A vueltas con Puigdemont

El magistrado Llarena, de nuestro Tribunal Supremo, es la única persona con competencia para pronunciarse oficialmente -y pensamos en todas las instituciones del Estado- sobre la vigencia de la euroorden contra el expresidente Puigdemont por su implicación (presunta, naturalmente) en la frustrada declaración unilateral de independencia hace unos años en Cataluña. Cierto es, sin embargo, que ni las autoridades belgas ni las alemanas accedieron a lo solicitado, como lo es asimismo que todavía ignoramos la respuesta definitiva de Italia. Resumamos, pues, la situación actual del problema.

Lo primero es recordar que hay delitos que la euroorden recoge expresamente y respecto a los cuales deviene muy difícil, por ello, que se produzca un rechazo por parte del país donde se encuentra la persona reclamada. Pero existen otros delitos con algún componente político para los que rige el principio de doble incriminación en el país que emite la euroorden y en el país donde ha de aplicarse. Entonces puede ser que no se atienda a lo pedido, argumentando que la condena delictiva para el Código Penal español no lo sería en el ordenamiento propio. Ahí radican los reveses sufridos. Podemos discrepar, según hemos hecho, de las razones esgrimidas por esos otros países y plantear la correspondiente cuestión ante el Tribunal Europeo de Justicia, pero mientras que éste no resuelva a nuestro favor, si es que lo hace, nada habrá cambiado.

En cuanto a la discutida inmunidad de Puigdemont como miembro del Parlamento Europeo, ésta le ha sido retirada. De otra parte, es obvio que los viajes de Waterloo a Bruselas no pasan por Cerdeña. Demos tiempo al tiempo, pero cuidando mucho no entorpecer, precisamente desde España, la ejecución de nuestra propia euroorden.

El magistrado Llarena quizá tenga en ocasiones una muy desagradable sensación de soledad. De un lado, porque así se desprende casi inevitablemente de su protagonismo en la causa, como único responsable de las decisiones tomadas en la primera fase procesal sobre la “ensoñación” separatista (la palabra no es suya), pero también de otro lado, porque puede haber “fuego amigo” si, por ejemplo, se admite que la repetida orden habría quedado en suspenso cuando se recurrió al Tribunal Europeo por la decisión belga. Si hay discrepancias dentro de España, mejor aparcarlas en casa.

Quien tiene que pronunciarse desde el Tribunal Supremo ya lo ha hecho: la euroorden se halla actualmente en vigor. Dejémoslo aquí. Mejor que ayudar a marear la perdiz en este complicado proceso.