Más sobre Ucrania

El Consejo de Seguridad escucha el relato de los horrores de la guerra de Rusia en Ucrania

EFEZelenski ante la ONU

La reacción de Occidente ante la invasión rusa de Ucrania es tan unánime en nuestros medios oficiales e informativos que resulta muy difícil encontrar alguna voz discrepante, aunque sólo sea respecto a alguno de los muchos aspectos del problema. Por eso creo de interés traer a colación el contenido de un artículo del diario alemán Die Zeit matizando el rechazo que ha recibido en la Asamblea General de Naciones Unidas la actuación del Kremlin. Condena sí, pero no tan firme como podría pensarse por el resultado numérico de la votación. De la condena a la imposición de sanciones hay un largo trecho.

Semanas atrás sostuve en esta misma columna que las abstenciones de China, India y otros países debían interpretarse como una negativa a condenar a Rusia, pero la reflexión de Die Zeit va más lejos. Aunque 156 de los 193 países allí representados se posicionaron a favor de la condena, sólo 37 habrían aprobado sanciones contra Rusia. Ninguno de Centroamérica, Sudamérica o África, y sólo Japón, Corea del Sur y Singapur en Asia. La guerra ruso-ucraniana les quedaría muy lejos, más que los conflictos bélicos o genocidios en Yemen, Etiopía o Myanmar. Sobre ésta observación no he oído o leído una sola palabra en España.

Lo que sí creemos saber es que Putin está loco y puede ser presa de la desesperación por sufrir un cáncer terminal. Si no se muere o se le ingresa en un establecimiento psiquiátrico, habrá que llevarle ante la Corte Penal Internacional o crear un tribunal “ad hoc” para juzgarle como se merece. Se le impondría la pena de prisión perpetua no revisable. Nos gusta echarle hilo a la cometa e imaginarnos a Putin saliendo de Ucrania y del Kremlin como un criminal de guerra. Naturalmente, ese no es el camino para resolver el gravísimo problema al que nos enfrentamos. Tampoco lo es acudir a los insultos personales, a veces preocupantes por la relevancia de quien los profiere y a veces ridículos por la escasísima talla de los que le abuchean desde la barrera.

Quiero cerrar estas líneas, sin embargo, con una nota optimista. Pienso que, más pronto que tarde, Ucrania llegará a un acuerdo con Rusia. Por de pronto aquella parece haber renunciado ya a formar parte de la OTAN. El reloj no corre tan deprisa contra Moscú como contra la prolongación de las actuales condiciones de vida en el país agredido por uno de los ejércitos más poderosos del mundo.

Sobre el autor de esta publicación