A vueltas con la guerra de Ucrania

Las autoridades de Ucrania informan de al menos un muerto por ataques rusos en Zelenodolsk, en Dnipró

Europa PressGuerra de Ucrania

Salvo algunos seguidores de Unidas Podemos, parece que nadie en España discute la evidencia de que el ejército ruso ha invadido Ucrania y ocupa por la fuerza de las armas parte de su territorio. Eso es una guerra, aunque no haya sido declarada y el agresor prefiera hablar de un conflicto bélico más o menos puntual. Algo procede decir, no obstante, sobre su origen. Se comprende que Rusia no quiera, por ejemplo, que la OTAN adelante sus fronteras con probable estacionamiento de armas nucleares. Recuérdese la crisis por los misiles que la URSS quiso instalar en Cuba, país tan soberano como Ucrania. O que Moscú apoye pacíficamente a los ucranianos que se consideran rusos en la zona del Donbass. O que Putin se sienta traicionado por el incumplimiento de la supuesta promesa de Occidente, al disolverse el Pacto de Varsovia, en el sentido de que la OTAN nunca admitiría el ingreso en la misma de países que hubieran sido miembros de aquel bloque soviético.

La intervención militar de Rusia en Ucrania tiene su explicación, lo que no equivale a justificación. Pero lo cierto es que, entrando ya en la situación actual, Rusia es mucho más fuerte que Ucrania, de modo que ésta perderá la guerra si no salen en su defensa otras grandes potencias o alianzas como la OTAN. Y aquí se encuentra el quid de la cuestión. Nadie quiere entrar en guerra con Rusia, aunque sólo sea, y es razón bastante, por el riesgo de una Tercera y última Guerra Mundial, que conllevaría la destrucción global de nuestro planeta empezando por la propia Ucrania. Nuestros embajadores abandonaron precipitadamente Kiev, entre ellos la embajadora española, para regresar después, los que hayan regresado, con cuentagotas, cuando los rusos suspendieron su avance sobre la capital de Ucrania para dedicarse exclusivamente a la ocupación de territorios en el este del país, tal y como han seguido haciendo desde entonces. La retirada de Kiev, hasta la no muy lejana frontera con Rusia, se nos ha vendido como una reconquista fruto a su vez de una victoriosa contraofensiva ucraniana, pero cabe interpretarla igualmente como un cambio estratégico al no producirse el esperado recibimiento triunfal por una población hermana pero sometida a un régimen no sólo pro-occidental, sino también rusófobo y con ramalazos nacionalsocialistas.

Llegados a este punto, lo que hoy verdaderamente importa es cómo acabar la guerra del mejor modo posible una vez que la OTAN rechaza radicalmente cualquier apoyo que pueda constituir para el Kremlin un acto de guerra. Quizá confiemos demasiado en las nuevas sanciones económicas, mucho más graves que las impuestas hace años cuando la anexión de Crimea. Habría que preguntarse por qué no se adoptaron entonces, si su aplicación es de eficacia segura.

Resulta probable, además, que sean un arma de doble filo. En la prensa extranjera, no tanto en la española, es fácil leer alguna crónica sobre la normalidad de la vida cotidiana en Rusia, frente a las repercusiones que dichas medidas están teniendo en la Europa Occidental, empezando por España.

Rusia ocupará poco a poco el territorio deseado en el este y sur de Ucrania, y seguirá bombardeando selectivamente el resto del país cuando le apetezca. Y así hasta que Ucrania esté dispuesta a acceder a sus principales demandas para salir de una situación insoportable e irremediable vistos los límites del apoyo recibido desde la NATO. No nos atrevemos siquiera a desbloquear los puertos ucranianos para la exportación de cereal. La fragata española Blas de Lezo, y supongo que otros barcos de la organización, dan testimonio de nuestra impotencia. Bueno es que Henry Kissinger, una de las figuras más brillantes y exitosas en el tablero internacional durante mucho tiempo, se haya atrevido a manifestar en la Cumbre de Davos que el final de la guerra exigirá muy probablemente cesiones territoriales de Ucrania a Rusia. Una opinión más que razonable contra lo políticamente correcto según la campaña de información sesgada en Occidente.

Sobre el autor de esta publicación

José Luis Manzanares

Nació en 1930. Obtuvo Premio Extraordinario en la Licenciatura de Derecho por la Universidad de Valladolid (1952) y en el Doctorado por la Universidad de Zaragoza (1975).

Ingresó en la Carrera Judicial en 1954 y se jubiló como Magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo el año 2000. Es también Abogado del Estado (jubilado) y Profesor Titular de Derecho Penal (jubilado). Fue Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial entre los años 1990 y 1996. Desde 1997 es Consejero Permanente de Estado.

Amplió estudios en la Universidad Libre de Berlín Occidental y en el Instituto Max Planck de Friburgo.

Ha pronunciado numerosas conferencias en España, Colombia, Cuba, Alemania e Italia.

Ha publicado más de un centenar de trabajos jurídicos, amén de nueve libros, entre ellos dos Comentarios a los Códigos Penales españoles de 1973 y 1995, habiendo participado en otros diez de carácter colectivo. También ha traducido algunos textos jurídicos del alemán, entre los que destaca la última edición (la 4ª) del Lehrbuch des Strafrechts (Parte General) del Profesor Jescheck. Ha llevado durante años la Sección jurisprudencial del Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. La misma labor desarrolló en la Revista “Actualidad Penal”, de la que fue Director durante algunos años, desde su primer número hasta su cierre el año 2003. Es también autor de unos comentarios en 2 Tomos al vigente Código Penal tras su reforma por la Ley Orgánica 5/2010, editados por Comares, Granada. Su último libro, publicado el año 2012 por la editorial La Ley, de Madrid, se ocupa de “La responsabilidad patrimonial por el funcionamiento de la Administración de Justicia”.

Ha colaborado en algunos periódicos nacionales, como ABC, Diario 16, La Razón, El Mundo, El País, La Gaceta de los Negocios, La Clave, Epoca y Expansión, y semanalmente, durante muchos años en Estrella Digital. También en la revista alemana “Juristenzeitung” y otras especializadas de México y Argentina.