Rajoy agotado y desolación en la Moncloa

Cuenta el perro de Baskerville, uno de nuestros fantasmas preferidos del palacio de la Moncloa, que Rajoy está tan deprimido que recibe alguna asistencia médica o medicación para subirle el ánimo ante el cúmulo de escándalos y desastres que rodean su agotado liderazgo e incapacidad para ser investido presidente del Gobierno -lo rechaza todo el Parlamento menos el PP- y su imposibilidad para que repita como primer candidato del PP en caso de elecciones anticipadas.

El último aldabonazo con el que Esperanza Aguirre pretende llevárselo a su tumba, lo ha dejado en el mayor desconcierto y evidencia porque por los mismos motivos que exhibe aguirre de ‘responsabilidad política’ por casos de corrupción Rajoy debía de dimitir de la presidencia del PP nacional. Pero no, Mariano se agarra desesperadamente al clavo ardiente de su cargo con la sola esperanza de que Pedro Sánchez no logre la investidura que pretende obtener del Parlamento el próximo 2 de marzo, y a partir de lo que ocurra en esa sesión, Rajoy verá lo que tiene que hacer. O dicho de otra manera cuando y como debe dimitir.

El estado de ánimo de Rajoy es tan malo como para haberle negado el saludo a Pedro Sánchez el pasado viernes día 12, quizás porque se pasó en la dosis de la medicación y estaba fuera de si. Sus cuidadores esperan que se recupere dándose un garbeo por Bruselas en próximas cumbres de la UE donde espera que su amiga Merkel le diga eso de: ‘Mariano, se fuerte’. Pero Rajoy vive confudido y asustado porque teme que, si Sánchez logra la investidura con Podemos, los fiscales irán a por él. Hasta el punto que algunos de los suyos no descartan incluirle en la Diputación Permanente del Congreso -como hizo él con Rita Barbera en el Senado- para permanecer aforado en caso de adelanto electoral.

Mientras tanto en la Moncloa crece la desolación y en la cúpula del PP una notable indignación contra Rajoy. Es tal la situación que Soraya y Cospedal, dos políticas enfrentadas a lo largo de la pasada legislatura, ahora se han acercado entre sí para arropar a Rajoy. A sabiendas las dos que su particular futuro político no pasa por la presidencia del PP. Aunque Cospedal, cuyo cargo de secretaria general depende del Congreso del partido -por ello no quiso irse tras el fracaso electoral del 24 de mayo de 2015 en autonómicas y municipales como se lo sugirió Rajoy- piensa que puede tener una oportunidad y se equivoca. Como se equivoca Soraya si pretende suceder a Rajoy porque en el PP no cuenta con apoyos de los barones, aunque su estrategia consiste en que Rajoy la nombre jefa de la Oposición, si Sánchez resulta elegido presidente y el da un paso atrás.

En realidad el candidato ideal para presidir el PP en un futuro cercano según muchos dirigentes, militantes y votantes se llama Albert Rivera y es el líder de Ciudadanos que, en caso de nuevas elecciones, podría darle un mordisco importante de votos y escaños al PP. Muchos mas de los que anuncia ABC en su última encuesta -malvada contra Rajoy- en la que le quita 4 escaños al PP y se los sube a Ciudadanos. Porque en el PP ya se encargaron Rajoy, y sus dos ‘brujas’ Soraya y Cospedal de impedir que Núñez Feijoo fuera diputado para evitar que acabara siendo el lider de la Oposición y del PP en un futuro próximo y en caso de que Sánchez -lo que está por ver- lograra la investidura.

El fracaso de Sánchez en la investidura es la última esperanza que le queda a Rajoy para rehacer la situación del PP, aunque no la suya personal que no tiene arreglo. Porque a igual que ocurrió con Artur Mas, en la Moncloa sueñan con que Sánchez caiga en el PSOE antes que Rajoy en el PP, y podría darse el caso de que caigan los dos con semanas o meses de diferencia, lo que podría facilitar un gobierno ‘constitucional’. Pero ese cuento de la lechera parece una quimera, máxime cuando Podemos presiona al PSOE para el pacto urgente de Gobierno. Su programa de Gobierno que acaban de presentar. En todo caso Rajoy no tiene escapatoria y el lo sabe. Le queda eso si la capacidad de decidir su futuro y el como y cuando se va a marchar.