Moncloa no llorará por Aguirre, Cospedal y Barberá

A nadie le amarga un dulce, y a nadie le gusta perder cuotas de poder en el año electoral y del Señor de 2015 en el que estamos inmersos. Pero hay otro refrán español que puede servir de consuelo a quienes pierden poder en las elecciones del 24 de mayo y en el posterior baile de los pactos que es el siguiente: ‘no hay mal que por bien no venga’. Y este refrán encaja como anillo al dedo en el estilo y pensamiento de Rajoy.

Es decir si Aguirre, Cospedal y Barberá no logran sus aspiraciones de gobiernos en Madrid, La Mancha y Valencia, el PP lo sentirá pero Rajoy pensará que se ha quitado de encima un buen peso porque Aguirre cree que si resulta elegida alcaldesa de Madrid podrá optar a la presidencia del PP. A la vez un fracaso de Cospedal en La Mancha le facilitaría a Rajoy un cambio en la secretaría general del PP en favor de Nuñez Feijoo. Y si cae Barberá en Valencia eso tampoco lo van a llorar en la Moncloa, porque Rita, la del ‘caloret’, está tocada por el caso Noos y otros despilfarros valencianos y se temen que el inefable Rus, contador de billetes en su coche, tenga pillada a Berbera. Buena prueba de ello reside en que el PP valenciano no se atrevió a expulsar a Rus de la militancia del partido.

O sea, que vamos a ver como discurren las cosas, no vaya a ser que los llantos oficiales por la pérdida de ciertos liderazgos del PP luego se celebren con champaña en la Moncloa, porque a fin de cuentas lo que interesa a Rajoy es seguir en el poder del gobierno de España y al mando absoluto del PP. Y este trío de damas que son Aguirre, Cospedal y Barberá al día de hoy presentan mas problemas para Rajoy en beneficios, aunque se pierda el poder en sus respectivos territorios. Además la vice Soraya no se lleva nada bien con ninguna de las tres y será la que descorche la primera botella en caso de batazaco triangular.

Estamos en la recta final de la campaña del 24-M y, al margen de los posibles efectos que entre los indecisos pueden provocar loa mítines en curso, las promesas de los candidatos, los debates y las ocurrencias, todo apunta a que hay muchos ciudadanos que ya tienen decidido su voto y que el bipartidismo sufrirá y aparecerán en ayuntamientos y comunidades dos nuevos partidos como son Podemos y Ciudadanos, a pesar que sus líderes y estructuras están verdes como lechugas.

Sin embargo, en Moncloa preocupa y mucho Ciudadanos y no saben como abordar esa relación que consideran fundamental, no solo para formar gobiernos regionales y locales sino también de cara al futuro gobierno de la nación, y a medio plazo y de manera especial en el territorio catalan. La dualidad que el caso Ciudadanos se les plantea en la Moncloa es la siguiente: si ahora Ciudadanos se desgasta mucho pactando con el PP a partir del 25-M, perderá votantes en las generales pero en beneficio del PP y también del PSOE, de manera que el ‘brazo del oso’ del PP con Ciudadanos a corto plazo puede ser una buena táctica pero una mala estrategia.

Por ello y en contra de lo que ha dicho Soraya sobre la volatilidad de Rivera, lo interesante para la Moncloa de cara a la futura presidencia del Gobierno de España es que Ciudadanos mantenga una cierta ambiguedad independencia en los pactos del 25-M para buscar un pacto final con el PP tras las elecciones generales, una vez que el PSOE se va a desgastar en muchos pactos con Podemos en el corto plazo municipal y autonómico.

Bueno, eso es al menos lo que nuestros fantasmas monclovitas nos transmiten desde el horrible palacio presidencial, pero por el mommento estamos en capilla y a la espera del inminente resultado electoral.