De Ucrania al Lejano Oriente

retirada tropas rusas

EFETropas rusas

No soy político ni militar. Tampoco arquitecto. O sea, que no sé hacer casas, pero sí sé cuando una pared se aleja de la vertical. Algo de eso me ocurre con la crisis ucraniana. Se habla demasiado frívolamente de una posible confrontación bélica más o menos limitada. Como en los viejos tiempos, antes de que hubiera bombas atómicas. Debiéramos recordar que la diferencia o distancia del cero al uno, o al dos o al dos mil es mucho menor que la que media entre el cero y el uno.

Si nuestra fragata Blas de Lezo disparase un solo tiro contra los rusos, abriríamos la puerta a una guerra, no de comienzos del siglo XX, sino de las posteriores a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Pese a la lógica insistencia de nuestros medios de comunicación sobre el tema, no encuentro muchas reflexiones en cuanto a los apenas imaginables riesgos que una confrontación militar supondría para toda la Humanidad.

Confío en que los gobernantes de los países más poderosos y más directamente implicados en la solución del problema meditarán con rigor cada paso que den. Está en juego la inviolabilidad de unas fronteras internacionales pero también la tragedia de una guerra atómica.

El peor escenario posible sería el de que una gran potencia, sea de un bando o de otro, se sintiera humillada. Bueno es que ni los Estados Unidos ni la OTAN se hayan comprometido hasta ahora al uso de la fuerza para defender a Ucrania, pero no suele subrayarse el peligro de una confrontación nuclear.

También parece pasar desapercibido lo que la crisis de Ucrania y su desarrollo significan en el contencioso de China y Taiwán. Rusia no se enfrenta sola a Occidente. Acaba de concluir unas maniobras navales con China e Irán. De otro lado, la protección de Taiwán bajo el paraguas de Estados Unidos ya no lo es respecto a la República Popular de hace unas décadas sino frente a un país económicamente muy fuerte, de técnica puntera en muchos aspectos, como el espacial y el militar, y poseedora de un bien surtido arsenal atómico.

En mi última columna sobre estos temas recordaba que el diablo carga a veces las escopetas con las que nadie pensaba disparar.

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