Presupuestos, luego Cataluña y después elecciones

Sentimientos encontrados detectan nuestros fantasmas de la Moncloa ante la abrumadora victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE. Por un lado se considera que ello agrava la crisis interna del Partido Socialista y por lo tanto debilita sus opciones electorales en el centro de la política, y por otra parte se teme la radicalicación del PSOE frente a Rajoy y contra la estabilidad política del país a pesar que Sánchez necesita mucho tiempo para unificar y recomponer el discurso político de los socialistas, lo que podría llevar a un adelanto electoral. ¿Cuándo?, esa es la cuestión.

Para el perro de Baskerville, cuyos aullidos lastimeros al anochecer ponen los pelos de punta a los habitantes de Moncloa, el calendario con el que trabaja Rajoy es el siguiente: Primero aprobar los Presupuestos Generales del Estado de 2017 que le darán a Rajoy estabilidad -salvo moción de censura exitosa, que no será la de Podemos- al frente del Gobierno hasta finales de 2018; en segundo lugar Rajoy deberá dejar resuelto, por las buenas o por las malas, el desafío catalán a lo largo de este otoño de 2017; y finalmente y una vez despejadas estas dos incógnitas y con buen viento de popa en la recuperación de la economía y el empleo el Presidente podrá disolver las Cortes y convocar elecciones anticipadas para la primavera o el verano de 2019.

Naturalmente todo esto será posible si entre tanto no se produce ningún incidente judicial en el que Rajoy resulte afectado, o ‘investigado’, por la financiación irregular del PP lo que dañaría de lleno a su presencia en el Palacio de la Moncloa. Pero si el guión de sus previsiones discurre como está previsto en ese triple salto del caballo, Presupuestos, Cataluña y elecciones anticipadas, el presidente convocará los comicios y será, ¡por sexta vez! (2004, 2008, 2011, 2015, 2016 y 2019) el candidato oficial del PP a la presidencia del Gobierno.

Ahora bien, eso no quiere decir que Rajoy vuelva a ser investido presidente del Gobierno salvo que lograra una mayoría absoluta, o supere los 150 escaños para poder gobernar ‘en coalición’ con Ciudadanos. Si eso no es así y el PP no llegara a la barrera de los 150 escaños, en ese caso Albert Rivera podrá condicionar su apoyo a la investidura a la presencia de un nuevo candidato del PP a la presidencia del Gobierno, exigiendo la marcha de Rajoy por sus responsabilidades políticas en la corrupción y sus dos legislaturas como Presidente, el tope que C’s puso en su pacto de investidura de Rajoy a final de 2016.

Naturalmente de aquí a 2019 falta una eternidad en la que en este país tan incierto y sorprendente pueden ocurrir muchas cosas en los ámbitos del poder. Pero ya hay quienes en un sector sigiloso de la cúpula del PP especulan con la idea o la posibilidad, por lejana que ahora esté, de que Rajoy deba empezar a pensar en un sucesor o sucesora al frente del Partido, por mucho que le duela y por mucho que tema que algo así abra la caja de los truenos entre los candicatos ‘in péctore’ a la sucesión de Rajoy, donde figuran enfrentadas Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal, quedando en segundo plano Cristina Cifuentes y Alberto Nuñez Feijoo, y en tercer lugar los jóvenes Maroto y Casado.

El currículum político de Rajoy es asombroso porque bajo sus mandatos se produjeron hechos relevantes como fueron: la abdicación del Rey Juan Carlos I y la llegada al trono del Rey Felipe VI en una operación relámpago implacable; se cortó la cabeza de Pedro J. Ramírez en El Mundo y se domesticaba al diario El País; cayó Pedro Sánchez en el Comité Federal del 1 de octubre de 2016 (aunque ahora acaba de resucitar); aparecieron los escándalos de los Pujol; el Gobierno de Rajoy salvó a la Infanta Cristina de su condena en el caso Nóos; el PP ganó los comicios de 2015 y 2016; y consiguió que Podemos (tras recibir el regalo de La Sexta TV) no invistiera presidente a Sánchez; y todo ello mientras se arreglaba la gran crisis financiera española de las Cajas de Ahorro con el rescate de la UE; y la economía y el empleo recuperaban buen ritmo de crecimiento aunque en deuda pública y en la estabilidad social se mantienen dificultades de la mayor gravedad.

Un hercúleo balance donde la corrupción del PP se convertía en el talón de Aquiles de Rajoy que los arqueros de la oposición política y mediática pretenden alcanzar con sus flechas envenenadas, y al que todavía le faltan la aprobación urgente de los Presupuestos de 2017 y la solución del problema catalán. Y no digamos si por causa del Brexit el gobierno de Rajoy lograra un acuerdo de cosoberania en Gibraltar.

De todo esto hablaban los fantasmas de la Moncloa en una calurosa noche del verano anticipado y casi hasta el mismo amanecer. Y podemos decir que sus reflexiones no parecen desacertadas sino que mas bien encajan con precisión en la realidad del país, aunque habrá que estar atentos a los próximos acontecimientos por lo que pueda ocurrir.