Arenas quiere una vicepresidencia política

Mariano Rajoy y Javier Arenas
El Fantasma de la Moncloa ha estado unos días en Polonia siguiendo a la Selección pero ha vuelto por donde solía porque en la casa encantada de la Moncloa están pasando muchas cosas desde que se desató la furia del rescate o del “no rescate”, como el “feliz, feliz no cumpleaños”, que decía el conejo de Alicia en el País de las Maravillas. El desconcierto informativo en el Gobierno es total, la tertuliana Martinez Castro es una catástrofe que además presume de éxito por las portadas que la prensa de la derecha le dedicó al “no rescate” el domingo día 10, y encima se permitió el lujo de comunicar por SMS a sus adeptos: “todo ha ido muy bien, vamos a sacar a Rajoy para reforzar”. Y en efecto Rajoy salió el domingo 10, con los jardines al fondo, en plan Obama, y dijo que todo había sido un éxito gracias a que él presionó. Y acto seguido se fue al fútbol a Polonia a hacer el chimpancé. Luegos los mercados y la UE castigaron con una inusitada dureza las mentiras de Moncloa, y en Los Cabos, mamá Merkel le dijo a Rajoy que se diera prisa en pedir el rescate y en decir cuánto dinero necesita. O sea el éxito fallido y la vicepresidenta Soraya tocada por mentir y decir que ni habría videoconferencia del eurogrupo (que la hubo), ni tampoco rescate (que también lo hubo). Entonces ¿qué hacer?

Parece ser que se lo ha dicho José María Aznar a Mariano Rajoy: hay que reforzar la política y la comunicación, y ello tiene cierta lógica pero cómo se hace. La respuesta es muy sencilla, la persona clave es Javier Arenas. El sevillano que ya se ha despedido de Andalucía prepara su desembarco en Madrid y a Cospedal y a Soraya se les ponen los moños de punta porque piensan que a una de las dos les va a remover el sillón. Pero Arenas sabe que el poder está en el Gobierno y el sólo quiere una vicepresidencia, la primera (o el ministerio de la Presidencia con todo el poder político y de comunicación), mientras De Guindos quiere la segunda vicepresidencia (porque Montoro no habla inglés y el ya está fogueado en los escenarios europeos), y de esa manera Rajoy tendrá más tiempo para “presionar” a los dirigentes de la UE. ¿Y Soraya? Pues ese será otro problema, que podría quedar reducido al ministerio de la Presidencia y de las relaciones con las Cortes, o quedarse en la vicepresidencia, pero entregando a Arenas el puesto de portavoz del Gobierno y el ministerio de Presidencia. Es decir, todo el poder de la coordinación política y la comunicación, incluyendo un nuevo secretario de Estado para la Comunicacion (la tertuliana se quedaría de jefe de prensa directa de Rajoy) y en todo caso asumiendo el propio Arenas la rueda de prensa del Consejo de Ministros, dos o tres conferencias de prensa a lo largo de la semana, la coordinación informativa de los distintos ministerios (para que Soria no haga el indio) y toda la relación del Gobierno con los medios y grupos de comunicación. En suma el pastel con el que Sorayita se estaba empezando a relamer.

Aznar tiene razón, en el Gobierno falla la política y la comunicación. Y cuidado con Aznar porque si la ventolera del rescate bancario acaba por convertirse en huracán, todavía podemos ver cosas asombrosas en la cúpula del PP. Pero ese es otro cantar. De momento vamos a lo de Arenas que si acaba desbancando a Sorayita (“la ranita encantada”, como se la conoce por ahí) menudo alegrón le dará a Cospedal.