Rajoy, el independiente de la Zarzuela

Felipe VI con Mariano Rajoy

| EFE

Los fantasmas de la Moncloa están nerviosos porque empiezan a ver inquieto al impávido presidente del Gobierno, el hombre de mármol, el Don Tancredo al que el valor se le supone y el de la mirada acerada y el trabalenguas a flor de piel: ‘los vasos son los vasos’ y los españoles son los españoles, pero lo de la nacionalidad europea no se sabe muy bien. Mariano es todo un personaje que los historiadores y antropólogos deberán estudiar con mucho cuidado si no se quieren equivocar. Pero a Belfegor le llamó mucho la atención que, tras visitar por dos veces el Palacio de la Zarzuela en las sucesivas rondas del monarca para el proceso de investidura, Rajoy volvió a reclamar su ‘independencia’ -de la que tanto presume- pero esta vez con una cierta vehemencia y a partir de ahí se inician las conjeturas que circulan por Madrid.

Ya escribió el diario El Mundo que Rajoy le dijo al Rey que abriera un periodo de reflexión antes de nombrar un candidato porque no había a la vista nadie con capacidad de formar gobierno, dada la negativa de Sánchez a hablar con el PP y la radicalidad de Podemos. Pero el monarca no lo aceptó y nominó a Sánchez, pero el tiempo le dio a Rajoy la razón. Sin embargo algo más debió pasar en ese encuentro, como muy bien lo sabrá el secretario general de la Casa Real Jaime Alfonsín -que es persona de exquisito talento y buen juicio- porque en las inmediaciones del Museo del Prado y en dirección a las Cortes circula un vientecillo rumoroso que le ha puesto erizada la melena a los leones del Congreso.

Trata el rumor sobre un posible y tenso desencuentro entre Rajoy y Alfonsín, con reproches mutuos y recuerdos de ayudas mutuas. ‘¿Te acuerdas cuando llovía y fui yo quien salió a comprar tabaco?’ Bueno, algo así pero de más calado en este tiempo en el que ‘El puente de los espías’ -premiado con Oscar en Hollywood- españoles está más transitado que nunca y refuerza su guardia pretoriana en torno al Rey, la unidad de España, el caso catalán, el regreso de Otegui y ciertos asuntos de la corrupción cualificada que van de Corinna al caso Nóos pasando por López Madrid (amistad peligrosa) y el pretendido peligro de Podemos que no es tan fiero como lo pintan y que por dos veces salvó al PP (el 20-D y el 4-M).

Sí, los espías españoles están que se salen y muy metidos en política, lo que está muy mal. Y Mariano y Soraya lo saben y mueven La Casa en la oscuridad como si fuera la olla de la poción mágica de Astérix. E incluso a buen seguro que se les va la mano por la vía de los asuntos internos del PP lo que tiene de los nervios y soliviantado a más de uno de los ministros y barones en contra de Soraya, y no digamos en todo el ámbito de la comunicación donde Moncloa nunca estuvo a la altura. Véase lo ocurrido con Pedro Sánchez que perdió las elecciones y la investidura y sigue jugando a ganador.

Rajoy está tenso y no es para menos. Sánchez le insulta, un paisano le pega, Pontevedra lo declara persona no grata, el PSOE se niega a negociar con él, Rivera le dice que se vaya, en el Gobierno y el PP tiene bastantes enemigos y se cuenta que en su visita al Rey le dijeron que diera un paso atrás o cosas similares. Y de ahí vino su enésima ‘Declaracion de Independencia’, que no llega al nivel de la de los Estados Unidos, pero que no conviene echar en saco roto mientras el preterido de Pontevedra siga en la Moncloa o al mando del PP.

Da la impresión que su desencuentro en Zarzuela es agua pasada que no mueve molino, pero mucho cuidado con Mariano Rajoy que es mal enemigo y presume tener mucha y delicada información aunque, eso sí, lealtades guarda. Y si no repásese la colección de cadáveres políticos que guarda, cual Barba Azul, en el sótano de Génova 13 -para ampliarlo tuvieron que reformar la sede- donde colgados están Aznar, Cascos, Rato, Aguirre, Gallardón, Mayor, San Gil, Zaplana, Camps, Matas, Fabra, I. González, Bárcenas, Lapuerta y algunos más. Su sala de trofeos en el PP no es menor y de la caza en campo ajeno ya tiene cazados a Zapatero, Rubalcaba, Mas y le queda Sánchez aunque solo sea para llevárselo a la tumba con él.