Rajoy, de La Moncloa a Doñana

En La Moncloa se han ido todos de vacaciones y no queda nadie de guardia ni siquiera el agente del CNI que le lleva a María Pico los informes secretos sobre las aventuras del pequeño Nicolás, quien por lo visto estaba veraneando en la Costa Azul con el Rey de Arabia Saudita de la misma manera que la princesa Corinna podría veranear en Badminton con el duque de Wellington. El que fuera su anfitrión en una cacería en la finca ‘La Garganta’ -profunda- de España donde la cortesana organizó su desembarco en la Corte de Madrid tras camelar con sus artes amorosas al Rey Juan Carlos I. Al que luego llevó a matar un hermoso elefante -menos mal que no fue un león- en Botsbwana para hacerse ella, imaginamos, un collar y unos pendientes de marfil y convertir la cacería en el principio del fin de la abdicación real.

Los palacios en España se quedan vacíos en el mes de agosto salvo Marivent en Palma de Mallorca -la capital balear que ya no tiene Duques por orden del Rey Felipe VI-, que el nuevo monarca piensa abrir a las visitas de curiosos y turistas a pesar que poco hay que ver en esa mansión de verano, nada comparable con la que tenía el Zar Pedro I en las afueras de San Petersburgo, que sí se podría equiparar, incluso en fuentes, al hermoso palacio de La Granja que medio abandonado está.

Ahora bien, lo de La Moncloa es asombroso. No hay nadie de guardia y los fantasmas se aburren de lo lindo mientras atracan las cajas de puros de Rajoy o visitan la sala de maquillaje de Soraya, el salón de baile de sevillanas y la tienda china a lo Gao Ping que regenta Carmen Martinez Castro para aprovisionar de boligrafos, chicles y carpetas a todo el personal de por allí.

Rajoy está hasta el gorro de la política y del año electoral que no cesa y que se ranudará en septiembre y de momento se nos ha marchado a Doñana a la desembocadura del Guadalquivir. Y la noticia de su llegada al Coto ha provocado la desbandada de miles de flamencos rosados que retozaban por allí, temerosas las exóticas aves de la gafancia del político de Pontevedra, y lo mismo han hecho las crias de lince, los ciervos, los conejos y los jabalís. Porque Rajoy está considerado un peligro para cualquier especie -incluso la humana- al alcance de su rifle.

En realidad, Rajoy se ha marchado a Doñana para estar lo mas lejos posible de Artur Mas quien por fin firmó su decreto de elecciones plebiscitarias -‘en defensa propia’ dice el angelito- con esa ridícula pomposidad que lo adorna y por ello escogió para la firma la gran sala de ‘La Mare de Deu de Monserrat’ del Palau de la Generalitat, ¡ahi queda eso!. Pomposidades con las que algunos políticos catalanes adornan sus tentativas de fuga de España hacia la independencia. Ocurrio con el proyecto de Estatut de Maragall que aprobó el Parlament mientras cantaban Els Segadors con la mano derecha puesta sobre el corazón, o mejor dicho sobre la cartera. Ese proyecto de Estatut no duró apenas unos meses. Luego llegó el disparatado de Zapatero y un poco despues el del Tribunal Constitucional en socorro de la nación española.

Pero finalmente llegó el día ‘D’ de la firma del decreto de convocatoria del referéndum independentista de Cataluña, con todos los implicados alrededor de la mesa de Artur Mas muy serios y bien vestidos, salvo el representante de la CUP (Camisetas Unidas Populares), y los hubo que se acercaron a hacer fotos del documento firmado por Mas, como si se tratara del primer original de Tirant lo Blanc.

Rajoy es mucho menos ceremonioso pero tiene instinto criminal, convencido como está de que su supervivencia depende del monto de cadaveres que tenga a su alrededor sean de su propio partido, el PP, o de los partidos de la oposición. Pero Rajoy sabe que su futuro es incierto y cada vez más mientras se aproxima la fecha electoral porque nadie quiere pactar con él. Ni Sánchez, ni Rivera, ni Iglesias, por lo que o saca una mayoría absoluta, lo que resulta impensable, o no repetirá en La Moncloa y esta será su última estancia en el Coto de Doñana a donde nunca mas regresará.

En La Moncloa no hay un gato. Los salones están vacíos, los despachos abiertos, los pasillos largos y oscuros y no se escucha mas ruido que los portazos que da la ventana del despacho de Moragas, que la dejó abierta con las prisas de su huida, lo que ha puesto patas arriba los papeles de la campaña electoral. La España pol´litica se paraliza en agosto y Madrid, a 40 grados, se parece a mediodía al Madrid de los cuadros de Antonio López, sin coches y pintado en un amanecer.

Y lo que es mejor, España sin gobierno es más feliz y todo discurre con total normalidad. Aunque los fantasmas de la Moncloa se aburren, eso sí, y se dedican a registrar los cajones de los altos despachos del poder Ejecutivo para fisgonear los secretos del Estado, pero no existen. España es un país tan pobre que ni siquiera tiene secretos de Estado. En realidad todo ya está publicado en Internet. Como en el BOE catalán ya está publicada la convocatoria de elecciones plebiscitarias, mientras Rajoy desembarca en Doñana y observa cómo los flamencos rosados despegan en desbandada hacia África porque se temen lo peor, mientras graznan al unísono: ‘Ahí te quedas Mariano, usted que lo pase bien, recuerdos a la familia, y al llegar le escribiré’.