La Ley del “sólo sí es sí” y la presunción de inocencia

Irene Montero Ley del “sólo sí es sí”

EFEIrene Montero Ley del “sólo sí es sí”

La ministra Montero ha celebrado con júbilo la votación del Congreso de Diputados a favor de su Ley del “sólo sí es sí”. Se entiende el alborozo, aunque no tanto la críptica frase de que así “se cambia el temor por el deseo”. Ya veremos el texto final de la ley y podremos pronunciarnos sobre sus virtudes y defectos mientras esperamos a la jurisprudencia como prueba del algodón.

Sin embargo, los trabajos legislativos, las reiteradas declaraciones de la Ministra de Igualdad y su particular interés por todo lo relacionado con el sexo (recuérdense los niños, las niñas y les niñes) permiten adelantar ya algunas consideraciones sobre la próxima regulación de los delitos contra la libertad e indemnidad sexuales.

Nadie está contra una mejor protección de las víctimas de estos delitos, como tampoco de los ancianos, los niños u otras personas especialmente vulnerables. El debate se circunscribe a los medios legales para conseguirla. En defensa de la buena causa tanto pueden darse pasos hacia delante como hacia atrás, independientemente de las buenas intenciones.

Es normal en los ordenamientos penales, y nuestro Código Penal sirve de ejemplo, distinguir entre la agresión sexual con violencia o intimidación y aquellos otros actos no consentidos o con consentimiento viciado. Si la nueva ley se limitara a castigar (para mi erróneamente) con las mismas penas ambos supuestos, el debate sería estrictamente jurídico o de política criminal, pero lo preocupante, el meollo de la cuestión, es que las relaciones sexuales libremente consentidas son y deben seguir siendo impunes. De ahí que hasta ahora hubiera que probar la falta de consentimiento para condenar, lo que enlaza con el respeto debido a la línea roja de la presunción de inocencia.

Las relaciones sexuales, incluidos sus prolegómenos más próximos, no suelen documentarse o realizarse ante testigos. Sin olvidar que estas conductas tipificadas como delito pueden predicarse también dentro del matrimonio, desde el beso no consentido hasta el coito en un estado de mayor o menor pasividad por parte de la mujer. Difícil será que un juez condene teniendo dudas razonables sobre si, atendiendo a todas las circunstancias, hubo o no consentimiento en el hecho concreto o habitual. Eso sí, es probable que se multipliquen las alegaciones de error vencible o invencible. Aquí estará la segunda línea defensiva de muchos acusados. Ninguna ley puede invertir la presunción de inocencia.

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