Rajoy teme la rebelión del PP

En el Palacio de la Moncloa las luces del despacho presidencial están encendidas hasta el amanecer. Rajoy no duerme, medita sus malos resultados en las elecciones del 24-M y mirándose en el espejo cornucopia que le regaló Juan Vicente Herrera se pregunta: ¿he sido yo? La última encuesta de Demoscopia en la que se afirma que el 50% de los votantes del PP prefiere que Rajoy no sea primer candidato del PP a las elecciones generales del mes de noviembre le produce sentimientos encontrados. Por una parte las críticas de sus compañeros le envalentonan y dice para sus adentros: ‘pues si no quieren caldo ¡dos tazas!’ Pero por otra parte a Rajoy le preocupa seriamente la creciente rebelión en el seno del PP. La que comenzó con los barones regionales de Madrid, Valencia, Baleares, Castilla León y Castilla La Mancha -con una Cospedal aturdida-, está siguiendo dentro de su Gobierno donde varios de sus ministros critican con dureza la omnipresencia de Soraya y su fracaso en la política de comunicación que controla dentro y fuera del Gobierno y del PP, y se va a extender con dureza en las bases del PP y especialmente entre los gobernantes y militantes del PP que van a ser desalojados de sus cargos en las alcaldías, comunidades autónomas, empresas públicas, amén de escaños y concejalías por el fracaso electoral de Rajoy el 24-M.

Y a no perder de vista el misil que le han mandado desde FAES José María Aznar, a través de su colaboradora Cayetana Álvarez de Toledo, pidiendole que se marche y que deje el sitio a otro. Por cierto, Aznar a pesar de estar al margen de la política sigue apareciendo en las encuestas como uno de los posibles candidatos del PP. Desde luego si diera el paso al frente Aznar ganaría ‘unas primarias’ o un congreso del PP frente a Rajoy, Sáenz de Santamaría o Núñez Feijoo, porque las bases del PP están con él, tal y como se apreció en sus últimas apariciones en mítines y Convenciones del Partido Popular.

‘Ser o no ser’ musita Rajoy mirando fijamente las cuencas de los ojos vacíos de la calavera de Yorik. Partir, talvez morir, combatir o descansar. Duda que la bonanza económica llegue a los ciudadanos como la caballería americana llegó tarde para socorrer a Custer, y le produce un profunda pereza tener que abordar las elecciones catalanas donde Ciudadanos será, sin duda, la estrella y el abanderado de España en Cataluña, donde Rajoy se puso de perfil en la Consula secesionista del 9N.

Pero si Rajoy teme la rebelión interna de los dirigentes y las bases del PP, mas aún teme Rajoy a los jueces, los fiscales y los medios -‘que martillean’ la corrupción del PP e investigan los casos de Bárcenas y Gürtel. Y teme que su salida del máximo poder lo deje a la intemperie. Y este último temor es el que le incita a permanecer, al ‘Vigencita que me quede como estoy’ para presentarse como el único salvador de la estabilidad política de España.

Sin embargo, Rajoy sabe que algo tiene que cambiar en el Gobierno y en el PP. Y por ello regresa compungido al mar de las dudas y de la toma de decisiones que tanto le molesta porque había prometido hace tiempo que no haría cambios en el Gobierno ni en el PP a lo largo de la legislatura. Y esa promesa infantil con la que pretendía batir un récord la tendrá que abandonar, en parte o de manera definitiva, si finalmente Cospedal sale de la secretaría general y se ve obligado a introducir cambios importantes en su Gabinete, empezando por la portavocia de Soraya y su equipo de comunicación que el mismo Rajoy ha dicho que ha fracasado.

El presidente Rajoy está en la encrucijada de su presente y futuro político y ve rebeliones crecientes en su partido, al tiempo que constata que casi nadie -solo Ciudadanos y no en todas partes- quiere pactar con el PP. Y esa soledad, que él mismo se ha labrado con el uso autoritario de su mayoría absoluta, y una política económica muy conservadora y adornada por la corrupción, le ha provocado ataques de ira contra Pedro Sánchez y el PSOE a los que acusa de buscar pactos antidemocráticos que excluyen al PP.

¿Anti democráticos? Los pactos que emanan de las urnas son, como deberia saber Rajoy, legítimos y democráticos por mas que a él no le gusten. Lo malo de esos pactos que harán perder al PP una gran parte del poder territorial del que disfrutaba desde 2011 es que esos nuevos espacios de poder -y de clientelismo alternativo al del PP- tendrán efectos en las elecciones generales de noviembre, y pueden sentar un precedente para acuerdos posteriores de la oposición a la hora de formar el gobierno nacional.
Un horizonte a seis meses vista donde ya empieza a circular la posiblidad no solo de que Rajoy se retire de ser la cabeza del cartel del PP sino que, en una hipotética y futura negociación con el PSOE y Ciudadanos estos le pidan al PP -si son la fuerza política mas votada- que proponga a la presidencia del Gobierno en la sesión de investidura a un aspirante que no sea Rajoy.

Eso es lo que acaba de hacer en Andalucía el líder regional del PP Juanma Moreno al declarar que el Presidente del Parlamento andaluz podría proponer un candidato nuevo a la Junta de Andaliucía si Susana Díaz no consigue apoyos para ser investida. Pues lo mismo podria ocurrir en el Parlamento español a propuesta de la oposicion y en pos de la tan mencionada ‘estabilidad’.

Todo pues sigue muy abierto y está en manos de Rajoy salvo una cosa: el tiempo. Los granos del reloj de arena caen implacables ante la mirada paralizada de Rajoy quien ya sabe que ha de optar y que lo ha de hacer sin mas demora. De lo contrario crecerá la indignación y la rebelión interna en el seno del PP. Los fantasmas del palacio de la Moncloa lo saben y por ello lo vigilan a través de los pasadizos secretos y los rendijas del despacho presidencial por las que se adivinan los movimientos nerviosos de Rajoy que se queda en vela hasta el amanecer deshojando la margarita de los mil pétalos en la que busca una respuesta a sus inagotables dudas: ‘ser, o no ser’.