Mala campaña y buen resultado del PP

Rajoy ha dado la campanada en la noche electoral del 26-J con una clara victoria del PP en unos comicios donde todos bajas y solo el PP sube. Es verdad que el riesgo Podemos que cantaban las encuestas y el Brexit han calentado el voto del miedo en favor del PP. Como es cierto que el pacto de Ciudadanos con el PSOE ha dañado a Rivera y mejorado los resultados del PP y de Rajoy que es el gran triunfador de las elecciones. Y que se preparen sus adversarios de los distintos poderes políticos, económicos y factos que habian puesto precio a su cabeza.

Pero estos buenos resultados del PP podrían mejorarse porque cuaquier experto electoral de nuestro entorno europeo o norteamericano habría considerado que las elecciones generales del 26-J eran una excelente oportunidad para el Partido Popular a la vista del previsible hundimiento del PSOE, del triunfo de Podemos en la izquierda y su llegada al segundo puesto del ranking político nacional, y del fracaso de Ciudadanos en la investidura de Pedro Sánchez, donde los de Podemos les tomaron el pelo para lograr la repeticion electoral, mientras Iglesias escondía en su boca manga el as del pacto con IU. Con estos mimbres conseguir un excelente resultado electoral para el PP, camino del 35 % de los votos y los 140 escaños, no parecía una tarea imposible sino mas bien al alcance de su mano.

Pero el modelo presidencialista del PP, unido a la manifiesta incapacidad política y electoralista de Moragas -como se vio el 20-D- y a la ya agotada y envejecida asesoria electoral y demoscópica de Pedro Arriola, han llevado al PP a conformarse con una casi repetición de los resultados del 20-D y en el mejor de los caso con el ascenso de uno o dos punto hasta el 30 % y de un par o tres de diputados, si es que no se llevan un varapalo en escaños por causa del efecto que provocará la Ley D’Hont en muchas provincias ante la llegada de tres partidos (PP, PSOE y Podemos) en estrecha competencia para la batalla por el último diuputado de cada circunscripción.

Es verdad que Mariano Rajoy no es un buen candidato, tiene una pesada mochila de corrupción en su entorno del PP y arrastra el peso de la crisis económica. Y sobre todo no es buen comunicador por su empeño en divagar sin precisar y llamar por su nombre a los adversarios con afirmaciones concretas. Eso de ‘dicen algunos..o piensan otros…’ es un gravísimo error que difumina el mensaje y su capacidad para concentrar lo que ahora llama el ‘voto moderado’. Su actuación en el debate electoral ‘a cuatro’ fue francamente mejorable porque no logró levantar ningun titular y porque se le escaparon tan Sánchez como Rivera a los que tenía al alcance de su mano.

Es verdad que en el PP había otros problemas añadidos como la mala relacion entre la direccion del partido (Cospedal) y la Moncloa (Soraya) y eso impedía coordinar la estrategia y los mensajes a nivel nacional con los líderes regionales y los candidatos locales. Algo esencial en los comicios del 26-J porque en estas elecciones el impacto de la Ley D’Hont electoral sería muy distinto sobre los hasta ahora dos primeros partidos nacionales PP y PSOE, dado que Podemos, el tercer gran partido en liza, entraba en el reparto de los últimos escaños de cada circunscripcion con fuerza inusitada en menoscabo del PSOE y del PP.

Incluso el consabido discurso del miedo, ¡que viene Podemos! y la polarizacion del debate político entre Rajoy e Iglesias que parecía algo natural y que si intentó el PP no se jugó a fondo porque Rajoy no se atrevió a celebrar un mano a mano con Iglesias, dijeran lo que dijeran todos los demás. Un duelo frontal Rajoy-Iglesias habría sido un espectáculo televisivo de gran audiencia y algo definitivo para una victoria importante del PP, pero Rajoy no se atrevió como suele ser costumbre en él y con ello perdió una gran oportunidad.

Y todo ello sin perder de vista que el PP no llevó la iniciativa de la campaña sino que la llevó Podemos con su calculada y descarada ambiguedad en programas e ideología (Sánchez debio retar a Iglesias cuandio vio las primeras encuestas), dejando a Rajoy a remolque de los acontecimientos mientras Sánchez y Rivera se perdían en discursos sin profundidad ni impacto electoral.

Incluso frente a la nueva agresividad de Rivera, que ya se adivinó en su debate cara a cara con Iglesias en ‘Salvados’, no fue objeto de anális ni de respuesta por parte del equipo de campaña del PP. Y por ello se vieron sorprendidos por el ataque frontal de Rivera a Rajoy durante el debate ‘a cuatro’. De la misma manera que Rajoy -ni su equipo de campaña- no fueron capaces de articular, y era bien fácil, una respuesta demoledora a los discursos de Sánchez y Rivera relarivos a que ellos habían sido los únicos que intentaron formar gobierno después del 20-D. Cuando lo cierto es que su pretendido intento solo fue una idiotez a la que los indujo Iglesias -para que se creyeran que Podemos se abstendría en la votacion de Sánchez- y de esa manera conseguir Podemos la repetición electoral del 26-J porque de lo contrario el pacto de Iglesias y Garzón habria quedado relegado hasta las elecciones generales de 2019.

Rajoy podría, por ejemplo, haber dicho a Sánchez y a Rivera lo siguiente en el debate electoral: ‘vosotros sois los cumplables de que no haya gobierno en España porque vuestro intento era sectario contra el PP y solo respondñia a un premeditado engaño de Podemos para provocar las nuevas elecciones que Iglesias y Garzón ya tenñian preparadas su pacto electoral. Os han engañado ‘como a un chino’, el señor Sánchez va a corvertir el PSOE en tercer pertido nacional y Rivera se quedará como estaba o muchor peor’.

Pero si Sanchez y Rivera estaban ciegos de ambición y sectarismo frente al PP, en el PP tampoco vieron venir la situación. Y ahora están en un ay de cara a la noche del 26-J porque las encuestas de los medios afines a Mariano, El Mundo, ABC y La Razón les anuncian una leve subida de votos y escaños al PP, pero la de El País, pro PSOE, le advierte que puede perder varios escaños de los 123 logrados en los comicios del 20-D. Y eso si sería una pésima moticia para Mariano Rajoy una vez que C’s y sobre todo el PSOE, exigirían su marcha de la presidencia del Gobierno para apoyar un Ejecutivo presidido por otro dirigente del PP. Naturalmente si Rajoy pierde escaños respecto al 20-D a la presión que se cierne sobre él desde distintos centros de poder (PSOE, C’s, el Ibex y Palacio de la Zarzuela) se le sumaría la interna de varios dirigentes del Partido Popular.

Y concluimos, si la campaña y la estrategia del PP en estas elecciones del 26-J y en las anteriores del 20-D ha sido mala, también es pasima su estrategia politica y de comunicación para el día después de las elecciones y la negociación de los pactos de Gobierno. Algo que tenía que estar previsto y estructurado con antelación y que, como en la campaña electoral, permanece en el ámbito de la continua improvisación y a remolque de los acontecimientos e iniciativas de los demás. Asombra, por ejemplo, en este capítulo que no exista una respuesta clara del PP a Sánchez y Rivera dos que no cesan de intrigar.

Como asombra la falta de creatividad, iniciativa u oportunidad del PP, Rajoy y sus candidatos ante las Redes Sociales de Internet y los distintos programas de televisión que han sido determinantes en una campaña con pocos mitines. Y donde los propios mitines y los paseos y visitas a centros sociales y empresariales han carecido de imaginación, optimismo y originalidad.

Veremos que ocurre el 26-J pero, pase lo que pase, el PP debe cambiar de manera fulminante su estregia de comunicación tanto en el partido como en el Gobierno si logran mantenerse en el poder y con mayor motivo si se trata de un gobierno de coalición.