El Arzobispo de Las Palmas

Iglesia Católica

EFEIglesia

Si no recuerdo mal, el Papa es infalible en cuanto a los dogmas y la moral cristiana. Así se pronunció el Concilio Vaticano I el 18 de julio de 1870. La referencia a la moral carece de la concreción de los dogmas, pero ha de conectarse en todo caso con las viejas enseñanzas de la Iglesia que no experimentaron cambio significativo alguno durante los últimos siglos en los pecados referentes a la sexualidad.

Aunque hayan cambiado las sociedades de los países tradicionalmente católicos, quiero creer que nadie discutirá cómo se insistió machaconamente acerca de que en el sexto mandamiento no había parvedad de materia. Yo siempre recordaré mi experiencia como alumno de los jesuitas durante ocho años. Toda infracción era un pecado mortal que se castigaba con el infierno eterno, también abierto para los niños de unos siete años en adelante. Los pecados de palabra o de pensamiento eran, a efectos de la condena eterna, exactamente iguales que los de obra. A uno le costaba aceptar tales enseñanzas, pero es lo que había. Miente quien lo niegue, como el que pretenda reducirla a la impartida en algún sermón de pueblo. ¿Exagero al decir que toda relación sexual fuera del matrimonio -hombre y mujer, naturalmente- era gravísimo pecado? ¿O que lo mismo sucedía con el uso del preservativo para evitar la procreación?. No la homosexualidad pero sí su práctica era el pecado nefando por antonomasia, bastante próximo al de la bestialidad.

La Historia ni se reescribe ni debe ocultarse. Sólo cabe reconocer los errores pasados, por mucho que nos duela, y cambiar el discurso en una nueva dirección. Al arzobispo de Las Palmas se le reprocha que ha osado exponer la constante doctrina de la Iglesia en materia sexual cuando la sociedad, incluidos muchos católicos, ya no se escandaliza por las prácticas homosexuales -o el empleo del preservativo, o las relaciones heterosexuales fuera del matrimonio-.

La papeleta es difícil pero sencillo el dilema. O se respalda a los prelados que se atreven a exponer la tradicional doctrina de la Iglesia o habría que cambiar ésta expresamente. A mí, por de pronto, me gustaría saber si lo declarado por el arzobispo de Las Palmas continúa siendo o no la doctrina de la Iglesia Católica.

 

Nota: Agradezco a Phil señalar el error de esta columna, atribuyendo al arzobispo de Las Palmas unas polémicas declaraciones del obispo de Tenerife. Por lo demás, la confusión, probablemente debida a algún medio de comunicación, no afecta al contenido de la cuestión comentada ni responde a ningún “comunismo / zurdismo / populismo aldeano grancanario que sigue en el anticlericalismo decimonónico”.

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